CÁNCER DE MAMA

La mitad de las mujeres con cáncer de mama sufren algún efecto secundario grave

El 93% de las mujeres padecen efectos adversos asociados a sus tratamientos, en hasta un 45% de los casos de carácter grave o muy grave

Radiografía de paciente con cáncer de mama
Radiografía de paciente con cáncer de mama - ARCHIVO

El cáncer de mama es, con más de 25.000 nuevos diagnósticos anuales, el tumor más frecuente entre las mujeres de nuestro país. Un tipo de cáncer, además, que es responsable cada año de cerca de 6.200 fallecimientos, constituyendo así la enfermedad oncológica más letal entre la población femenina española. De ahí la necesidad, vital, de encontrar tratamientos más eficaces frente a este tumor. Y asimismo, más seguros y tolerables. Y es que como muestra un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Michigan en Ann Arbor (EE.UU.), cerca de la mitad de las pacientes con cáncer de mama experimentan, ya desde las primeras fases de la enfermedad, algún efecto secundario grave o muy grave asociado a sus terapias.

Como explica Steven J. Katz, director de esta investigación publicada en la revista «Cancer», «el mayor interés para las pacientes es recibir sus tratamientos en el momento preciso y según el calendario establecido cuando sea posible, para así obtener el mejor resultado clínico. Los cuidados no programados para las toxicidades, incluyendo las consultas, las visitas a los servicios de Urgencias y las estancias hospitalarias, resultan económicamente costosos, inconvenientes y perjudiciales tanto para los médicos como para las pacientes. Por tanto, debemos evitar estas toxicidades siempre que resulte posible».

Comunes y graves

El objetivo del estudio fue evaluar la tasa de efectos secundarios graves asociados al tratamiento –quimioterapia o radioterapia– del cáncer de mama. Y para ello, los autores analizaron la información aportada por 1.945 mujeres diagnosticadas de cáncer de mama en estadios iniciales sobre la presentación de siete efectos adversos comunes –náusea/vómitos, diarrea, estreñimiento, dolor, inflamación del brazo, falta de aliento e irritación de la piel de la mama– una vez había transcurrido un promedio de siete meses desde el inicio de sus tratamientos.

Los resultados mostraron que hasta un 93% de las participantes había padecido al menos uno de los referidos efectos secundarios. Y asimismo, que en hasta un 45% de los casos, el efecto adverso tenía un carácter grave o muy grave –sobre todo en caso de presentación de dolor, irritación cutánea o estreñimiento.

Las mujeres suelen sufrir en silencio, pues tienen miedo de que al decirle a sus médicos que las cosas van mal se interrumpan sus tratamientosAllison Kurian

Y estos efectos adversos, ¿fueron exclusivos de la quimioterapia? Pues no: hasta una tercera parte de las pacientes que sufrían un efecto secundario grave o muy grave no habían recibido quimioterapia. Además, y comparadas frente a aquellas que recibieron un único tratamiento, las pacientes tratadas con la combinación de quimioterapia y radioterapia tuvieron un riesgo un 30% superior de presentar un efecto adverso grave. Es más; las participantes en las que se practicó una doble mastectomía mostraron, frente a las sometidas a una lumpectomía, el doble de probabilidad de padecer dolor de carácter grave o muy grave.

Y ante la presentación de estas toxicidades, ¿cómo reaccionaron las pacientes? Pues en la mayoría de los casos esperaron a las consultas rutinarias de seguimiento para contárselo a sus médicos. Solo en un 9% de las situaciones concertaron una consulta adicional, y únicamente en un 5% de los casos acudieron a los servicios de Urgencias.

No hay que sufrir en silencio

En definitiva, la inmensa mayoría de las afectadas por cáncer de mama experimentan un efecto secundario grave asociado a sus terapias. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que esta toxicidad puede conllevar a una reducción, e incluso a una interrupción, de las dosis terapéuticas, comprometiendo así la eficacia del tratamiento.

Como explica Allison Kurian, co-autora de la investigación, «como oncóloga, ya sabía por mi práctica clínica que el porcentaje de mujeres que sufren es mayor que el que normalmente se registra en los ensayos clínicos. Por lo general, las mujeres sufren en silencio, pues tienen miedo de que al decirle a sus médicos cómo las cosas van de mal se interrumpan sus tratamientos. Tenemos que cambiar esta situación».

Por ello, los autores están desarrollando una serie de herramientas para ayudar a las mujeres a entender cómo varían los efectos secundarios en función de los distintos tratamientos. Y asimismo, ya se están llevando a cabo ensayos clínicos para evaluar cómo estos efectos varían entre los regímenes de quimioterapia, así como para encontrar la mejor manera de abordarlos.

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