El Papa Francisco y Cristina Kirchner, este lunes, durante su audiencia privada - afp

El Papa Francisco invita a Cristina Kirchner a mejorar el diálogo para sacar a Argentina de la crisis

La presidenta llego al Vaticano cojeando a causa de un esguince

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La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, llegó cojeando visiblemente y con media hora de retraso a su cita con el Papa Francisco debido a un esguince sufrido en la habitación de su hotel pocas horas antes de la cita. El Papa la recibió a la puerta de la casa Santa Marta y le preguntó inmediatamente por la lesión de su tobillo, que había requerido pasar por un hospital de Roma para instalarle un tutor ortopédico de color oscuro en la pierna izquierda. La presidenta llevaba vestido negro y sombrero del mismo color.

El Papa recibió durante unos minutos a toda la delegación oficial, en la que figuraban el canciller Héctor Timerman y los secretarios de Culto y de Comunicación Pública. A continuación conversó brevemente a solas con la presidenta antes de iniciar un almuerzo en privado que se prolongó durante dos horas.

El tercer encuentro de la presidenta argentina y el Santo Padre fue iniciativa del Papa. Cuando Cristina Fernández de Kirchner le llamó por teléfono para felicitarle por el primer aniversario de pontificado le informó que iría a París para la apertura del Salón del Libro, prevista para este martes. Según fuentes vaticanas, el Papa le propuso: «¿Y por qué no pasa a verme y así almorzamos juntos?».

Aunque está lejos de su patria, el Papa sufre por la grave crisis que atraviesa Argentina, y aprovecha todas las oportunidades para recordar que el país puede salir adelante si todos los protagonistas –las autoridades y los ciudadanos- practican una cultura del diálogo, en lugar de exasperar la situación, dificultando así aplicar los remedios a una situación económica y social que sigue agravándose.

El Papa promovió este tercer encuentro con la presidenta porque quiere ayudar a su país, donde un gran número de personas sufren penuria y marginación, sin preocuparse por ningún riesgo de «puenteo» a los obispos de Argentina, cuya autoridad en realidad refuerza.

Aunque tanto el fallecido presidente Néstor Kirchner como su sucesora en la Casa Rosada trataban con notoria frialdad al cardenal arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio prefirió hacer «borrón y cuenta nueva» tratando a la presidenta con gran cordialidad desde que fue elegido Papa.

La recibió por primera vez en la Casa Santa Marta el 18 de marzo del 2013 cuando vino a la ceremonia de inauguración del pontificado. Y volvió a recibirla cordialmente en julio de ese mismo año en Río de Janeiro durante la jornada Mundial de la Juventud.

En un breve comunicado, el Vaticano señaló que el objeto de esta tercera visita de la presidenta era «presentar al Santo Padre el saludo, la felicitación y los sentimientos de cariño del pueblo argentino con motivo de cumplirse el primer año de Pontificado». Aunque todavía no hay calendario preciso, se espera que el Papa viaje a Uruguay, Chile y Argentina en 2016.