Las toxinas del humo del tabaco acaban depositándose en todas las superficies
Las toxinas del humo del tabaco acaban depositándose en todas las superficies - PIXABAY
TABAQUISMO

El humo de tercera mano, más perjudicial para los niños y los mayores

Un nuevo estudio asocia la exposición al humo de tercera mano con un mayor riesgo de diabetes tipo 2

MADRIDActualizado:

El tabaco es, no cabe duda, muy perjudicial para la salud. Y no solo para la de los fumadores, sino también para la de todos aquellos que, antes o después, acaban inhalando los productos del tabaco. Es el caso de aquellos expuestos directamente al humo, esto es, los consabidos fumadores pasivos –o ‘fumadores de segunda mano’ según la terminología inglesa–, y de aquellos que se exponen a las sustancias tóxicas que, inicialmente suspendidas en el humo del tabaco, se adhieren a todo tipo de superficies –desde la ropa a las alfombras y los asientos de los coches–: los denominados ‘fumadores de tercera mano’. De hecho, distintos estudios llevados a cabo con modelos animales –ratones– han demostrado que el humo de tercera mano causa daños en el hígado y los pulmones, así como hiperactividad. Y según un nuevo trabajo llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California en Riverside (EE.UU.), también provoca el desarrollo de resistencia la insulina y, por tanto, de diabetes tipo 2.

Como explica Manuela Martins-Green, directora de esta investigación publicada en la revista «PLOS ONE», «de confirmarse en humanos, nuestro estudio podría cambiar radicalmente nuestra visión sobre la exposición ambiental a las toxinas del tabaco. Los niños y personas mayores son especialmente vulnerables al humo de tercera mano. Y es que los niños, dado que gatean en las alfombras y tocan todo tipo de objetos expuestos al humo del tabaco, tienen un riesgo muy elevado de exposición a este humo de tercera mano. Por su parte, los mayores tienen un alto riesgo porque sus órganos son más propensos a desarrollar enfermedades».

Concretamente, el humo de tercera mano contiene toxinas del humo del tabaco que se depositan sobre las superficies y se mezclan con el polvo. Y entre las mismas, apunta la directora del estudio, «encontramos toxinas cuya toxicidad aumenta con la edad y que reaccionan con otras sustancias químicas ambientales para producir nuevos contaminantes, muchos de ellos carcinógenos».

Mayor riesgo de diabetes

En el estudio, los autores utilizaron máquinas de humo para vaporizar las jaulas de los ratones con humo de tabaco, que finalmente se depositó sobre todos los materiales presentes en los ‘hogares’ de los animales. Asimismo, y con objeto de simular en mayor medida las condiciones en las que viven muchos seres humanos, los ratones fueron alimentados con dietas ricas en grasas.

Los resultados mostraron que, frente a los ratones ‘control’, los animales cuyas jaulas fueron expuestas al humo de tercera mano tuvieron un mayor estrés oxidativo y, por tanto, presentaron unos mayores niveles de glucosa e insulina en sangre. Es decir, desarrollaron una resistencia a la insulina más severa.

Como recuerda Manuela Martins-Green, «en la diabetes tipo 2, la glucosa no entra las células. Y es que los niveles aumentados de insulina producidos por un páncreas sobrecargado no hacen nada para facilitar la entrada de la glucosa en las células con objeto de producir energía. Una situación que hemos observado en hasta un 49% de los ratones que expu

Los niños y personas mayores son especialmente vulnerables al humo de tercera manoManuela Martins-Green

simos al humo de tercera mano en nuestro estudio».

Es más; frente a aquellos cuyas jaulas no fueron rociadas con las máquinas de humo, los ratones expuestos al humo de tercera mano ganaron menos peso. Un efecto añadido que, apuntan los autores, «quizás podría explicar por qué los seres humanos pierden peso cuando se convierten en fumadores o en fumadores pasivos».

Mejor mudarse de casa

Como destaca Manuela Martins-Green, «nuestros resultados tienen implicaciones directas para los seres humanos, pues las toxinas del tabaco se encuentran habitualmente presentes en nuestros hábitats. Esperamos que nuestro estudio refuerce las medidas dirigidas a controlar la exposición al humo de tercera mano de la población no fumadora, muy especialmente en el caso de los niños y de las personas mayores».

Y en este contexto, debe tenerse en cuenta que, como recuerdan los autores, «el humo de tercera mano permanece en las casas y habitaciones de hoteles incluso cuando los fumadores ya se han ido».

Entonces, ¿qué podríamos hacer para evitar o minimizar este humo de tercera mano? Pues como concluye la directora de la investigación, «para librarnos del humo de tercera mano en nuestros hogares tendríamos que despojarnos de todos los enseres que pudieran haberse impregnado de este tipo de humo: muebles, pintura, ropas, ventilación, etc. Lo más sencillo sería mudarnos. Y sí, hay productos de limpieza que podríamos utilizar, pero entonces nos expondríamos a otras sustancias químicas muy fuertes».