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Sor Teresita, la monja de los diez Papas

Día 27/05/2013 - 02.23h
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Tiene 105 años y lleva 86 enclaustrada en un monasterio perdido en mitad del Alto Tajo. Sólo salió en 2011, para ver a Benedicto XVI

El 12 de febrero de 2013 no fue un día como todos los demás. Tampoco en el monasterio cisterciense de Buenafuente del Sistal, el «hogar» de sor Teresita. La religiosa ostenta el récord mundial de haber pasado más tiempo enclaustrada, nada menos que 86 años.

Aquel día Benedicto XVI anunciaba a un pequeño grupo de cardenales en un consistorio ordinario su renuncia al ministerio petrino. En pocos minutos la noticia corrió como reguero de pólvora por todo el mundo, incluso hasta atravesar los enormes muros de piedra de este convento del siglo XII enclavado en pleno paraje del Alto Tajo, donde abundan los bosques de sabinas y sobre todo el silencio.

Sor Teresita había empezado aquel día con su rutina habitual. Era martes, y después del rezo de laudes y la misa tocaba confesión con el padre Jesús. Era ya casi la hora de la comida cuando llegó la noticia. Sor María, la abadesa del convento, estaba muy preocupada. Con 105 años sobre sus espaldas y los achaques de la edad, ¿cómo se tomaría sor Teresita la sorpresiva decisión de su «Papa predilecto»?

-Madre, le traigo una noticia que no se la va a creer. El Papa Benedicto XVI ha dicho a los cardenales que renunciará a su ministerio de Obispo de Roma el 28 de febrero a las ocho de la tarde. Sor Teresita calló por unos momentos y luego aseguró: «Si no puede seguir adelante, ha hecho bien. Yo seguiré rezando por él y le mandaré ángeles para que le cuiden».

Cuestión de destino

La vida de ambos había estado conectada por una causalidad del destino. El mismo día que Valeriana Barajuen entraba en el convento de Buenafuente del Sistal con apenas 19 años, Joseph Ratzinger nacía en la ciudad de Marktl, en Baviera. Era el 16 de abril de 1927, Sábado Santo. Sus vidas se volverían a cruzar también un sábado, el del 20 de agosto de 2011. Después de 84 años, esta veterana monja de la orden del Císter rompía por primera vez su clausura, para saludar a Benedicto XVI, durante su visita a Madrid, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Aquel encuentro con el Santo Padre se convirtió en un recuerdo entrañable para sor Teresita, que hoy lo sigue viviendo como «un regalo de Dios».

En su larga vida, esta religiosa cisterciense ha visto pasar nada menos que a diez Papas. Desde Pío X -el Papa que impulsó el Catecismo y codificó el Derecho Canónico- hasta Juan XXIII, el «padre» del Concilio Vaticano II, o Francisco, el primer Papa jesuita en la historia de la Iglesia. «Siempre dice que quiere mucho al Papa Francisco, pero que el suyo es Benedicto XVI», nos explica sor María, que con el paso de los años se ha convertido en el «altavoz» de sor Teresita, tras su progresiva pérdida de audición. «Le tiene un cariño entrañable y reza mucho por él», añade.

Los años, sin embargo, no le han robado ni una pizca de lucidez a esta mujer excepcional, que conserva la misma alegría e ilusión de cuando entró en el convento en 1927. Todos los días intenta participar en la vida de la comunidad sin darles demasiada importancia a sus achaques. «El sábado teníamos una vigilia y no íbamos a terminar antes de la una de la mañana. Entonces le preguntamos qué quería hacer. Ella nos dijo que lo había consultado con la Virgen y que le había dicho que fuera, pero que para mayor caridad de las hermanas había decidido quedarse para no darnos más trabajo. Por supuesto que nos la llevamos a la vigilia», cuenta la abadesa. Toda la vida de las hermanas gira en torno a esta mujer de mirada dulce. No solo porque es la mayor de las diez religiosas que viven en el convento, sino porque es muy especial. «Es una santa. Tenemos otras hermanas mayores, pero sor Teresita tiene un don especial», comenta otra de las religiosas.

ABC, a diario

Han pasado 86 años desde que esta religiosa oriunda de Foronda (Álava) llegó a Buenafuente, pero las hermanas comentan que lo recuerda como si fuera ayer. «Salí de Vitoria el 15 de abril de 1927, fue a las siete de la tarde, y llegamos a Madrid a las siete de la mañana del día siguiente. Desayunamos en Madrid y desde allí fuimos directamente a Sigüenza. Nuestro viaje fue todo un acontecimiento porque éramos tres las jóvenes que íbamos a entrar en el monasterio», asegura. Desde entonces pasó por todo tipo de experiencias, incluso el estallido de la Guerra Civil y la pérdida de su hermana, sor Margarita, que tras profesar los votos se quedó también en Buenafuente del Sistal.

En un reportaje publicado en ABC, la actual abadesa se mostraba maravillada por la curiosidad que aún mostraba por todo. «Sor Teresita dice que no es curiosidad, que es interés, y yo creo que es ese interés lo que la mantiene tan viva. Se lee de cabo a rabo el ABC, sobre todo la información religiosa y el “Alfa y Omega”. Nos hace una selección de artículos que nos recomienda al resto de hermanas. Son increíbles la memoria y la agilidad mental que aún mantiene», comentaba. Pero en los dos últimos años su salud ha empeorado.

A sor Teresita hoy sólo le quedan vivos algunos sobrinos que llaman con frecuencia para saber cómo se encuentra, además de visitarla cada vez que pueden. Después de tanto tiempo en el convento, las hermanas se han convertido en una verdadera familia para ella. Y nunca mejor dicho. Desde que va en silla de ruedas, las religiosas se encargan de asearla, vestirla y darle de comer cada día. «Ellas son las santas», asegura sor Teresita.

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