Última revisión martes 28 de junio de 2011
Algunos fármacos antirretrovirales que se emplean para tratar la infección por VIH podría producir un daño celular y acelerar el envejecimiento de las personas con VIH. Los datos de un trabajo publicado en Nature Genetics sugieren que los análogos de los nucleósidos de transcriptasa reversa, una familia de fármacos que se utiliza contra el VIH, dañan el ADN en la mitocondria de los pacientes, que es la "batería" que brinda energía a las células, pudiendo causar envejecimiento prematuro.
Sin embargo, un aspecto muy relevante del estudio que subrayan su autores, del Instituto de Medicina Genética de la Universidad Newcastle, es que este efecto únicamente se ha encontrado en la versión genérica de estos medicamentos. Por eso consideran poco probable que los últimos cócteles de medicamentos fabricados por farmaceúticas como Gilead, Merck, Pfizer y GlaxoSmithKline (GSK) generen niveles similares de daño, pues se les considera menos tóxicos para la mitocondria. No obstante, apunta, este asunto requiere de más investigaciones para estar seguros de ello. Según los datos del estudio coordinado por Patrick Chinnery, "estos efectos colaterales tardan en hacerse visibles, por lo que hay interrogantes sobre el futuro y sobre si los fármacos más nuevos pueden causar este problema". "Creemos que es menos probable, pero no lo sabemos, porque no hemos tenido tiempo de verlo", puntualiza.
Se estima que los pacientes infectados por el VIH envejecen entre 10 y 15 años más rápido que la población sana debido a varios factores, como los efectos secundarios de los fármacos que se utilizan y los residuos del propio virus. Los resultados de este nuevo trabajo ayudan a explicar por qué las personas con VIH tratadas con antirretrovirales más antiguos a veces muestran signos avanzados de fragilidad y enfermedades como cardiopatías o demencia a edad temprana, señalaron los investigadores.
"El ADN en nuestra mitocondria es copiado a través de nuestra vida y, a medida que envejecemos, naturalmente acumula errores", explica Chinnery, quien cree que estos fármacos para el VIH "aceleran la tasa en la cual se acumulan esos errores". "Por lo tanto, en el lapso de, digamos, 10 años, el ADN de la mitocondria de un paciente habría acumulado la misma cantidad de errores que quien naturalmente ha envejecido 20 o 30 años", agregó.
Imprescindibles en África
Esta familia de fármacos NRTI supuso un gran avance en el tratamiento del VIH cuando aparecieron en el mercado a finales de los años 80. Prolongaron la vida de los pacientes y ayudaron a hacer del VIH una enfermedad crónica tratable, en lugar de una sentencia de muerte, como era en los comienzos de la epidemia. La preocupación sobre su toxicidad, sobre todo con su uso prolongado, implica que ahora sean menos utilizados en los países ricos, donde han sido reemplazados por combinaciones de fármacos contra el VIH más caros y con menos efectos colaterales.
Sin embargo, en los países más pobres, donde el acceso a genéricos más económicos suele ser la única opción para que los pacientes con VIH reciban tratamiento, su uso es aún relativamente amplio. En 2009, unos 33,3 millones de personas en todo el mundo eran portadores del VIH, según las últimas estadísticas disponibles de Naciones Unidas. Unos 22,5 millones de ellos viven en África.
Según Brendan Payne, de Newcastle's Royal Victoria Infirmary, quien también trabajó en el estudio, "estos fármacos no serán perfectos, pero se debe recordar que, cuando aparecieron, dieron a las personas unos 10 o 20 años adicionales (de vida), cuando de otra forma hubiesen muerto".Por eso, en África, donde la epidemia de VIH ha impactado con más fuerza y donde las medicinas más costosas no son una opción, "son una necesidad absoluta", agregó.
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