Sociedad / QUINCE AÑOS DE TRABAJO

Al rescate de vida lacustre

Día 19/11/2012 - 12.03h
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CEPSA restaura con éxito un humedal que languidecía junto a su refinería de La Rábida

Un cormorán reposa sobre un tronco semihundido en mitad de la Laguna Primera de Palos, humedal situado dentro del Paraje Natural Lagunas de Palos y las Madres a las afueras de La Rábida, Huelva. Un grupo de fochas cruza apaciblemente por detrás del cormorán mientras en la otra orilla más lejana, una gracilla cangrejera aletea entre el follaje autóctono. Es una mañana lluviosa de noviembre y en el agua de la laguna, del mismo color gris del cuelo, se refleja la llama de la antorcha de la refinería que CEPSA tiene a unos 150 metros del paraje.

Pese al edénico aspecto, todos los componentes de la Laguna Primera de Palos tienen un trasfondo antrópico. El tronco semihundido donde reposa el cormorán está sujeto en realidad a un poste de tres metros fijado con un bloque de cemento al fondo de la laguna. «Muy difícil poner un posadero de estos en medio del agua. Hemos puesto diez o doce pero han sobrevivido la mitad», dice Javier Camacho, el biólogo al que CEPSA encomendó a finales de los noventa dirigir la restauración de este enclave, limítrofe con sus instalaciones.

Al rescate de vida lacustre
JAVIER CAMACHO
Cría de rascón común

Las cañas y los juncos brotan en islotes hechos de fibra de coco. El biólogo y su equipo también se afanaron en excavar la laguna a distintas profundidades para favorecer la diversidad batimétrica o en plantar numerosos matorrales con frutos silvestres, madroños, majuelos o lentiscos, para atraer a más especies al restaurado humedal.

«Es un rosario de lagunas litorales que tiene su singularidad porque son cauces de antiguas ensenadas que daban al mar y por la deriva litoral hay un transporte importante de arena, que se va acumulando en los cauces de forma que ya no pueden drenar al mar y se convierten en lagunas», explica Camacho. «Este aporte de arenas en el litoral es el que ha generado también las lagunas del Odiel o del mismo Doñana».

Un charco en mitad de un erial

Hace poco más de una década, la laguna tenía menor extensión y en parte de ella el nivel freático sufría en verano, todo en mitad de un erial donde los agricultores habían instalado invernaderos para cultivar la fresa, «hasta tal punto que habían construido muros», recuerda Camacho. Además, era zona de paso para la trashumancia y las cabras degradaron casi todo la vegetación autoctona. Entre medias, un paisaje de plásticos, tuberías, torretas eléctricas o casetas de obra que habían sustituido las que hoy son las partes más valiosas del humedal.

«Todo eso se fue solucionando», dice Camacho. En los siguientes años, el proyecto fue tomando forma. Se negoció la retirada de los agricultores y se les involucró en las tareas de limpieza. La laguna ganó tres hectáreas. Se restauró la vegetación con plantas autóctonas intentando restaurar comunidades originales e insertando algunas que habían desaparecido del entorno, como el nenúfar amarillo. «Los ecosistemas acuáticos son muy agradecidos, a nada que hagas ves los resultados», dice el biólogo.

«El nenúfar ha agarrado muy bien, ahora el fumarel cariblanco lo elige como zona de nidificación. Las isletas de fibra de coco estaban ya llenas de especies al día siguiente de ponerlas. Se hicieron para la fauna. Uno de los grandes problemas de las especies que anidan aquí es la predación por perros de las fincas de al lado, es difícil de atajar. La solución de las isletas está muy bien, porque además de chupar nutrientes del agua, crean un sistema de raíces que viene muy bien a los alevines», dice Camacho.

Actualmente, unas 80 especies viven en la Laguna Primera de Palos, de ellas, 59 gozan de algún tipo de protección. «Desde que se restauró, calculamos que han aparecido unas 28 especies nuevas». Para Jesús Velasco, jefe de relaciones institucionales de la refinería, financiar la restauración de este humedal es un gesto con intenciones más allá de la Responsabilidad Social Corporativa que se exige a una empresa. «Es la única forma de ser un buen vecino, de que no te miren con malos ojos».

Por detrás de los árboles se vislumbran dos depósitos enormes con el tamaño y forma de una plaza de toros. Cada uno de ellos guarda 150.000 metros cúbicos de crudo, forman parte de la reserva estratégica del Estado. «Hemos conseguido que los pinten de azul claro, para de este modo estresar menos a los pájaros», dice Velasco señalando al más próximo.

Los gigantescos depósitos de crudo no son algo accesorio en la historia del humedal. Como desde Madrid explica Manuel Pacheco, biólogo y encargado de Gestión de Medio Ambiente de CEPSA, «cuando se adjudicó a esta refinería la capacidad de almacenar reservas estratégicas de crudo para el Estado, la ley obliga a que cualquier intervención en un paraje natural establezca unas medidas compensatorias, para aliviar globalmente el impacto». Fue precisamente la presencia de estas dos «plazas de toros» en los alrededores de la laguna lo que propició su restauración.

Nivelar la balanza

«Nuestra compañía tiene unas líneas estratégicas en cuanto a protección de la biodiversidad. Nuestras actuaciones están normalmente cerca de nuestros entornos industriales porque entendemos que allí es donde pueden producirse efectos marginales, aunque sean difíciles de cuantificar. En la medida de lo posible intentamos poner algo en el otro lado de la balanza», dice Pacheco.

«Esta -continúa Pacheco- era una laguna que estaba deslindada de una parcela del polígono. Seguramente, si se hubiera hecho una actuación en los años setenta para construir una planta en este emplazamiento nadie hubiera dicho nada». Estas medidas compensatorias a las que obligaba la presencia de los tanques, «se pueden hacer simplemente para cumplir o se pueden hacer bien, y afortunadamente los que estaban allí en ese momento supieron ver que era una oportunidad. La restauración fue bastante costosa, pero eran muy buenos tiempos para el refino entonces y la dirección se animó», cuenta Pacheco.

Paraíso para las aves

A la orilla de la laguna, sobre un antiguo pantalán de hormigón -que antiguamente sujetaba un grupo de bombas instaladas por ERTOIL, la antigua propietaria, para conseguir agua en caso de incendio en la refinería- se levanta ahora una caseta de madera que sirve como observatorio de pájaros, al cual se accede a través de un corredor vallado de brezo para que las aves no detecten la presencia humana. «La caseta nos la hizo alguien de esta zona con materiales autóctonos, espartina, brezo y demás. Es una pena, porque había otra caseta igual al otro lado de la laguna, fuera de los límites de la refinería, y bueno, alguien le metió fuego», dice Camacho.

A lo largo del proceso de restauración del sitio, ya prácticamente concluido, lo cierto es que como en tantos humedales se vislumbra que el verdadero problema para la supervivencia de este ecosistema palustre puede ser más la agricultura y no tanto tener una refinería al lado, pues toda la cuenca ha sido puesta en cultivo para la fresa.

Previamente «todas estas lagunas eran oligotróficas, el agua estaba muy transparente porque contenía muy poco nutriente, lo que permitía que hubiera mucha vegetación en el fondo y alimentara a una gran cantidad de fauna», dice el responsable de la restauración.

«Toda la cuenca está compuesta por suelos arenosos, a nada que llueva hay un montón de arrastres de arenas, sedimentos y demás, que van a parar a las lagunas. Hay algunas prácticamente colmatadas, como la de La Mujer o La Jara, y actualmente en la entrada de la Laguna Primera de Palos se está formando una especie de delta», dice Camacho. Por un lado, esta entrada de sedimentos oscurece el agua, la luz no llega a todas las plantas del fondo, que mueren así como las especies que se alimentan de ellas.

Eutrofización

«Por otro lado -continúa Camacho - entran muchos nutrientes, que son peores que los sedimentos porque generan muchas algas que también tapan la luz y, además, las plantas que se mueren en el fondo de la laguna generan mucha materia orgánica que consume oxígeno, se eutrofiza. Es una bomba de relojería. Cada año el agua está más verde y algún día tendremos mortalidad de especies, por anoxia o por botulismo. Los macrófitos acuáticos han disminuido muchísimo y fauna asociada como la malvasía, la cerceta pardilla o la focha cornuda cada vez van a menos, ya es raro verlas».

Al rescate de vida lacustre
JAVIER CAMACHO
Fumareles

Otro problema -común a la gran mayoría de estos ecosistemas- es la presencia de especies exóticas en la laguna, especialmente el black bass (lubina negra o perca americana). Hace unos meses, se autorizó una pesca en la laguna para proveer de alimento a un programa de reintroducción del águila pescadora en un humedal cercano. «Estuvieron dos personas durante una semana y sacaron unos 1.500 black bass de la laguna», recuerda Camacho. «Uno tenía tres pollos dentro, uno de ellos a medio tragar. Por el seguimiento que hacemos a las polladas, calculamos que cerca del 80% de las crías son predadas. Es difícil que los bichos sobrevivan».

Lucha contra los fertilizantes

Para solucionar o limitar el principal problema de supervivencia para las especies, el exceso de fertilizantes, los responsables de la refinería están planteando la construcción de una balsa previa que recoja las aguas procedentes de los cultivos, una especie de laguna que sirva de trampa de sedimentos y de nutrientes. Además, esto conllevaría también revegetar la cuenca. El principal problema es convencer a los propietarios para dejar ese margen de terreno. Camacho reconoce la complejidad de esta empresa. «Es un proyecto caro y habría que implicarlos a todos. Así que ahí estamos trabajando».

«Si la zanja de sacrificio no funciona, un posible subproducto de esto sería comenzar a tecnificar el agotamiento de nitrógeno y fósforo utilizando las propias algas de la laguna», dice Pacheco. El departamento medioambiental de la petrolera ya ha empleado acciones parecidas para amortiguar el impacto que sus procesos tienen en el medio.

«Por ejemplo, en el litoral andaluz se intenta frenar la degradación de las praderas de posidonia, importantes para la captura de dióxido de carbono, ya que además de ser una especie cuya población había descendido en el Mediterráneo, es la planta viva que mayor estabilidad ofrece a la hora de capturar dióxido de carbono», apunta Pacheco.

Desde el año 2001, más de 40.000 personas han visitado la restaurada Laguna Primera de Palos. Incluso la inmensa explanada que hacía de antiguo aparcamiento ha sido sustituida por un área más pequeña, cubierta de tierra y delimitada con troncos, salpicada con arbustos de madroño y matas de romero. Parece increíble que en este lugar, rodeado de una industria humeante, urbanizaciones, invernaderos masivos, carreteras y vías de ferrocarril, la naturaleza le vaya ganando espacio, poco a poco, a la artificialización impuesta durante décadas por el ser humano.

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