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El Papa afirma que las narraciones de la infancia de Jesús son «historia real y sucedida»

El nacimiento tuvo lugar a caballo entre los años 7 y 6 antes de Cristo

Día 21/11/2012 - 02.27h

La afirmación esencial del ultimo libro de Benedicto XVI, “La infancia de Jesús”, presentado el martes en Roma es que las narraciones de Mateo y Lucas son “historia real y sucedida, interpretada y comprendida sobre la base de la Palabra de Dios”.

Distinguiendo lo esencial de lo secundario, el Papa recuerda que los Evangelios no mencionan el buey ni la mula en la gruta de Belén. Su presencia en las representaciones populares refleja una profecía sobre Israel. Del mismo modo, Benedicto XVI confirma, como experto, que el nacimiento de Jesús tuvo lugar a caballo entre los años 7 y 6 antes de Cristo. Es bien sabido que la discrepancia con el año cero es un error de datación del monje Dionisio, encargado de cambiar del calendario de Augusto al de Jesucristo.

El libro sale a la calle el miércoles 21 en los primeros nueve idiomas con una tirada superior al millón de ejemplares en 50 países, y es una lectura perfecta para preparar la Navidad. En los próximos meses se alcanzarán las traducciones a 20 idiomas y la publicación en 72 países.

El esquema de “La infancia de Jesús” no puede ser más sencillo. Se trata de un prólogo breve, cuatro capítulos que responden al orden cronológico de los acontecimientos, y un epílogo –el episodio de los tres días en el Templo, a los doce años- que en realidad es un “prólogo” de los acontecimientos de la vida pública y la Pasión ya presentados en los dos primeros volúmenes de “Jesús de Nazaret”.

En el primer capítulo, el Papa estudia las genealogías de Jesús en los Evangelios de Mateo y de Lucas, entre las que hay notables diferencias pero un mismo sentido teológico-simbólico: “”la colocación de Jesús en la historia” como “un nuevo inicio que, paradójicamente, junto con la continuidad del actuar histórico de Dios, caracteriza el origen de Jesús”.

El segundo capítulo aborda el modo extraordinario en que tuvieron lugar los anuncios de la concepción de Juan Bautista y de Jesús, extendiéndose en la humildad y disponibilidad de María.

Virgnidad de María

El Papa aborda la cuestión de “nacimiento virginal, ¿mito o realidad?”, reconociendo junto con el teólogo Karl Barth que tanto el relato de una concepción y parto virginales así como el de la Resurrección “suponen un escándalo para el espíritu moderno. A Dios se le permite actuar sobre las ideas y los pensamientos en la esfera espiritual, pero no sobre la materia. Eso nos molesta”. Pero en realidad, “si Dios no tiene poder también sobre la materia, entonces no es Dios”.

El comienzo del tercer capítulo describe el contexto político del emperador Augusto, sus aspiraciones a una divinización ya en vida y el censo en dos etapas de todos los ciudadanos del imperio a efectos fiscales. Según el Papa, “por primera vez existe un gobierno y un reino que abarcan todo el orbe. Sólo en ese momento en que existe una comunidad de derechos y de bienes a gran escala y un idioma universal (…) puede entrar en el mundo un mensaje universal de salvación. Es, en efecto, la ‘plenitud de los tiempos’”.

En el cuarto capítulo, dedicado a los Magos, Benedicto XVI recuerda que “en el mundo antiguo, los cuerpos celestes eran vistos como potencias divinas que decidían el destino de los hombres. Los planetas llevan nombres de divinidades”. Por el contrario, la fe de la Biblia los considera meros objetos, y el episodio de la estrella supone el fin de la astrología.

La estrella de Belén

El Papa menciona que “a caballo entre los años 7 y 6 antes de Cristo, que hoy se considera el momento verosímil del nacimiento de Jesús, se produjo una conjunción de los planetas Júpiter, Saturno y Marte”. Según Kepler, a ese fenómeno se añadió la aparición de una supernova que aparece datada en “tablas cronológicas chinas” creando, en conjunto, un acontecimiento astronómico muy singular para un momento único en la historia.

En el epílogo, destinado a presentar el episodio en que Jesús se queda deliberadamente en el Templo de Jerusalén en lugar de volver con sus padres a Nazaret, el Papa hace notar “que en la Sagrada Familia se conciliaban bien la libertad y la obediencia. Un niño de doce años era libre de decidir si se sumaba a sus coetáneos y realizaba el camino en su compañía”, en lugar de estar siempre bajo la vigilancia de sus padres.

Pero lo esencial del episodio es que muestra en toda su plenitud “la filiación divina de Jesús”, quien replica a María que su padre es Dios, y por eso debe “ocuparse de las cosas de mi padre”.

El Papa concluye su libro afirmando que “las palabras de Jesús son siempre mayores que nuestra razón. Superan siempre nuestra inteligencia. La tentación de reducirlas, de manipularlas para hacerlas entrar en nuestras medidas es comprensible”, pero la exégesis bíblica correcta debe tener “la humildad de respetar esa grandeza que, con frecuencia nos supera”.

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