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«La beata Rafaela Ybarra entraba a los prostíbulos para salvar a las jóvenes»

José Luis Olaizola presenta en el Aula de Cultura de ABC su último libro «El Jardín de los Tilos», una novela sobre la vida de la primera beata vasca

elena jorreto - Actualizado: Guardado en: Sociedad

El escritor José Luis Olaoizola presenta este martes a las 19.30 horas en el Aula de Cultura de ABC -en el Centro Cultural Círculo de Lectores- «El jardín de los tilos», un retrato novelado de la beata Rafaela Ybarra (1843-1900), una mujer extraordinaria que dedicó su vida a luchar contra la exclusión de las jóvenes en plena época de industrialización en Bilbao.

-¿Cómo surgió la idea de escribir «El jardín de los tilos»?

-Me llamaron los Ybarra y me hablaron de su abuela. Escribir sobre una beata me parecía una cosa tremendamente aburrida, pero de repente me asomé a internet y me di cuenta de que esa beata hacía exactamente lo mismo que yo llevo haciendo diez años: luchar contra el drama de la prostitución infantil. En mi caso es en Tailandia, y de repente me encuentro que Rafaela hacía lo mismo en Bilbao. A las niñas que llegaban de los caseríos a servir a la ciudad, las esperaban los rufianes a la puerta de los trenes para acabar con ellas en los prostíbulos. Así me entró el entusiasmo y me metí en la aventura.

-¿Qué destaca de Rafaela Ybarra?

-La familia me facilitó la documentación, y mi gente la causa de beatificación. Me leí tomos y tomos de información, entre ellos libros escritos por los jesuitas en el siglo XIX. De repente, me di cuenta de que a mí lo que me interesaba era humanizarla, no momificar a un personaje que parece inalcanzable y que en «No quería momificar a un personaje que parece inalcanzable»realidad era una persona maravillosa. Así que rescaté lo más literario. Estaba casada nada menos que con el presidente de Altos Hornos de Vizcaya, José de Vilallonga. La suya era una de las familias más poderosas de Bilbao. Esta mujer se entregaba con alma y vida a las muchachas y entraba en los prostíbulos para sacarlas y salvarlas del drama al que estaban sometidas. Una cosa absolutamente increíble. Para mí ya no es la beata Rafaela, es Rafaelita, como la llamaba su marido.

-¿Qué papel tuvo él en la labor de Rafaela?

-El papel de José de Villalonga fue fundamental. Para mí la injusticia es que no lo hayan beatificado a él también (risas). Era un hombre riquísimo que desayunaba siempre con Rafaela, y mientras tanto ella le pedía dinero para sus proyectos. El decía: «Yo no tengo problema en gastar muchísimo dinero. Ya se ocupa Rafaelita de ello».

Era una madre de familia de la alta sociedad -tenía siete hijos y se tuvo que hacer cargo de cinco más de una hermana suya-, pero estaba entregada completamente al prójimo. Tenía carácter de empresaria directiva. En su caridad aplicaba las normas que hoy en día podría aplicar un alto ejecutivo. Se metía a fondo en los problemas. Organizaba, estructuraba, creó la Casa de Maternidad en Bilbao y la Casa de los Ángeles Custodios...

-¿Cómo valora la labor de la Fundación Rafaela Ybarra?

-Es maravillosa. Tienen unos 20 colegios extendidos por todo el mundo, que fueron el impulso de Rafaela. Ella pensaba que podía sacar a esas niñas de la prostitución, pero si luego las dejaba abandonadas volverían a caer. Por eso se preocupó de formalas. Hoy la misión no es como en su época, las niñas no tienen un riesgo tan grande de caer en la prostitución, y la Congregación de los Ángeles Custodios está extendida por todo el mundo.

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