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El deshielo del Ártico abre una nueva ruta entre Oriente y Occidente

Día 18/08/2013 - 18.09h
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Un carguero chino se dirige desde Dalian a Rotterdam en una travesía que ahorra dos semanas con respecto a la ruta por el Canal de Suez

El calentamiento global ya está cambiando la faz del planeta, como se aprecia en la subida del nivel de los mares que amenaza islas como las Maldivas o la histórica ola de calor que este verano sufren China y Japón. Pero, por muy mal que suene, incluso un fenómeno tan grave como el cambio climático podría tener alguna consecuencia positiva, como el acercamiento entre Oriente y Occidente.

Eso es, precisamente, lo que estos días está tratando de probar el «Yong Sheng», un carguero de 19.000 toneladas con bandera de Hong Kong que partió el pasado día 8 del puerto chino de Dalian con rumbo a Europa. Su destino es el puerto holandés de Rotterdam, adonde tiene previsto arribar el próximo 11 de septiembre después de 35 días de travesía. Lo normal es que tardara 48 días, pero el «Yong Sheng» no ha seguido la ruta habitual, que consiste en navegar hacia el Mar del Sur de China para cruzar el Estrecho de Malaca con dirección al Océano Indico y, desde ahí, pasar el Canal de Suez para entrar en el Mediterráneo. Tras atravesar el Estrecho de Gibraltar, no tendría más que bordear la Península Ibérica por el Atlántico en dirección a Holanda.

En lugar de seguir este rumbo, el «Yong Sheng» ha tomado la Ruta del Mar del Norte, que atraviesa el Estrecho de Bering y recorre la costa septentrional de Rusia, que linda con el Océano Ártico. Durante la mayor parte del año, sus aguas están congeladas, pero el deshielo provocado por el calentamiento global ha abierto esta nueva ruta que acorta las distancias entre Oriente y Occidente y permanece navegable sólo durante dos o tres meses.

Reduce la duración de la travesía

En total, se trata de 5.400 kilómetros a través del Pasaje del Noreste que pueden reducir hasta un 40% la duración de las travesías entre Europa y Asia. Además de recortar los plazos de entrega de las mercancías marítimas en hasta dos semanas y ahorrar combustible, la nueva ruta es más segura porque evita el paso por el Golfo de Adén, infestado de piratas somalíes. Para los cargueros chinos también supone una ventaja porque les evita navegar por las aguas del sur de su país que el autoritario régimen de Pekín se disputa con Vietnam, Filipinas y otros vecinos asiáticos, habitual foco de tensiones en la región.

Operado por la naviera Cosco, el «Yong Sheng» es el primer carguero chino en probar la ruta del Ártico, que ya está experimentando un considerable aumento de las travesías durante los meses que permanece abierta. Mientras en 2010 sólo fue surcada por cuatro embarcaciones, el año pasado contabilizó 46 travesías completas. Para esta temporada, las autoridades rusas que la controlan han expedido ya 372 permisos de navegación, ocho veces más.

«El cambio climático está abriendo nuevas rutas mercantes por el Ártico», explicó al diario «Financial Times» Cameron Dueck, un escritor canadiense que viajó por esta zona en 2009. Pero, a su juicio, pasará aún bastante tiempo hasta que puedan ser utilizadas con frecuencia porque «las rutas más comunes a través del Ártico siguen teniendo hielo incluso en los meses más calurosos del año, por lo que las navieras tendrán que ser muy selectivas y cuidadosas a la hora de usarlas».

China, observador del Consejo Ártico

Generando unos ingresos superiores a los 2.200 millones de euros, unos 17.000 barcos cruzan cada año el Canal de Suez, pero el número se irá reduciendo en el futuro porque China, una potencia comercial que mueve el 90% de su comercio por mar, ya ha puesto sus miras en el Ártico. No en vano, en China se localizan hasta siete de los diez principales puertos del mundo (Shanghái, Ningbo, Tianjin, Cantón, Qingdao, Qinhuangdao y Hong Kong), mientras que otros dos son también asiáticos (Singapur y Busan en Corea del Sur) y uno es europeo, precisamente el de Rotterdam hacia el que se dirige el «Yong Sheng».

No es de extrañar, por tanto, el enorme interés que tienen las navieras chinas por una ruta que acorta en dos semanas las travesías a Europa, pero que la mayor parte del año está congelada y requiere de rompehielos rusos para navegar por los tramos que son practicables. Buena prueba de ello es que China se ha convertido en observador permanente del Consejo Ártico, que fue formado en 1990 por los cinco países con costa en dicho Océano (Noruega, Rusia, Estados Unidos, Canadá y Dinamarca) e incluye a otros Estados cercanos como Finlandia, Islandia y Suecia y a algunos más lejanos pero de gran importancia geoestratégica como la India, Japón y Corea del Sur.

La misión de dicho Consejo es proteger al Ártico de la contaminación y de vertidos tóxicos en sus rutas, así como preservar sus ricas fuentes de energía, ya que bajo sus aguas se acumulan el 13 por ciento de las reservas de petróleo no descubiertas del mundo y un tercio de las de gas. Sobre ellas tiene previsto pasar el «Yong Sheng» rumbo a Europa para convertirse en lo que su propio nombre significa en mandarín: «Para siempre próspero».

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