Andrés Lozano, en los pasillos del Hospital HM Sanchinarro de Madrid
Andrés Lozano, en los pasillos del Hospital HM Sanchinarro de Madrid - DE SANBERNARDO

«Tengo voluntarios dispuestos a operarse el cerebro para mejorar su inteligencia»

El neurocirujano Andrés Lozano ha revolucionado en Toronto la cirugía cerebral con técnicas que modulan el comportamiento

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En su consulta del Hospital Western de Toronto (Canadá) no se encuentran los pacientes típicos de un neurocirujano. Los enfermos de párkinson han dado paso a casos extremos de obesidad, anorexia, depresión o alzhéimer. Andrés Lozano (Sevilla 1959) se ha convertido en el neurocirujano de los casos desesperados, al que acuden en peregrinación enfermos de medio mundo. Su tratamiento consiste en colocar electrodos y estimular con impulsos eléctricos zonas del cerebro que regulan el ánimo, la movilidad o el apetito. Con esta estrategia ha dado un giro a enfermedades para las que aún no hay cura. Lozano ha venido a Madrid a explicar sus avances en neurocirugía funcional, invitado por la Fundación Hospital Madrid.

-¿Cómo llega un paciente obeso a la consulta de un neurocirujano?

-Nos llegan los casos más desesperados. Pacientes que han probado todo tipo de tratamientos y están al borde del suicidio. A nosotros nos interesan todos los problemas del cerebro que no tienen remedio. Estudiamos el origen del trastorno y localizamos la zona donde se están produciendo los síntomas. Así hemos descubierto, por ejemplo, dónde está la diana de la depresión y hemos comprobado que el centro de la tristeza en estos pacientes está hiperactivo, encendido. Cuando haces una resonancia a una persona sana y le pides que recuerde el día que se murió su madre ese área del cerebro se enciende. Hemos descubierto que en los pacientes con depresión esa zona está siempre encendida. Al colocar electrodos en esa área disminuimos la actividad de esos centros de la tristeza y los pacientes mejoran.

-¿Cómo se calcula la intensidad saludable de tristeza que requiere una persona?

-No eliminamos por completo la tristeza. Sacamos al paciente del hoyo en el que se ha metido y es incapaz de salir. Les dejamos un estado de ánimo normal. Si les pasara algo triste, lo sentirían.

-Hace cinco años descubrieron por casualidad que con estimulación eléctrica también se podía mejorar la memoria. ¿Cómo han avanzado las investigaciones?

-Sí, fue un momento eureka. Estábamos intentando controlar el apetito de un paciente obeso que no conseguía adelgazar por ningún medio y como efecto secundario el paciente notó un incremento enorme de su capacidad de memoria. Eso nos dio la idea: podíamos utilizar utilizar electrodos para tratar el alzhéimer. Ya hemos operado a 25 enfermos. La idea es estimular los circuitos que son responsables de la memoria y aumentar su actividad.

-¿Y funciona?

-No lo sabemos aún. Estamos inmersos en un ensayo clínico doble ciego. A la mitad de los pacientes se les ha activado la estimulación eléctrica y a la otra mitad no. Ni siquiera los médicos sabemos quién lo tiene activo. En un año veremos las diferencias entre los pacientes que lo tienen activo y los que no. Esperamos que los que no han sido estimulados hayan perdido más capacidades cognitivas por la evolución de su enfermedad y confiamos que los otros no hayan empeorado.

-¿Son pacientes con un diagnóstico precoz de la enfermedad?

-El ensayo incluye solo pacientes con diagnóstico de alzhéimer en una fase precoz. Al principio, probamos con seis pacientes avanzados y no había mejoría ninguna. Parece que si el circuito cerebral está totalmente dañado por la enfermedad no hay nada que estimular.

-¿Podría funcionar en sentido contrario y borrar también recuerdos traumáticos?

-En teoría sí. Pero creo que en esos casos sería más fácil disminuir la ansiedad generada por esos sucesos. Borrar los recuerdos sería más difícil. De hecho, es el camino que hemos seguido para tratar, por ejemplo, la anorexia. La solución no es darles comida, es mejor tratarles disminuyendo la ansiedad que les provoca el miedo a comer. Hay tratamientos indirectos que pese a no tratar el síntoma principal son más eficaces.

-¿Ese mecanismo funcionaría también para las adicciones?

-Sí hay grupos que ya están intentando tratar a adictos a la heroína, cocaína o al alcohol. La diana está situada en los centros de recompensa. Se colocan los eletrodos en esa diana y se consiguen efectos interesantes, aunque no se tienen resultados definitivos. En estos momentos hay más de cien estudios en marcha para conocer el efecto de la estimulación cerebral profunda en todo tipo de enfermedades neurologicas o psiquiátricas.

-En el horizonte más cercano, ¿cuáles se empezarán a tratar antes?

-El párkinson, el temblor esencial, la distonía y el trastorno obsesivo compulsivo ya están incluidas en mayor o menor medida a la práctica clínica. Sólo en párkinson hay 100.000 pacientes en el mundo que ya han sido tratados. De forma experimental la que está más avanzada es la depresión. Calculo que en tres años se podrá aplicar de forma generalizada. Estaría indicada para pacientes donde ha fallado todo antes: los antidepresivos, el electroshock, la psicoterapia... Si la estimulación cerebral funciona tendríamos una solución para una enfermedad que es 40 veces más común que el párkinson.

-Si podemos mejorar la memoria de personas con alzhéimer. ¿Por qué no intentarlo para mejorar la inteligencia en personas sanas?

-No es la primera persona que me lo pregunta. Ya me han escrito varias personas interesándose por ello. Tengo pacientes dispuestos a operarse, a ser conejillos de Indias para mejorar su inteligencia. Sería una neurocirugía cosmética, que hoy no es ética, pero ya veremos dentro de 30 años.

-¿No va a aprovechar la oportunidad?

-No, tenemos cosas más serias que hacer. Mi prioridad hoy es el alzhéimer.

-¿La neurocirugía cosmética podía utilizarse también para sentirnos más alegres?

-Sí, o tener más empatía, más listos... En teoría, se podría ajustar el volumen de cualquier aspecto del comportamiento.

-El paciente obeso al que operó, ¿cómo mejoró su memoria?

-De forma espectacular. Mejoró su capacidad de estudio, es capaz de aprenderse con facilidad listas de términos..., pero me temo que esta ganancia no tuvo impacto en su vida.

-¿Al menos, adelgazó?

-No. La cirugía funcionó, pero le eliminaba el placer por comer. Así que apaga el dispositivo a voluntad. Cuando quiere darse un banquete placentero lo apaga y lo enciende para mantener a raya su peso.

-Un error de dos milímetros en una cirugía de este tipo puede ser fatal. ¿Cómo se prepara una operación de este tipo?

-Primero hacemos una resonancia magnética del cerebro para escoger la diana y operamos al paciente despierto. Con anestesia local y el paciente despierto, se taladra el cráneo y se llega al cerebro donde colocamos los electrodos. Vamos hablando con el paciente para que nos guíe en la zona que tenemos que actuar. También hacemos registro de las neuronas, y escuchamos su ritmo y lenguaje. Es como hacer un viaje por Europa, a medida que cruzas fronteras escuchas idiomas diferentes. En el cerebro es igual, pasas de una región del cerebro a otra y cada una habla su propio lenguaje. Hemos aprendido a reconocer esos idiomas y sabemos escuchar a las neuronas. Nos desvelan sus secretos y el efecto que tienen en el comportamiento humano.

-En este tipo de cirugías se trepana el cerebro como se hacía en el antiguo Egipto para expulsar el mal. Poco ha cambiado desde entonces

-Nada ha cambiado (risas)

-¿Se busca una vía menos agresiva?

-Sí, ya estamos haciendo cirugía sin bisturí, utilizando una técnica con ultrasonidos. Sin abrir el cerebro podemos hacer lesiones y destruir regiones del cerebro que son patológicas para reducir el temblor. Hemos empezado con temblor esencial. Acabamos de publicar el primer caso en el mundo, con éxito. Hacemos una lesión térmica para calentar el tejido hasta destrozar las neuronas rebeldes. La terapia solo dura diez segundos. Así que este tipo de cirugía nos permitirá hacer estas intervenciones de forma ambulatoria.Operarse el cerebro será como ir al dentista. Te operas y, listo, te vas a casa en diez minutos.

-¿Dónde está el truco? ¿Es tan preciso como el electrodo?

-Aún no lo sabemos, tenemos que probar más. Una pega es que no escuchamos el lenguaje de las neuronas, vamos un poco a ciegas