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Mónica Margarit: «La educación es lo más importante, a veces más que la salud o el agua»

La directora de la Fundación Príncipe de Gerona ha participado como experta en la cumbre mundial de la innovación para la educación

Día 16/11/2012 - 10.03h
Mónica Margarit: «La educación es lo más importante, a veces más que la salud o el agua»

Mónica Margarit es la directora general de la Fundación Príncipe de Gerona. Es una de los 1.400 especialistas del mundo educativo que participa en la WISE, la cumbre mundial de la innovación para la educación, queterminó el jueves en Qatar.

Margarit, que ha trabajado durante años en impulsar la proyección exterior de la enseñanza española, se mueve con gran naturalidad en los ambientes de este congreso, conversa con unos y con otros y se lleva a España una cartera llena de ideas y proyectos. Realiza para ABC este balance.

—¿Cómo valora usted este acontecimiento?

—Me parece que es importante. Juntan una vez al año a 1.400 personas entre las cuales hay algunas que realmente para hallarlas

Mónica Margarit: «La educación es lo más importante, a veces más que la salud o el agua»
j. grau
Mónica Margarit en Doha

deben de haber hecho un trabajo de campo importante. Es gente relevante, pero que a veces vive en un rincón del mundo y en una pequeña escuela que es muy difícil que alguien conozca. WISE tiene capacidad para hacer aflorar estos proyectos, o estas personas que están produciendo algo diferente, innovador en la educación. Y las ponen en primera línea, las hacen visibles. Ayer hablaba con un profesor de Dunkerke, muy al norte de Francia, y estaba aquí porque había empezado en su escuela a enseñar a los niños a escribir a través de Twitter. Pensó que, como es breve, sería divertido para niños de cinco años. Trabajan la redacción y escriben, por ejemplo: «No me gusta el colegio ni me gustan los deberes». Claro, un docente, que normalmente está acostumbrado a estar aisladísimo en su colegio, en su aula, llega aquí, y se encuentra a 1.400 personas de todo el mundo convencidas de que la educación es fundamental, experimenta una suerte de transformación muy sana. Hay proyectos distintos y casi todos aplicables en cualquier otro sitio, lo que mejora la innovación en la educación en todas partes.

—¿Cuál ha sido el papel de la Fundación Príncipe de Gerona en la WISE?

—Estamos de participantes. La fundación es relativamente joven, hace tres años solo que se creó, y el objetivo fundamental es apoyar a los jóvenes, en todos aquellos aspectos que nos parecen críticos para su futuro. Lógicamente, los aspectos educativos lo son. En España, la tasa de fracaso escolar es muy alta. Estamos empezando a desarrollar un proyecto de éxito escolar a través del deporte. Donde el deporte es la zanahoria que hace que los chicos que están en riesgo entren en un programa en el que los ayudamos a hacer el deporte que quieren, a encontrar el sitio, pero ellos se comprometen a no abandonar y a colaborar en un programa de refuerzo. Además, trabajamos en una línea de fomento del espíritu emprendedor, pero ahí también tenemos un programa de educación, para enseñar lo que es el espíritu emprendedor. José Antonio Marina, tras un congreso que organizamos, está redactando un libro sobre la educación del talento emprendedor.

—¿Es WISE un modelo para vosotros, transportable a la escala nacional?

—Nosotros organizamos un foro que se llama Forum Impulsa, lo que ocurre es que no está centrado únicamente en educación. Sí que traemos innovación, creatividad, pero en todos los ámbitos. Y como aquí, la gente sale con las pilas recargadas, con la sensación de que el cambio es posible, y que se puede innovar, y que se puede adaptar ese proyecto que se ha conocido. Son experiencias que transmiten mucha energía positiva.

—¿Qué es lo que más y lo que menos le ha gustado de esta cita de WISE?

—A mí me gusta mucho la heterogeneidad. Hay gente de bastantes países, algunos mucho más representados que otros, es cierto, pero hay gentes de muchos países, y de perfiles muy distintos. Desde este profesor de Dunkerke, hasta una investigadora australiana que he conocido esta mañana, una psicóloga que ha inventado un sistema para que los niños que no consigan aprender a leer por la vía normal, lo hagan, y por lo tanto dejen de ser agresivos, etc., etc., hasta representantes de agencias que trabajan en temas educativos, tanto en la educación secundaria como en la superior. También hay representantes de gobiernos, de programas gubernamentales. Y luego, debo decir que tienen una gran capacidad para seleccionar ponentes que siempre tienen algo que decir, y casi siempre comunican bien. Utilizan el formato del debate. Y, sobre todo, hay una altísima participación del público. Eligen, finalmente, temas muy de actualidad. Lo más importante es que consiguen en WISE es que por unos días el mundo recuerde que la educación es lo más importante, a veces más que la salud o el agua: si no tenemos educación, no hay futuro ninguno.

—¿Se puede convertir WISE, como dicen algunos, en el equivalente en educación a la cumbre en Davos de economía?

—Sí, puede. Lo que ocurre, lo que yo al menos siento con el pasar de las ediciones, es que cada vez hay menos presencia de la educación universitaria. Lo cual no está mal, ni bien. Es una realidad. Con lo cual no sería todo lo completo que Davos si deja de lado la universidad. Pero de entrada, el premio WISE, medio millón de dólares, es el Nobel de la educación, es el equivalente, por la cuantía, al premio Nobel, que no lo hay para una persona que se haya dedicado a la educación. Las aspiraciones son grandes. Ellos piensan por todo lo alto.

—Este jueves el debate se ha centrado en las relaciones tecnología, profesor, cursos online, cursos presenciales. ¿Qué le ha parecido?

—Hay una idea muy clara. No podemos cerrar los ojos a lo que está pasando y a cómo está cambiando el mundo. Esto tiene necesariamente que generar modelos distintos de enseñar. Modelos distintos de aprender. Y eso es difícil cuando todavía la generación que está enseñando no ha nacido en este nuevo mundo. Claro, los niños que aprenden sí que han nacido en este mundo. Una profesora de Singapur contaba que ellos habían pasado de ser tercer mundo a primer mundo en una generación. Eso les generaba una sensación terrible, porque tenían a unos profesores de una sociedad del tercer mundo enseñando a niños de una sociedad del primer mundo. Singapur es un caso extremo en este sentido. Pero esto se produce de alguna manera a escala global. Por eso creo que los agentes educativos han de ser conscientes de ello, y que sepan adaptarse, con creatividad y con innovación a este nuevo mundo. La jequesa, cuando anunció la iniciativa de escolarizar a 61 millones de niños ahora abandonados a su suerte, dijo que con las fórmulas antiguas no lo iban a conseguir, por mucho dinero que se tenga y que se invierta. Esto es importante. Es una cuestión de innovación.

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