Última revisión lunes 18 de julio de 2011
Terapia familiar con ayuda del psiquiatra. El Hospital 12 de Octubre de Madrid ha puesto en marcha una iniciativa pionera para tratar los problemas de adicción que busca una mayor implicación de los familiares de los adictos al juego, al alcohol o las drogas .
Faltan diez minutos para empezar la sesión y el doctor Guillermo Ponce está inquieto. «Quince personas han llamado confirmando su asistencia, ahora hay que ver cuántas aparecen», dice. Ponce, psiquiatra adjunto en la Unidad de Alcoholismo y Patología Dual del Hospital 12 de Octubre de Madrid, coordina junto a los doctores Gabriel Rubio y Mª Isabel Martínez un programa piloto que consiste en reunir, no a pacientes con adicción, sino a sus familiares. El objetivo del programa, organizado junto a la Oficina Regional de Salud Mental, es, para Ponce, «hacer una demostración científica y pública de algo que sabemos en el día a día: los beneficios que tienen para los pacientes la interacción entre las asociaciones y nosotros. Muchos pacientes necesitan una atención médica de forma urgente y es vital establecer una comunicación rápida y eficaz». Y el éxito de esta comunicación pasa por fortalecer las redes que existen alrededor del adicto, formadas por familiares y asociaciones de ayuda.
Estas asociaciones han demostrado ser un valor seguro en la rehabilitación de alcohólicos, ludópatas o drogodependientes, sin embargo, «cuando atendemos en consulta a estos pacientes y les sugerimos que acudan a ellas, no siempre nos hacen caso», explica la doctora Martínez. «Es muy eficaz que los pacientes mantengan un seguimiento indefinido en la asociación», añade Ponce. Por ello, es crucial que la primera sesión tenga éxito y logre hacer que los familiares se involucren y acudan a las siguientes. De ahí la inquietud del médico. La primera fase del programa consiste en reunir a los familiares una vez por semana, «enseñándoles conceptos elementales, una fase psicoeducativa que derive en una dinámica de autoayuda entre los familiares », dice Martínez. Para el doctor Guillermo Ponce, otros objetivos son «mejorar la comprensión de la adicción, ayudar a los familiares a detectar signos de recaída y, finalmente, ponerlos en contacto con las asociaciones».
Minimizar el efecto nocivo
Esta primera sesión tiene lugar en una sala del edificio de Medicina Comunitaria del 12 de Octubre decorada con dibujos hechos por niños. De las quince personas que confirmaron su asistencia han aparecido finalmente doce. Buena noticia. El doctor Ponce se dirige a Santi, uno de los asistentes. Su hermano es adicto al alcohol y a la cocaína. Es el único varón, el resto son mujeres. Según la doctora Martínez, más del 80 por ciento de los pacientes que acuden a las sesiones de terapia contra la adicción son hombres. Pero esta sesión representa precisamente el otro lado del espejo, donde la mayoría es femenina y está formada por las esposas, mujeres o hijas de esos adictos.
Ponce se sitúa en el centro y comienza su intervención. Explica los objetivos del programa: darles la capacidad de influir positivamente en la adicción, que quiere minimizar el efecto nocivo que ésta tiene sobre ellos. Como cabría esperar, los asistentes se muestran cautos al principio, silenciosos. Ninguno de ellos ha participado antes en una sesión de este tipo. Para ganarse su confianza, el doctor les dice que él también sufre una adicción (a la nicotina). La estrategia funciona y una mujer, María José, hace la primera pregunta: «¿Es importante saber por qué ha ocurrido el accidente?». «Lo importante es saber por qué se mantiene», le responde Ponce.
La dinámica de la sesión no es muy diferente de una reunión de Alcohólicos Anónimos, si bien aquí no se dan ninguna de las dos condiciones en los asistentes. La diferencia más notable es que aquí las experiencias con el alcohol, el juego o las drogas se relatan, no en primera, sino en tercera persona. Tras la primera pregunta, comienzan a escucharse otras voces. Da la sensación de que el hielo se ha roto más rápido de lo que los doctores esperaban. En la sala late una enorme necesidad de comunicar y también de ser escuchado. Toñi cuenta su historia, es camarera y su marido, también camarero en el mismo establecimiento, es adicto al alcohol y al juego. El jefe le llamó la atención un día en que las cámaras del bar pillaron a su marido metiendo mano en la caja. Los demás escuchan atentamente a Toñi y otra señora le comenta: «Mi hijo hace lo mismo».
De acuerdo con los doctores, experiencias similares se han probado con anterioridad en Estados Unidos, pero nunca en Europa o España. «No creo que estemos empezando nada de cero», reconocía Ponce minutos antes de comenzar la sesión, «ya que muchas de las dinámicas ya se venían haciendo, tenemos una relación estrecha con las asociaciones y recomendamos a los pacientes y a los familiares que acudan allí. Es decir, intentamos que el tratamiento farmacológico se complemente con un tratamiento de psicoterapia, de interacción». La estructura de este programa favorecerá que las familias se integren en las primeras fases de recuperación de los pacientes adictos. «He perdido la esperanza» Las historias siguen brotando en la sala, cada vez con menos timidez. «Mi marido perdió 90 millones de pesetas jugando a la primitiva y la bonoloto», dice una señora.
«Mi hijo juega y he perdido la esperanza en él, le pongo trampas en casa con monedas de un euro», replica otra. Las historias personales se alternan con dudas hacia el personal médico, que el doctor Ponce resuelve en su mayoría con un «ya lo iremos viendo en las próximas semanas». Al finalizar la reunión, algunos asistentes afirman su intención de volver. Otros, los menos, dicen que igual tienen cosas que hacer. «¿Debería decirle a mi marido que estoy viniendo a estas sesiones? », pregunta María José. «De momento, podemos no decirles nada. Les mentiremos, como ellos hacen con nosotros», responde el psiquiatra Guillermo Ponce estableciendo cierta complicidad con los asistentes.
Asociaciones de ayuda
El último informe del Observatorio Europeo de las Drogas cifra en un 3.1% el porcentaje de españoles que consumieron cocaína en el último año, el más alto de Europa. Además, según datos de la Red de Centros de Alternativas Psicosociales (Red CAPA) el porcentaje de bebedores de riesgo en España se sitúa entre el 2% y el 7%, la mitad de los cuales son dependientes. Esta red de centros de la Federación de Alcohólicos de Madrid colabora en este nuevo programa del 12 de Octubre. Más información en: www.facoma.es Teléfono (91) 468 17 29
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