Última revisión martes 26 de julio de 2011
Los genes parecen ser importantes en el riesgo de sufrir un infarto, pero no tanto en el de padecer un ictus. Así al menos se asegura en dos investigaciones publicadas en Circulation, cuyos resultados pueden tener implicaciones importantes para avanzar en el conocimiento de la genética del accidente cerebrovascular o ictus y, por consiguiente en su prevención y tratamiento.
En el primer estudio, los investigadores vieron que «que la asociación entre las personas cuyos padres había sufrido un ataque cardiaco y el riesgo de padecerlo es mucho mayor que la que existe en el caso de un ictus», indica Peter M. Rothwell, de la Universidad de Oxford (Inglaterra). Eso sugiere que existe una menor susceptibilidad genética en el riesgo de ictus.
En un segundo análisis, que incluyó a los hermanos de los pacientes y a su padres, se observó el mismo resultado: la historia familiar resultó ser un factor predictivo de riesgo más fuerte para un ataque al corazón que para el ictus.
Predisposición genética
Rothwell y sus colegas realizaron el estudio para aclarar y confirmar la evidencia que sugiere que existe una gran diferencia en la predisposición genética entre los ataques cardíacos y el ictus. La hipertensión parece estar estrechamente relacionada con el ictus, pero no así con un ataque al corazón, por lo que una historia familiar de hipertensión estaría relacionada con un mayor riesgo de ictus.
Los datos proceden del estudio Oxford Vascular (OXVASC). Los investigadores utilizaron a 906 pacientes (604 varones) con enfermedades del corazón graves y 1.015 pacientes (484 varones) que había sufrido eventos agudos cerebral.
Los resultados del estudio mostraron que:
En los pacientes con problemas cardiacos, el 30% tenía un padre que había tenido un ataque al corazón; el 2% tenía al menos un hermano que había sufrido un ataque al corazón; el 7% tenía dos o más hermanos que sufrieron ataques cardíacos, y un 5% tenía dos padres con un ataque al corazón.
Entre los pacientes que había sufrido ictus isquémico o ataques transitorios, el 21% tenía un padre que tuvo un derrame cerebral; un 2% tenía dos padres con un accidente cerebrovascular; 8% tenía al menos un hermano con un accidente cerebrovascular, y 14% tenía al menos dos hermanos con un accidente cerebrovascular.
El riesgo de padecer un evento coronario agudo era 6 veces mayor si ambos padres habían sufrido un ataque al corazón y uno y medio veces mayor si uno de ellos tuvo un ataque al corazón. Por el contrario, la probabilidad de accidente cerebrovascular no cambió significativamente con la presencia de historial paterno de accidente cerebrovascular.
Pruebas más dirigidas
Los resultados, a la espera de ser confirmados, tienen dos implicaciones importantes, afirma Rothwell. «En primer lugar, permitirá a los médicos predecir las probabilidades de una persona sana de sufrir un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular. En la actualidad, la mayoría de los modelos son globales, e incluyen ambas patologías. Probablemente deberíamos hacer un modelo para el accidente cerebrovascular y otro para los ataques al corazón».
Los nuevos datos también indican que el uso de los mismos criterios para predecir los eventos médicos sobreestiman el riesgo de accidente cerebrovascular.
Tratamiento
En otro trabajo que se publica en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) se informa sobre un posible tratamiento para el ictus, Se trata de una sustancia natural que reduce el tamaño de las lesiones provocadas por el ictus en ratones. La sustancia, la alfa-B-cristalina, actúa como un freno sobre el sistema inmunológico, disminuyendo los niveles de moléculas inflamatorias, cuyas acciones son responsables de un daño cerebral importante más allá de los causados por la falta de oxígeno inicial de un accidente cerebrovascular. El hallazgo puede tener un gran potencial para el tratamiento del ictus y de sus secuelas, aunque todavía está en fase experimental.
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