Enrique Meneses
Enrique Meneses - afp

Enrique Meneses, reportero, maestro de periodistas

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El domingo, día de Reyes, a los 83 años de edad, dejó de luchar contra el cáncer y otras molestias en el hospital La Paz de Madrid el periodista Enrique Meneses. Ejemplo de entereza y de pasión, para todos los que tuvimos la suerte de compartir horas con él, en la guerra (Sarajevo) y en la paz (Madrid), fue uno de esos amigos con los que nos perderíamos sin dudarlo. Porque además de valor y una ética impecable, era un conversador inagotable, una fuente de conocimiento y encantamiento. Un reportero de los de antes.

Fue lo que quiso ser y lo fue hasta el final, un maestro para quienes aman la profesión, como relata en sus memorias, su mejor libro, «Hasta aquí hemos llegado» (Ediciones del Viento), y que como señaló Gervasio Sánchez, que me anunció su muerte, debería ser lectura obligada en facultades y másteres de Periodismo. Pura vida. Pura pasión.

El relato de una peripecia vital que le llevó a ser el primero en fotografiar a Fidel Castro y su guerrilla en Sierra Maestra (su relato de cómo hizo llegar sus carretes a la revista Paris Match» formaba parte de su mitología, reportaje que también publicó en «Blanco y Negro»), a gastarse en el taxi en el que fue a cubrir la muerte de Manolete (su primera crónica) tres veces más de lo que ganó, en atravesar África desde El Cairo a El Cabo en pos de una belleza negra y el placer de la aventura, a cubrir la guerra del Canal de Suez, a contar en blanco y negro la lucha por los derechos civiles de los negros y el gran sueño de Martin Luther King, a fotografiar a medio mundo (desde mendigos a reyes, desde artistas a tiranos).

Tras nacer en el Madrid de las secuelas del crack del 29, pasó su infancia entre París, Biarritz y Estoril (los idiomas y su desparpajo natural le abrieron todas las puertas, junto a su intuición: en un país árabe se sirvió de viejas guías de teléfonos para dar con el del jefe de los servicios secretos), hizo el bachillerato en Madrid y en 1954 empieza en Egipto su aventura equinoccial instalándose en una barcaza en el Nilo.

A su regreso a España, una década más tarde, colabora en espacios inolvidables de Televisión Española (A toda plana, Los reporteros y Robinsón en África), dirige la revista «Playboy», cubre como freelance la guerra de los Balcanes, no deja de fumar, no deja de vivir, se casa, se divorcia, tiene una hija, y en sus últimos años se convierte en un adalid de las nuevas tecnologías: además de su blog, se le ocurre fundar en el salón de su casa un canal de televisión (Utopiatv). Es lógico que en sus obituarios mencionen que tenía 10.000 seguidores en Twitter. Hizo grandes fotos y publicó más de un libro: Nasser.

El último faraón, Escrito en carne, Una experiencia humana y África de Cairo a Cabo. «Sus manos y brazos tienen las venas tan marcadas que da la impresión de que tiene dentro de sí todos los caminos, carreteras y mares que ha cruzado en lugares como Cuba –donde llegó siguiendo a una chica que le plantó allí–, Oriente Medio y África.

De los 63 años que lleva en la profesión, solo durante dos ha estado en plantilla. Cuando habla, se nota que no tiene miedo a nada. Ya le ha dado esquinazo a un cáncer de colon y a otro de pulmón, y bromea con que el día que la muerte vaya a buscarle, colgará un cartel en la puerta que rece «¡Señora muerte, que no estoy en casa!’». Así describió la periodista Noemí López Trujillo en madrilánea.com su paso por el Máster de ABC el año pasado.

Hace dos años, otro alumno del Máster, Abraham Coco, hizo un recuento de consejos de Meneses a los jóvenes periodistas. Con su empeño en que no se hipotecaran ni se casaran y se lanzaran a la aventura en el extranjero, Meneses era siempre el más joven reportero de la clase:

—Dejemos a un lado el alma de funcionarios. Somos periodistas

—Si te pegan un puñetazo, acompaña el golpe moviendo tú la cabeza

—Nada de mimetizarse con el entorno

—Con toda la información que hay, somos más necesarios que nunca para explicarla

—¿Cómo se puede ser de otra época y ser periodista?

—Convirtamos las derrotas en victorias

—El periodismo no es una profesión lineal

—¿Qué ganamos con tener miedo?

—Se puede hacer todo lo que se quiera. La voluntad es lo que cuenta

—¡Ah! Jamás toquemos un arma en un conflicto. La pólvora no se quita en seis meses

—En la historia de la humanidad no hay pesimistas

—Y, sobre todo, y por eso merece la pena todo: ¡Es muy divertido vivir!

Enrique Meneses fue uno de los grandes periodistas españoles del siglo XX. Le había invitado a dar la lección final del Máster de este año y participar en la entrega de diplomas. No podrá ser. Pero nunca le olvidaremos. Hasta siempre, amigo.