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Reino Unido estudia prohibir fumar a pacientes y personal sanitario en las puertas de los hospitales

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En las inmediaciones del Royal London Hospital, en el popular barrio de Whitechapel, la escena se repite día tras día. Un corrillo de enfermos en pijama, atados al gotero o en silla de ruedas, succionando afanosamente hasta el último miligramo de nicotina del pitillo, frente a la puerta giratoria que da acceso al centro sanitario. No son sólo ellos. El personal sanitario, que ni se desprende de la bata para salir de la consulta, también se agolpa en las entradas del hospital para disfrutar de unas cuantas caladas.

Independientemente de la hora, de que llueve o truene, esta situación que se reproduce en la mayor parte de hospitales de la red de centros públicos del NHS (National Health Service) en Reino Unido, ha sido calificado como «dantesca y terrible» por los asesores de sanidad del Gobierno, que exigen introducir la prohibición de fumar en las inmediaciones de los centros sanitarios.

Los profesionales de la salud del NHS perderían su derecho a las pausas para fumadores y se enfrentarían a la amenaza de una acción disciplinaria si encienden una cigarro en cualquier momento durante las horas de trabajo, o siempre y cuando sean reconocibles como empleados asociados a los servicios de salud, bajo los planes presentados por el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica de Inglaterra (NICE).

«Tenemos que acabar con el terrible espectáculo de ver a pacientes con los goteros, en batas de hospital, fumando en las puertas de entrada. Resulta totalmente contradictorio que el NHS, que gasta casi tres mil millones de libras al año en el tratamiento de enfermedades relacionadas con el tabaco, permita a los pacientes fumar y no haga todo lo posible para que abandonen el vicio», aseveró el profesor Mike Kelly, director del centro para la salud pública de NICE, que ha elaborado la propuesta y ha criticado al NHS de hacer la vista gorda durante demasiado tiempo.

Los médicos y enfermeras, a su juicio, deberían ofrecer terapias de reemplazo de nicotina y asesorar a los pacientes para que no corran hacia las puertas desesperadamente con ansias de encenderse un cigarro.

La iniciativa trata en parte de dar continuidad a la prohibición de fumar en los bares, discotecas y edificios públicos, que ha supuesto una gran caída en la tasa de tabaquismo, según afirma el doctor John Moore-Gillon, especialista en neumología. «La población es más propensa a dejar de fumar si se les da este consejo o toque de atención cuando están en un hospital u otro establecimiento relacionado con la salud», agregó.

Lo que no acaba de quedar claro es cómo se haría efectiva la medida para controlar que ni los empleados ni los pacientes se lleven el cigarrillo a la boca. «No es sólo cruel e inhumano prohibir a los pacientes que fumen fuera de los hospitales y clínicas, sino que resulta casi imposible de aplicar ya que habría que instalar cámaras de circuito cerrado de televisión y contratar a guardias para vigilar todos los lugares. El tabaco es un producto legal y una gran cantidad de personas fuman para aliviar el estrés», criticó Simon Clark, director de Foster, un grupo que defiende los derechos de los fumadores.

La medida, de entrar en vigor, afectaría los 1,3 millones de empleados en los servicios del NHS en Reino Unido y además supondría la prohibición de vender cigarrillos en las tiendas de los hospitales.

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