Así es la dieta de un futbolista

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Táctica, técnica, motivación y esfuerzo. Son muchos los factores que pueden influir en el buen estado del cuerpo de un futbolista. Sin embargo, uno de ellos –la nutrición- es en ocasiones olvidado pese a su importancia y su capacidad capital para determinar el rendimiento de jugadores como Messi o Cristiano Ronaldo. Y es que, sin un organismo sano y una buena dieta, no es posible tirar a puerta con la misma fuerza o correr la banda con la velocidad necesaria para ganar la espalda al contrario. Por ello, los deportistas siguen un estricto calendario de comidas en el que se incluyen principalmente carnes, pescados y, sobre todo, carbohidratos.

Diplomado en nutrición humana y dietética, y con un máster en entrenamiento y dietética deportiva, Fernando García Oliveri es uno de los expertos encargados de analizar, estudiar y modificar la dieta de los jugadores con el objetivo de que puedan ofrecer un rendimiento óptimo en el campo. A día de hoy, presta sus servicios especializados al Real Valladolid C.F., aunque compatibiliza su labor como parte del cuerpo médico del equipo vallisoletano con su trabajo en la Clínica Althea, donde también ejerce como nutricionista y dietista.

La nutrición en el fútbol

Para Oliveri, la nutrición es un elemento fundamental en el deporte, un componente necesario sin el cual un equipo no podría salir adelante. «En el fútbol hay factores muy significativos, pero cada vez se le está dando más importancia a una alimentación suficiente, equilibrada y adaptada a las necesidades de los jugadores. Junto al entrenamiento, es el pilar fundamental de un rendimiento óptimo, pero sin dejar de lado, claro está, otros factores como el descanso y la psicología», explica el experto en declaraciones a ABC.

En su día a día, el nutricionista y dietista del Real Valladolid analiza diferentes elementos como el momento de la temporada en el que se encuentran sus «pacientes», su peso, su talla o, incluso, la posición que ocupan una vez que salen al césped. «Las necesidades de un defensa no son las mismas que las de un extremo. Pero generalmente (siempre se debe individualizar) una dieta óptima debería aportar entre 5-12 gramos de carbohidratos por kg de peso corporal y entre 1,4-1,6 gramos de proteínas por kg de peso corporal», señala. Este régimen de comidas se distribuye a lo largo de entre «cinco y seis ingestas», como se denominan a nivel técnico.

No obstante, y en contra de lo que pueda parecer a primera vista, la dieta de un jugador de fútbol no dista mucho de la que debería seguir cualquier persona para estar sana. «A menudo se piensa que la alimentación de un futbolista difiere mucho de la que deberían llevar la gente normal, pero no es así. Exceptuando un mayor aporte de carbohidratos y líquidos, además de una mayor cantidad de proteínas, el resto de nutrientes pueden satisfacerse con las recomendaciones de una población general, pero el problema está en que la sociedad no lleva una alimentación idónea, por lo que los futbolistas, y en general los deportistas, siguen una alimentación diferente a los demás», añade Oliveri.

Desayuno y entrenamiento

La dieta idónea de un jugador comienza en el desayuno, momento en que se llenan de energía para afrontar el duro día que les espera. Usualmente, la jornada del futbolista está formada por un intenso entrenamiento o, como es lógico, un partido oficial de frente a otros once jugadores. Es en estas primeras horas del día donde arranca la labor del nutricionista.

«La dieta de un jugador no dista mucho de la que debería seguir cualquier persona »«Se parte del desayuno, donde nunca falta una buena carga de carbohidratos en forma de cereales o pan de manera fundamental. Además, se juntan con leche, café y una óptima dosis de vitaminas y minerales a base de frutas. Durante el entrenamiento nunca faltan el agua y las bebidas deportivas para evitar la deshidratación, los calambres y poder mantener una buena actividad e intensidad durante el mismo», completa el nutricionista y dietista en declaraciones a ABC.

Tras el entrenamiento es necesario recuperar mediante comida y bebida los tejidos que hayan sido perjudicados en el transcurso del ejercicio. «Después viene la ingesta post-entrenamiento donde, primero en el vestuario y posteriormente en sus casas, los jugadores rellenan los depósitos de glucógeno (forma de almacenamiento de carbohidratos en el organismo) y favorecen la reparación de tejidos dañados durante el entrenamiento. Aquí es donde se produce la mayor ingesta de carbohidratos, ya que es cuando mejor los asimila el cuerpo. Para favorecer la rapidez de reposición se facilitan batidos con una alta carga de carbohidratos, además de una cierta cantidad de proteínas. Estos batidos son idóneos hasta que el jugador llega a casa y come. Además también se ofrece fruta», explica Oliveri.

Comida, merienda y cena

Tras el ejercicio mañanero, llega la hora de la comida, una de las más importantes en la vida de un futbolista. Usualmente, los jugadores suelen hacer esta ingesta en su hogar y, casi siempre, está formada por un primer plato de carbohidratos, un segundo de proteínas con guarnición y, finalmente, un postre. Así pues, el menú es muy similar al de cualquier persona que no sea deportista.

«En casa, los jugadores siguen rellenando sus depósitos de glucógeno a base de arroz, pasta, legumbres y patatas, combinadas con una carne magra, huevo o pescado (alternando blanco y azul) en el 2º plato. Si se añade una guarnición de verdura, la comida será perfecta y el jugador se asegurará de que al cuerpo no le falta ningún nutriente. La guarnición de verdura, junto a un postre a base de frutas o yogur, les aporta vitaminas y minerales que favorecen todos los procesos anabólicos que están ocurriendo en ese momento», añade el nutricionista del Valladolid.

Para terminar, se producen las dos últimas ingestas. «Después de un buen descanso, realizan una merienda, fundamentalmente a base de frutas, leche, yogur, frutos secos y bocadillos. La última toma, la cena, también debe aportar carbohidratos, pero en cantidades más pequeñas que en la comida, siendo un buen momento para introducir todos los minerales y vitaminas que podrían faltar. Aquí cobran una mayor importancia grupos de alimentos como verduras, hortalizas, frutas y lácteos», finaliza Oliveri.