La Orden de Malta celebra su noveno centenario con su miembro más ilustre: el Papa

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Al cabo de muchos siglos de cruzadas y de guerra naval por todo el Mediterráneo, la más antigua de las dos órdenes militares al servicio del Papa ha vuelto plenamente a sus orígenes: atender gratuitamente a enfermos en zonas de guerra o de catástrofes, a refugiados o a personas pobres en ciudades ricas de 120 países. Este ejército de paz, que coordina el trabajo de 25.000 médicos y enfermeras y 80.000 voluntarios en todo el mundo, celebra estos días en Roma el noveno centenario de su reconocimiento papal el 15 de febrero de 1113.

Aunque la Orden de Malta sólo admite como miembros de máximo nivel en Europa a personas de la nobleza, sus dirigentes hicieron en su día una excepción con Joseph Ratzinger, miembro también de la Academia de Francia y de otras entidades que valoran la nobleza personal más que la del apellido. El Papa recibirá el sábado a unos 4.000 caballeros, damas, miembros y voluntarios, que han llegado a Roma en estos días.

En vísperas de la fiesta del IX Centenario, el Gran Maestre Matthew Festing recordó que «somos a la vez una entidad soberana, una orden religiosa y una organización humanitaria», que presta ayuda cada año a decenas de miles de personas sin distinción de credos, razas o lenguas, con un presupuesto de unos 200 millones de euros, a los que se añaden numerosas donaciones.

Excepto el territorio, la Orden tiene todas las características de un Estado soberano, y mantiene relaciones diplomáticas con 104 países. El embajador de España ante la Santa Sede, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga, lo es también ante la Soberana y Militar Orden de Malta (SMOM, en su acrónimo y en la matrícula de sus automóviles).

La labor de la Orden de Malta

La Orden cuenta entre sus joyas la maternidad de la Sagrada Familia en Belén, donde han nacido 57.000 niños palestinos desde 1990, y que cuenta con unidades móviles de pediatría que recorren las aldeas ayudando a los recién nacidos y a las madres. En total, la institución sostiene o gestiona directamente 20 hospitales, miles de clínicas y cientos de unidades móviles que se desplazan enseguida a zonas de guerra o de catástrofes bajo la bandera de la agencia humanitaria «Malteser International», muy activa estos meses en la ayuda a las víctimas y a los refugiados de la guerra civil en Siria.

El Gran Maestre Fray Mathew Festing, uno de los sesenta Caballeros de Justicia que hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, dirige la orden desde el elegante Palacio de Malta, en Vía Condotti, en cuya capilla recibió el bautismo Su Majestad Juan Carlos I de manos de Eugenio Pacelli, futuro Papa Pio XII.

La Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén nació como un hospital de peregrinos junto al Santo Sepulcro, levantado en 1084 por un grupo de comerciantes de Amalfi (Italia) con el permiso del califa Husyafer y puesto bajo la advocación de San Juan Bautista. El primer superior, Gerardo Tum, es considerado el fundador de la orden, que recibió la aprobación papal con la bula «Geraudo institutori ac praeposito Hierosolimitani Xenodochii» de Pascual II el 15 de febrero de 1113. Un «xenodochium» era una casa para recibir a extranjeros, y este espíritu de acogida permanece vivo en la Orden.

  • Carlos I alquiló la isla de Malta a la Orden por un halcón de caza anual. De ahí el «halcón maltés»
Al cuidado de los peregrinos en el hospital se añadió enseguida la protección de su ruta, y así comenzó la actividad militar, multiplicada posteriormente durante las cruzadas y todavía más al heredar las fortalezas de la Orden del Temple después de su disolución.

Las guerras y los avatares políticos obligaron a la Orden a trasladar su sede sucesivamente desde Jerusalén al castillo de Krak de los Caballeros (Siria), San Juan de Acre (Haifa), Chipre, Rodas y, finalmente, Malta a partir de 1530, cuando el rey Carlos I de España les alquiló la isla al precio simbólico de un halcón de caza anual, el «Halcón maltés». Aunque Napoleón les obligó en 1798 a replegarse en Roma, la Orden mantiene el nombre de la isla cedida por España, que siguió proporcionando durante siglos millares de caballeros y varios Grandes Maestros.