EJERCICIO FÍSICO

Tener una baja forma física es, tras el tabaco, el principal factor de riesgo de muerte

El riesgo de mortalidad asociado a una baja capacidad aeróbica es mayor que el observado con la hipertensión arterial o con la hipercolesterolemia

A mayor actividad física, menor mortalidad
A mayor actividad física, menor mortalidad - ARCHIVO

El ejercicio físico, no cabe ninguna duda, es bueno para la salud. De hecho, cada vez es mayor el número de estudios que muestra que mantener una buena forma física protege frente al desarrollo de numerosas enfermedades, caso entre otras muchas de las cardiovasculares y de distintos tipos de cáncer. Sin embargo, la importancia de este ejercicio físico para ir mucho más allá. Y es que como muestra un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Academia Sahlgrenska de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), el tener una baja forma física se presenta, tras el tabaquismo, como el segundo factor de riesgo más importante para el desarrollo de una enfermedad cardiovascular y para la mortalidad en general.

Como explica Per Ladenvall, director de esta investigación publicada en la revista «European Journal of Preventive Cardiology», «los beneficios de mantenerse físicamente activos a lo largo de la vida son muy claros. De hecho, tener una baja capacidad física es un riesgo de mortalidad mayor que unas cifras elevadas de presión arterial o unos niveles elevados de colesterol».

Hay que hacer ejercicio

Para llevar a cabo la investigación, los autores evaluaron los historiales médicos de 792 varones incluidos en el ‘Estudio de Varones Nacidos en 2013’, un trabajo llevado a cabo en 1963 con el objetivo de analizar los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y de mortalidad en hombres a la edad de 50 años.

Concretamente, los autores se centraron en los resultados alcanzado con los 656 varones que, ya en el año 1967 –es decir, cuanto contaban con 54 años de edad–, se sometieron a una prueba de ejercicio intenso para establecer su consumo máximo de oxígeno (VO2), esto es, el volumen máximo de oxígeno en sangre que el organismo es capaz de transportar y metabolizar en un tiempo determinado. Y llegados a este punto, ¿qué sucedió con los 136 participantes restantes? Pues que los investigadores consideraron que tenían un estado de salud tan ‘malo’ que el hecho de someterles a la prueba podía poner en riesgo sus vidas.

Como destaca Per Ladenvall, «el VO2 máximo es una medida de la capacidad aeróbica, y cuanto mejor es el resultado, mejor es la forma física de la persona».

Tener una baja capacidad física es un riesgo de mortalidad mayor que la hipertensión o la hipercolesterolemiaPer Ladenvall

Posteriormente, todos los participantes fueron sometidos a distintos exámenes físicos cada 10 años hasta el momento de su fallecimiento o hasta cumplir la edad de 100 años –en el año 2012.

En función de los resultados alcanzados en la prueba de consumo máximo de oxígeno, los participantes fueron divididos en tres grupos –o terciles–: hasta 2,00 l/min; hasta 2,26 l/min; y hasta 2,56 l/min. Y una vez analizados los historiales médicos de todos los participantes, los autores pudieron establecer que, comparado frente al siguiente tercil, la inclusión en un grupo con un menor VO2 máximo se asoció con riesgo hasta un 21% mayor de mortalidad durante los 45 años de seguimiento del estudio. Un incremento del riesgo, además, que resultó independiente de otros factores como el hábito tabáquico o los niveles de presión arterial o de colesterol en sangre.

Como destaca Per Ladenvall, «nuestros hallazgos muestran que una baja capacidad aeróbica se asocia con una mayor tasa de mortalidad. Además, la asociación entre la capacidad de ejercicio y la mortalidad por cualquier causa tuvo un carácter gradual, con el mayor riesgo en el tercil con la menor capacidad aeróbica máxima. Tal es así que el efecto de la capacidad aeróbica sobre el riesgo de mortalidad es únicamente inferior al observado en el caso del tabaco».

Ni fumadores ni sedentarios

En definitiva, fumar no es claramente perjudicial. De hecho, se trata del peor hábito que, en relación con la salud, puede asumir una persona. Pero parece que la falta de ejercicio físico no es mucho peor.

Como concluyen los autores, «hace mucho tiempo que iniciamos el camino para reducir el tabaquismo. El próximo reto que se nos plantea será mantenernos físicamente activos para, así, reducir el sedentarismo».

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