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Sociedad / A LA ESPERA DEL INFORME DEFINITIVO DE LA AUTOPSIA

María Villota podría haber muerto de un aneurisma, una secuela tardía del accidente

Día 12/10/2013 - 09.19h
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Un traumatismo puede dañar una arteria y romperse meses después ocasionando una hemorragia cerebral

Un informe preliminar de la autopsia de María Villota ha confirmado que la deportista murió por causas «absolutamente naturales». En realidad, esa explicación sólo deja claro que la joven no falleció por una muerte violenta. Un estudio forense más detallado deberá buscar ahora qué problema físico provocó la causa del fallecimiento. Alguien tan joven como ella puede morir súbitamente por un problema cardiovascular inesperado, ya sea un infarto, una arritmia cardiaca o una hemorragia cerebral causada por un aneurisma como el que este verano acabó con la vida de Rosalía Mera, la cofundadora de Inditex.

En el caso de Villota es difícil no pensar en que su muerte pudo sobrevenir por las secuelas del gravísimo accidente que sufrió en julio de 2012 en el Reino Unido. Aquél accidente del que sobrevivió milagrosamente al chocar contra un tráiler en la pista de carreras tuvo el mayor impacto en su cabeza. Como consecuencia perdió su ojo derecho y el fuerte traumatismo obligó a reconstruir los huesos de la cara, el cráneo, la mandíbula...

El aviso: un fuerte dolor de cabeza

Además se sabe que el día antes de morir tuvo un fuerte dolor de cabeza. Estos antecedentes sugieren que la muerte podría ser fruto de un aneurisma de origen traumático. Los vasos sanguíneos con aneurisma están deformados y corren el riesgo de romperse de forma espontánea, causar una hemorragia y lesionar el cerebro. Pueden ser congénitos, pero también formarse tras un fuerte golpe como el que sufrió Villota.

Detrás del globo ocular circula la arteria carótida interna en una zona denominada polígono de Willis y es probable que esta arteria quedara dañada y más debilitada tras el traumatismo craneal.

Indetectable en un TAC

Una imagen de resonancia magnética podría haber detectado el aneurisma. Sin embargo, pasaría desapercibido en un escáner o TAC, una de las pruebas de control que con toda seguridad le habrán hecho a Villota tras reconstruirla las múltiples fracturas de su rostro. Esta prueba permite ver el estado de los huesos pero no las estructuras blandas del organismo, como son los vasos sanguíneos.

Otra posibilidad es que María Villota tuviera un aneurisma que no estuviera relacionado con el accidente. Sería un golpe de mala suerte como el que padece una de cada 10.000 personas.

El aneurisma no da ningún síntoma ni señal de alarma, salvo un fuerte dolor de cabeza cuando empieza a romperse. Una persona puede vivir con esta anomalía en sus arterias sin saber que tiene esta bomba de relojería instalada en su cerebro. La mayoría de las veces su detección es casual y se diagnostica tras hacer una resonancia magnética o en otra prueba de imagen por cualquier otro motivo.

Sea cual sea el origen, si fue un aneurisma lo que provocó su muerte, la autopsia lo aclarará.

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