El Papa advierte: «Si sigues la vía del dinero, al final serás un corrupto»
El Papa Francisco, ejemplo de austeridad personal - reuters

El Papa advierte: «Si sigues la vía del dinero, al final serás un corrupto»

El Pontífice advierte que incluso las ganancias legítimas tienen un elemento de riesgo, pues con falicidad, «el dinero hace enfermar el pensamiento»

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Con lenguaje fuerte y claro, el Papa Francisco ha advertido que «el dinero corrompe» y que «si sigues la vía del dinero, al final serás un corrupto». En su breve homilía en la Casa Santa Marta, el Santo Padre ha comentado el viernes unas palabras rotundas de Jesús: «No se puede servir a Dios y al dinero».

El Papa ha subrayado vigorosamente que «¡No se puede! ¡O el uno o el otro! Y esto no es comunismo, ¡eh! Esto es Evangelio puro. Son las palabras de Jesús».

Francisco, que tomó ese nombre por el deseo de imitar al santo de la paz y la pobreza, ha explicado que «Al principio, el dinero ofrece cierto bienestar. Eso está bien. Pero después te sientes importante, y viene la vanidad. Y de la vanidad, viene la soberbia, el orgullo. Son tres escalones: riqueza, vanidad y orgullo».

El Papa ha advertido que «el demonio sigue siempre este camino en la tentación: la riqueza para sentirte suficiente; la vanidad para sentirte importante; y, al final, el orgullo, la soberbia, que es precisamente su lenguaje».

Naturalmente, el Papa se refiere a las ganancias legítimas, pero advirtiendo que incluso esas tienen su elemento de riesgo pues, con facilidad, «el dinero hace enfermar el pensamiento. De ahí nacen envidias, peleas, maledicencias, sospechas y conflictos de hombres corruptos que consideran la religión como una fuente de ganancias».

En su clásico estilo dialogado, el Papa ha continuado: «Pero yo soy católico. Y voy a misa, porque eso me da un cierto status. Estoy bien considerado… Pero después, por debajo, hago mis negocios ¿no? ¡Estoy dando culto al dinero!».

El Papa ha puesto en guardia frente a «la avidez del dinero», que es la relación patológica, mientras que otras personas saben pasar estrecheces sin perder la sonrisa, o bien tener dinero sin estar apegados. Saben vivir con sobriedad, y entregar una parte a causas buenas, recordando unas palabras de San Pablo: «Dios ama al que da con alegría».

El poderoso ejemplo de austeridad personal del Papa, que utiliza vehículos modestos y vive de modo frugal, está dirigido sobre todo a los eclesiásticos. En cambio, su vigorosa advertencia contra el apegamiento al dinero y la alerta sobre su poder corruptor están dirigidas a todos, con independencia del nivel de patrimonio de cada persona.