Última revisión miércoles 01 de junio de 2011
Si una imagen es más efectiva que mil palabras, una sucesión de ellas, como la película «El discurso del rey», ha sido la mejor forma de «naturalizar» la tartamudez, asegura Adolfo Sánchez, presidente de la Fundación Española de la Tartamudez (TTM). «Salí del cine emocionado», recuerda. Muchas de los detalles que allí se escenificaban los conocía bien porque los había experimentado desde la niñez. El esfuerzo personal, como el que hacía el rey Jorge VI, asegura, es la única fórmula para que la disfemia como se conoce a este trastorno de la fluidez verbal interfiera al mínimo en la vida cotidiana: «Varitas mágicas o pastillas milagrosas no existen. La tenacidad es fundamental».
Sigue siendo tan difícil como a principios de siglo encontrar un terapeuta del habla, explica Adolfo Sánchez. En España son los logopedas, pero este trastorno se ve en una asignatura optativa durante la carrera, y en muchos casos no saben cómo enfrentarse a él, aclara. Y no es un problema exclusivo de nuestro país. La tartamudez no es una enfermedad, explica el doctor Emilio Fernández, consultor del Servicio de Neurología del Hospital de San Juan de Dios de Barcelona: «Es un problema de bloqueo o repetición de sílabas, que si es importante va acompañado de gestos o expresiones al inicio de la palabra. El lóbulo frontal izquierdo del cerebro, responsable de la fluencia de las sílabas, no funciona correctamente, como se ha visto mediante resonancia magnética funcional». Pero puede convertirse en enfermedad psicológica grave, advierte Sánchez: «dependiendo del grado de severidad. El 80% de las personas con tartamudez están en el paro, algunos con dos titulaciones son reponedores en un supermercado, porque no han pasado la entrevista personal. La discriminación es enorme». La intervención psicológica es una gran ayuda para manejar la frustración que estas situaciones generan.
Hasta los seis años no se puede hablar realmente de tartamudez, precisa Anna Civit Canals, decana del Colegio de Logopedas de Cataluña y Presidenta del Consejo General de Colegios de Logopedas. Puede ser una tartamudez evolutiva, que desaparece con el tiempo. Pero hay que consultar, advierte: «Hay una parte genética que pesa. Si hay familiares con ese problema, el niño tiene que ser seguido». Y la carga genética es mayor para los niños, que padecen disfemia con mayor frecuencia que las niñas. Un 5% de los menores de seis años la padecen de forma transitoria y en la mayoría desaparece, explica el doctor Fernández. Sólo en uno de cada cinco se cronifica y persiste en la edad adulta.
Las claves para distinguirlo las apunta Adolfo Sánchez: «El niño parpadea, le tiemblan los labios, se le hinchan las venas o hace un gesto espasmódico para salir del bloqueo». Con una o dos de estas características hay que llevarlo cuanto antes al logopeda para que le enseñe la mecánica del lenguaje. Y los padres, al psicólogo, para que aprendan a interactuar con su hijo. Un niño con 3 ó 4 años sólo es consciente de que es tartamudo cuando los adultos le piden que repita y le terminan las frases. La detección precoz y la actuación en la edad temprana es fundamental para atajar el problema. Y eso sólo se consigue cuando los padres no lo ocultan y no se avergüenzan de tener un hijo que tartamudea, porque en el peor de los casos, si no remite, no pasa nada», señala por la experiencia de su hijo. No hay un tratamiento de referencia, señala Anna Civit, aunque en los últimos años, el método Lidcombe llegado de Australia otra coincidencia con la película está teniendo bastante relevancia. «El tratamiento lo hacen los padres en casa, mediante el juego, previa formación y supervisados por un logopeda que les orienta en sesiones semanales». Claudia Groesman, secretaria de la TTM precisa que «sirve para reforzar la fluidez sin que el niño se de cuenta. No se trata de corregir sino de jugar». Esfuerzo sostenido Curiosamente, cantar o declamar no es un problema. «Las estructuras cerebrales son diferentes que las del habla. Cuando lo que se dice tiene un fondo de tipo musical desaparece el bloqueo», aclara el doctor Fernández. «Tienen en cuenta el ritmo, la melodía, la prosodia y hacen pausas. La coordinación respiratoria es perfecta», añade Civit. Gracias a esto pueden subirse a un escenario, explica Alfonso Sánchez: «Estrenamos en Barcelona "Vidas melódicas»", interpretada por veinte actores tartamudos. Ninguno se bloquea en el escenario. Después hablas con ellos y algunos tienen una tartamudez severísima». Aunque fuera del escenario mantener todas estas pautas de forma habitual requiere un esfuerzo que entre amigos o en familia se suprime. Pero esta disciplina da resultado en reuniones de trabajo. Hasta el punto de poder hacer su propio discurso.
Cómo actuar
1. Evitar correcciones como: «habla más despacio», «no te pongas nervioso», sólo consiguen que la situación de habla se haga más tensa y desagradable.
2. No le «ayudes» completándole la palabra ni la frase.
3. Mantén el contacto visual y no te avergüences, ni te burles de la situación.
4. Cuando hables, utiliza un ritmo pausado y tranquilo.
5. Transmitir al niño que lo importante es lo que dice y no cómo lo dice.
6. Cuando el niño salga del bloqueo o hable con fluidez, no le digas «lo hiciste bien», «te felicito, estás hablando mucho mejor». Esto hace que se sienta evaluado cada vez que habla.
7. Cuando hables con un niño que tartamudea, compórtate igual que lo harías con cualquier otro. Esta es la «mejor ayuda» que le puedes brindar.
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