Última revisión viernes 24 de junio de 2011
Las hepatitis son un grupo de enfermedades caracterizadas por producir inflamación del hígado. Cuando esta inflamación ha aparecido recientemente hablamos de hepatitis aguda y a los procesos que duran más de seis meses les llamamos hepatitis crónicas.
Numerosas causas son capaces de producir hepatitis, bien como única manifestación o bien en el conjunto de una enfermedad que puede afectar a otros órganos y sistemas. A efectos prácticos, podemos dividir las posibles causas de hepatitis en tres grandes grupos: agentes vivos, fármacos o tóxicos, y un último grupo de enfermedades de causa desconocida, en el que aún tendríamos que incluir el todavía numeroso grupo de enfermos en el que la medicina no es capaz de identificar una causa para su hepatitis.
La hepatitis aguda puede no producir ningún síntoma y pasar desapercibida para el enfermo. En otras ocasiones pueden existir síntomas inespecíficos, como malestar general, cansancio, náuseas. Además, en algunos casos se desarrolla ictericia, es decir, pigmentación amarilla de la piel y las mucosas, que se acompaña de orinas de color oscuro y deposiciones blancas o amarillentas.
Las hepatitis crónicas también se caracterizan por producir muy pocos síntomas y, en muchas ocasiones, se diagnostican de forma casual al realizar análisis por otros motivos. Cuando existen síntomas, los más frecuentes son cansancio, molestias leves en lado derecho del abdomen o trastornos leves de la digestión.
El dato que inicialmente lleva al diagnóstico es el aumento de los niveles en sangre de las transaminasas, enzimas que son liberadas a la sangre por la muerte celular producida por la inflamación del hígado. Esta elevación puede ser muy importante en las hepatitis agudas, y es leve o moderada en las hepatitis crónicas. A partir de ahí, el diagnóstico se completa con otras determinaciones analíticas que, además, ayudarán a encontrar la causa de la hepatitis y su severidad. Para el diagnóstico definitivo, es imprescindible realizar una biopsia hepática, aunque en las hepatitis agudas no es necesaria en la mayor parte de las ocasiones.
Las hepatitis agudas epidémicas, producidas por los virus A y E, nunca se hacen crónicas, y se curan espontáneamente en la mayor parte de los casos, aun cuando menos del 1 por ciento puede tener un curso fulminante que requiera tratamiento urgente e incluso trasplante hepático. La hepatitis B se cura en un 90 por ciento, pero el 10 restante se hace crónica. La hepatitis por virus C se hace crónica hasta en un 80-90 por ciento de los casos. La hepatitis autoinmune es siempre crónica.
Todas las hepatitis crónicas pueden evolucionar hacia una cirrosis hepática, con las complicaciones que de ella pueden derivarse.
Las hepatitis agudas habitualmente no se tratan, debido a que la mayoría se curan espontáneamente. Únicamente hay que seguir su evolución para vigilar si hay casos de evolución muy agresiva o fulminante, y comprobar si se curan o se hacen crónicas.
Las hepatitis crónicas, debido al potencial desarrollo de cirrosis, habitualmente se tratan siempre bajo supervisión del especialista.
Las hepatitis virales son enfermedades transmisibles, y, por tanto, potencialmente se pueden prevenir.
La trasmisión de los virus A y E se produce a través del agua y alimentos contaminados, por lo que una buena higiene en la alimentación y un tratamiento adecuado del agua y los alimentos puede ayudar a prevenir el contagio. Además, para el virus de la hepatitis A existe una vacuna muy eficaz que ya se está empezando a incluir en los calendarios de vacunación.
Los virus B, C y delta se transmiten por la sangre y por las relaciones sexuales. Los bancos de sangre examinan todas las muestras para descartar la infección por estos virus, por lo que el contagio se ha reducido enormemente en los últimos años. Existe una vacuna muy eficaz y segura que previene la infección por el virus B y, consiguientemente, la sobreinfección por virus delta que sólo ocurre en portadores del virus B. Esta vacuna está ya incluida en el calendario vacunal.
Desgraciadamente no existe todavía vacuna que prevenga la infección por el virus C.
Las hepatitis autoinmunes, de causa desconocida, no pueden prevenirse.
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