Última revisión jueves 21 de julio de 2011
The Lancet, una de las revistas más prestigiosas en el ámbito de la medicina, ha publicado esta semana, coincidiendo con la celebración de la VI Conferencia de la Sociedad Internacional del Sida en Roma (Italia), un editorial en la que subrayaba la perentoria necesidad de la expansión del acceso al tratamiento del VIH como «una estrategia de prevención» para detener la pandemia del VIH.
El artículo, firmado Julio Montaner, director del Centro para la Excelencia en VIH/sida de la Columbia Británica (Canadá) refuerza en gran medida la opinión de que los beneficios de la terapia antirretroviral altamente activa (TARGA) se extienden más allá de su eficacia para prevenir el desarrollo de la enfermedad y prolongar la vida de la persona con el virus, sino también para reducir drásticamente la transmisión del VIH.
Basado en su efectividad en la reducción de la transmisión, demostrada en múltiples estudios, Montaner hace un llamamiento a la comunidad internacional para que apoye el empleo de la TARGA como una estrategia de prevención. «El tratamiento como prevención es una de las incorporaciones más importantes y prometedores en la gama de estrategias de prevención disponibles actualmente», subrayó Elly Katabira, Presidente de la Sociedad Internacional del Sida.
El tratamiento actual reduce el nivel de VIH en sangre hasta niveles indetectables, lo que mejora la salud de las personas con VIH y, al mismo tiempo, disminuye la cantidad de virus lo que limita la probabilidad de transmisión del VIH en más del 90%. «La evidencia es clara: la terapia actual reduce la morbilidad, la mortalidad y la transmisión. Además, ahora tenemos pruebas suficientes y convincentes de que el tratamiento previene la transmisión del VIH durante el embarazo y la lactancia. El desafío sigue siendo optimizar el impacto de esta valiosa intervención. De lo contrario, no es una opción».
Tratamiento 2.0
En este sentido, un reciente trabajo de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE.UU. demostró que el uso inmediato de la TARGA causaba una disminución del 96% en el riesgo de transmisión del VIH entre parejas heterosexuales en las que uno era portador del VIH. «Estos resultados son un gran avance científico y un elemento de cambio en la respuesta al VIH», afirma Michel Sidibé, director ejecutivo del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA). «Debemos aceptar el tratamiento como parte de una estrategia de prevención combinada para lograr disminuir la tasa de nuevas infecciones y de muertes relacionadas con el VIH y el sida a cero».
De hecho, el pasado año ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud ()MS) anunciaron una iniciativa denominada Tratamiento 2.0 en la que el tratamiento como prevención era uno de los pilares de la estrategia global para responder al VIH. China se convirtió en febrero de 2011 en el primer país en incorporar el tratamiento como prevención como parte de sus programas nacionales para el control del VIH/SIDA para los próximos cinco años.
Futuro
Una década después de que comenzaran las iniciativas de la terapia antirretroviral en los países en desarrollo, el número de personas infectadas con VIH que reciben tratamiento antirretroviral ha aumentado significativamente. Los datos más recientes estiman que seis millones de pacientes infectados por VIH están siendo tratados con antirretrovirales y que cuatro millones y medio de ellos viven en el África subsahariana. Sin embargo, tal y como se ha reconocido en la conferencia de Roma, existen todavía muchos retos en estos países: financiación para la sostenibilidad de los programas de tratamiento, especialmente en el contexto actual de crisis económica; la elevada incidencia de la mortalidad y morbilidad en el primer año después del inicio de la terapia; el número creciente de pacientes infectados por VIH que no responde ya a la terapia de primera línea y necesitan nuevas opciones (el costo de la segunda línea es de cuatro a cinco veces mayor); la falta de seguimiento de los tratamientos de los pacientes por falta de un sistema sanitario (un 25%-30% de los pacientes con VIH lo dejan al cabo de12-24 meses), o la inestabilidad sociopolítica, crisis humanitarias y desastres naturales que asolan a estos países.
Algunos datos recientemente publicados corroboran estas necesidades. Por ejemplo, según un estudio de la revista PLoS Medicine, sólo un tercio de los pacientes con VIH África subsahariana reciben atención médica antes de iniciar el tratamiento, lo que dificulta una de las premisas del tratamiento para el VIH, que es el inicio precoz del mismo. Los autores de trabajo sostienen que esta situación se resolvería si mejoran los sistemas de atención sanitaria que «permitan que las personas con VIH reciban el tratamiento médico adecuado».
Esperanza de vida
Y es que el beneficio de la terapia en países pobres es indiscutible. Lo último ha sido un estudio publicado en Annals of Internal Medicine en el que sus autores subrayan la necesidad de financiar y ampliar los programas simplificados de VIH que ofrecen importantes beneficios para la salud en contextos con pocos recursos debido que dicho estudio muestra que los pacientes en África que reciben tratamiento antirretroviral pueden tener una esperanza de vida casi normal. El trabajo es el primer análisis a gran escala que analiza la esperanza de vida en África de los pacientes con VIH en tratamiento antirretroviral y muestra variaciones significativas entre los subgrupos de pacientes. Por ejemplo, las mujeres tienen una esperanza de vida significativamente mayor que los hombres, y, en todos los participantes, el inicio temprano del tratamiento se asociaba con una mayor esperanza de vida. «El diagnóstico del VIH en entornos con recursos limitados ya no debe ser considerado una sentencia de muerte», dice el investigador principal del estudio, Edward Mills, de la Universidad de la Columbia Británica. «Las personas con VIH deberían planificar y prepararse para una vida larga y satisfactoria».
Los autores creen que el estudio, realizado en Uganda sobre 22.315 personas con VIH que recibían tratamiento, refleja la situación de muchos otros lugares en África. «Nuestros resultados son una prueba más de que la inversión global para tratar el VIH está funcionando», afirma Mark Dybul, de la Universidad de Georgetown (EE.UU.).
En Uganda, la esperanza de vida al nacer es de aproximadamente 55 años y aumenta a medida que los individuos sobreviven a momentos clave. La esperanza de vida a la edad de 20 años para los integrantes del estudio en tratamiento era de un 26.7 años más y de 27.9 años más a los 35 años.
«Estos beneficios sólo se mantendrán si se continúa el apoyo al tratamiento antirretroviral por parte de la comunidad internacional y los gobiernos nacionales», afirma Jean Nachega, director del Centro de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Stellenbosch, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica).
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