DIETA SIN GLUTEN

Los niños sin celiaquía no deberían seguir una dieta sin gluten

Adoptar una dieta sin gluten podría tener más riesgos que beneficios para las personas sin enfermedad celiaca, sobre todo en el caso de los niños

El gluten es una proteína presente en los cereales, caso del trigo
El gluten es una proteína presente en los cereales, caso del trigo - ARCHIVO

El gluten es una proteína presente en los cereales, principalmente en el trigo, la cebada y el centeno, que confiere elasticidad a la masa de la harina y es responsable de la consistencia elástica y esponjosa de los panes y masas horneadas. Una proteína, sin embargo, que no pueden consumir las personas con enfermedad celiaca –o celiaquía–, trastorno de carácter autoinmune causado directamente por una intolerancia permanente al gluten y cuya prevalencia ha crecido notablemente en los últimos años. De hecho, se estima que ya a día de hoy un 1% de la población de nuestro país –o lo que es lo mismo, más de 450.000 personas– padece celiaquía. Pero el incremento de esta prevalencia no es suficiente para explicar el crecimiento de la oferta de los productos sin gluten –en torno a un 136% entre 2013 y 2015–. Y es que cada vez un mayor número de personas sin la enfermedad optan por seguir este tipo de alimentación. Una situación que, como advierte Norelle R. Reilly, del Centro Médico de la Universidad de Columbia en Nueva York (EE.UU.), en un artículo publicado en la revista «The Journal of Pediatrics», no tiene ningún sentido. Menos aún en el caso de los niños sin celiaquía, en los que los potenciales riesgos podrían ser mayores.

Como explica Norelle Reilly, «en ocasiones, los padres hacen que sus hijos adopten una dieta sin gluten porque creen que así aliviarán sus síntomas, prevendrán el desarrollo de la enfermedad celiaca o, simplemente, porque consideran que es una alternativa saludable. Una actitud que se explica por la preocupación por la salud de sus hijos pero que llevan a cabo sin haber realizado ninguna prueba previa de intolerancia al gluten o haberlo consultado con un especialista en dietética».

Más riesgos que beneficios

La cifra de personas que, aun sin enfermedad celiaca, optan por adoptar una dieta sin gluten es cada vez mayor. Todo ello a pesar de que las motivaciones para esta decisión no están del todo claras. De hecho, una encuesta realizada en 2015 con la participación de 1.500 estadounidenses que se habían pasado a la dieta sin gluten reveló que, según reconocieron los propios encuestados, la explicación más común era «que no había ninguna razón».

Tal es así que, como recoge el artículo, «dados los frecuentes malentendidos y el desconocimiento sobre el gluten, los datos disponibles en torno a la dieta sin gluten requieren ser aclarados».

Así, y en primer lugar, debe tenerse en cuenta que la consideración que defiende que la dieta sin gluten es un estilo de vida saludable carentes de desventajas es errónea. No en vano, no se ha demostrado que este tipo de alimentación conlleve ningún beneficio para la salud para las personas sin enfermedad celiaca o alergia al trigo. Por el contrario, alerta Norelle Reilly, «la dieta sin gluten podría aumentar la ingesta de calorías y grasas, contribuir a una deficiencia nutricional y ocultar un diagnóstico real de celiaquía».

Los padres deben ser asesorados sobre las posibles consecuencias sociales, nutricionales y económicas de una dieta sin glutenNorelle Reilly

En segundo lugar, la creencia, igualmente errónea, de que el gluten es tóxico se encuentra cada vez más extendida. Pero no hay ninguna evidencia científica que respalde esta teoría. Tal es así que, como incide el artículo, «la dieta sin gluten tampoco es necesaria en el caso de los familiares de primer grado sanos de los pacientes diagnosticados de celiaquía ni en el de los niños sanos en riesgo de desarrollar la enfermedad celiaca».

Innecesaria y muy cara

Asimismo, es cierto que las dietas sin gluten pueden mejorar la salud y calidad de vida en un pequeño subgrupo de pacientes. Pero siempre con el asesoramiento de un especialista en dietética. Sin embargo, no existe ninguna evidencia científica de que estas dietas libres de gluten se asocien con ningún beneficio en el caso de los niños sin diagnóstico de celiaquía o de alergia al trigo. Y es que dadas las posibles deficiencias tanto a nivel nutricional como de su calidad de vida, adoptar una dieta sin gluten podría tener más riesgos que beneficios.

Como concluye Norelle Reilly, «los padres deben ser asesorados sobre las posibles consecuencias sociales, nutricionales e, incluso, económicas de la implementación innecesaria de una dieta sin gluten. Puede que los médicos no tengan la capacidad de detener esta migración hacia las dietas sin gluten, pero pueden jugar un papel fundamental en la educación de los padres y los pacientes».

Y en este contexto, ¿la adopción de una dieta sin gluten tiene, como alude el editorial, consecuencias económicas? Pues sí, y muy notables. De hecho, un estudio llevado a cabo en 2015 por la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) concluye que el seguimiento de una dieta sin gluten supuso el pasado año un gasto adicional de 1.468,72 euros en la cesta de la compra de los pacientes con enfermedad celiaca –y por tanto, obligados a seguir este tipo de dieta.

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