Salud

La función oculta de la hormona del amor

La oxitocina juega un papel relevante en la aparición del autismo, pero ahora se ha visto que también es fundamental en los mecanismos de recompensa ante estímulos positivos

Estar con amigos nos hace felices. FOTOLIA
Estar con amigos nos hace felices. FOTOLIA
E. ORTEGA - Actualizado: Guardado en: Salud

La oxitocina, conocida como la «hormona del amor», tiene más repercusiones en nuestras interacciones sociales de lo que se creía. Según un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford (EE.UU.) la «hormona del amor» juega un papel relevante en la formación y mantenimiento de los lazos que se crean entre una madre y un hijo, así como en los apegos sexuales. Lo que hasta ahora no estaba claro era qué rol tenía en otros aspectos de la socialización.

En un estudio publicado en la revista Nature, los expertos sugieren que el papel de la oxitocina en las relaciones personales pudo haber evolucionado hacia áreas relacionadas con la afinidad grupal. Los resultados de la investigación abren las puertas a posibles nuevos tratamientos para el autismo y otros trastornos neuropsiquiátricos como la esquizofrenia.

La oxitocina es el centro de un intenso estudio por su aparente papel en el establecimiento de las relaciones personales; de hecho, ya se ha administrado a niños con trastornos del espectro autista en ensayos clínicos con resultados dispares. Así, otro trabajo también publicado en Nature hace un mes mostraba que la oxitocina podría jugar un papel relevante en la aparición del autismo al ser la encargada de reducir el ruido de fondo cuando se tiene una conversación con otra persona, por lo que «aumenta la intensidad de las señales deseadas». En este sentido, el estudio, explicaba que esta hormona «tiene un efecto notable sobre el paso de la información a través del cerebro», y que en en las personas con autismo, se da la circunstancia contraria, ya que «se distraen fácilmente por las características extrañas de su entorno».

Recompensa

Lo que este nuevo estudio explica es la forma única en la que la oxitocina altera la actividad en una parte del cerebro que es crucial para experimentar las sensaciones agradables que los neurocientíficos llaman «recompensa». Los resultados no sólo corroboran la validez de los ensayos con oxitocina en personas autistas, sino que también sugieren posibles nuevos tratamientos para enfermedades neuropsiquiátricas en las que la actividad social se ve deteriorada.

«Las personas con trastornos del espectro autista pueden no experimentar la recompensa normal que tenemos el resto de las personas al reunirnos con nuestros amigos», explica Robert Malenka, autor principal del estudio. «Para ellos, las interacciones sociales pueden ser muy dolorosas. Así que nos preguntamos, ¿qué hace que nuestro cerebro disfrute de pasar un rato con los amigos?».

Algunas evidencias genéticas sugieren que la incomodidad ante la interacción social, una característica de los trastornos del espectro autista, puede estar, al menos en parte, relacionada con la oxitocina.

Malenka lleva dos décadas estudiando el sistema de recompensa -una red de regiones cerebrales interconectadas responsables de nuestra sensación de placer en respuesta a una variedad de actividades, como la búsqueda o comer comida cuando tenemos hambre, dormir cuando estamos cansados, tener relaciones sexuales o la adquisición de un compañero, o bien, en un giro patológico, el consumo de drogas adictivas. El sistema de recompensas ha evolucionado para reforzar los comportamientos que promueven nuestra supervivencia, dijo.

Combinada con antidepresivos

En investigaciones con roedores, conocidos por ser monógamos, se había especulado que la oxitocina podía estar involucrada en este tipo de fenómeno. Pero esta hipótesis era confusa en otros mamíferos, sobre todo en el que más se usa para la investigación científica: el ratón. «En realidad no se sabía lo que intercedía para tener una recompensa social y ni siquiera era seguro que la oxitocina jugara un papel, debido a que los ratones no se casan. Los ratones no buscan una pareja y se quedan con ella de por vida, son promiscuos», explicó a BBC Malenka. «Lo que sugiere este estudio es que quizás la oxitocina, en combinación con pequeñas dosis de antidepresivos, puede funcionar bien. Esto podría ser un tratamiento rápido para problemas sociales que tienen personas con autismo o esquizofrenia».

Así que Malenka, junto con Gül Dolen, líder del estudio, y otros colegas de Stanford, se lanzaron a la tarea de desentrañar las complicaciones neuropsicológicas que respaldan el papel de la hormona del amor en las interacciones sociales. Para ellos se centraron en los acontecimientos biomecánicos que tienen lugar en una región del cerebro llamada núcleo accumbens, crucial para los sistemas de recompensa.

«Está claro que a los ratones les gusta pasar el rato con los demás, como nosotros, presumiblemente por una cuestión de supervivencia, para protegerse de depredadores o conseguir alimento con mayor facilidad. Pero también juegan, les gusta jugar -señala Malenka-. Así que la pregunta es por qué les gusta pasar un rato con los demás y por qué es gratificante». Así que hicieron un experimento de comportamiento en el que preguntaron -en sentido figurado- a los ratones si querían estar con sus amigos o solos. «Y su comportamiento nos dijo que sí querían estar con los amigos».

Los expertos descubrieron que los ratones sí tienen receptores de oxitocina en un lugar clave del núcleo accumbens y que el bloqueo de esta hormona disminuye significativamente el apetito de socialización de estos animales. «Esta era nuestra predicción: la oxitocina en el núcleo accumbens era requerida para la satisfacción social», explica Malenka.

Serotonina

La gran sorpresa era que no actuaba sola. «La oxitocina causa la liberación de otro químico del cerebro muy importante llamado serotonina». Esto quiere decir que, de acuerdo con el experto, es la acción combinada de la oxitocina y la serotonina lo que se necesita para la recompensa social.

La aparición de la serotonina en la ecuación fue lo que más sorprendió a los investigadores, pues este químico no sólo está implicado en los comportamientos relacionados a la recompensa sino también en aspectos como la regulación del ánimo.De hecho, los antidepresivos más populares, pertenecen a una clase de fármacos conocidos como inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, que aumentan las cantidades disponibles de serotonina en varias regiones del cerebro, incluyendo el núcleo accumbens.

Los hallazgos de este estudio no sólo ofrecen validez a las pruebas que ya se están haciendo con oxitocina en pacientes autistas, sino que también sugiere posibles nuevos tratamientos para este tipo de trastornos neuropsiquiátricos en que se deteriora la actividad social. «Lo que sugiere este estudio es que quizás la oxitocina, en combinación con pequeñas dosis de antidepresivos, puede funcionar bien. Esto podría ser un tratamiento rápido para problemas sociales que tienen personas con autismo o esquizofrenia».

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