Última revisión martes 10 de mayo de 2011
Es el cambio del hígado enfermo de una persona por otro de un donante (habitualmente una persona fallecida en ciertas condiciones). Existen variaciones, poco habituales: trasplante auxiliar (el hígado del donante se implanta sin extirpar el hígado del enfermo) y trasplante parcial (no se implanta todo el hígado del donante, sino una parte de éste). España es el país del mundo en el que se realizan más donaciones de órganos. Sin embargo, el numero de potenciales candidatos a transplante hepático supera al de donantes. Por ello, se han puesto en marcha programas de transplante hepático de donante vivo. En éste, se extirpa aproximadamente la mitad del hígado a un donante vivo (habitualmente un familiar del receptor) y se le implanta al enfermo. Gracias a la gran capacidad de regeneración del hígado, tanto el donante como el receptor pueden mantener una función hepática normal a largo plazo.
El trasplante hepático está indicado en cuatro grupos de enfermedades, fundamentalmente: insuficiencia hepática aguda grave (hepatitis fulminante), cirrosis hepática, tumores hepáticos (limitados al hígado) y enfermedades metabólicas en las que el hígado produce una sustancia anómala que es responsable de una enfermedad de otro órgano. En general, el trasplante hepático se indica cuando la enfermedad hepática ofrece unas expectativas de vida inferiores a las del trasplante.
El trasplante hepático está absolutamente contraindicado cuando los síntomas que tiene el paciente no son debidos a la enfermedad hepática o cuando el enfermo tiene otras enfermedades que tienen mal pronóstico y no tienen tratamiento. Existen una serie de contraindicaciones relativas: edad relativamente avanzada, diabetes, insuficiencia renal, que aumentan el riesgo tras el trasplante. En los casos en que coinciden varias contraindicaciones relativas, también se contraindica el trasplante.
El rechazo es una complicación importante después del trasplante hepático. Sin embargo, en la actualidad se dispone de un importante arsenal de fármacos inmunosupresores. Estos fármacos disminuyen la reacción inmune del organismo frente a estructuras extrañas, por lo que pueden facilitar las infecciones o el desarrollo de tumores. Los más utilizados de estos fármacos inmunosupresores son ciclosporina, tacrolimus, azatioprina, micofenolato mofetil y glucocorticoides.
La mejora en el tratamiento inmunosupresor y en la técnica, junto con la experiencia acumulada, hacen que los resultados del trasplante hepático hayan mejorado notablemente. La supervivencia al año del transplante en los primeros 300 transplantes realizados en la Clínica Universitaria de Navarra, es del 90% ( el 80% a los 5 años del transplante).
En general, la calidad de vida de los pacientes trasplantados es muy buena. Habitualmente se produce una recuperación completa de los trastornos debidos a la enfermedad hepática, aunque existen casos en que esta enfermedad puede reaparecer en el nuevo higado. Las limitaciones en la actividad habitual que deben llevar suelen ser poco importantes. Sin embargo, no debemos olvidar que requieren tratamiento farmacológico de forma indefinida y que algunos pacientes tienen complicaciones relacionadas con este tratamiento (diabetes, niveles elevados de colesterol, hipertensión arterial, alteraciones de la función renal, osteoporosis) o independientes de éste.
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