Interacción entre el sistema inmune y la bacteria 'Staphylococcus aureus' (en verde)
Interacción entre el sistema inmune y la bacteria 'Staphylococcus aureus' (en verde) - ARCHIVO
ENFERMEDADES INFECCIOSAS

Hallan la razón por la que el sistema inmune puede reaccionar exageradamente hasta matar al paciente

Los linfocitos ‘MAIT’ son los responsables de desencadenar el síndrome del shock tóxico en respuesta a las toxinas liberadas por los estafilococos y los estreptococos

MADRIDActualizado:

Nuestro sistema inmune constituye la línea defensiva de nuestro organismo frente a los invasores, ya sean externos –por ejemplo, una bacteria o un virus– o internos –caso de una célula cancerígena–. Y para ello, cuenta con numerosos tipos de células que, cual ‘policías’, patrullan por todo el cuerpo y, una vez detectan el invasor, unen sus fuerzas para combatirlo hasta matarlo. El problema ocurre cuando el sistema inmune se extralimita en sus funciones, lo que sucede cuando confunde a las células del organismo con ‘cuerpos extraños’ y las ataca –lo que da lugar a una enfermedad autoinmune–. Y asimismo, cuando su respuesta al invasor es tan desmesurada que pone en peligro a los órganos del cuerpo y, por ende, a todo el organismo. Una situación que en términos médicos se denomina ‘síndrome del shock tóxico’ y que puede llegar a suponer la muerte del paciente. De ahí la importancia de un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Ontario Occidental en London (Canadá), en el que se describe por primera vez a los responsables de desencadenar este ‘síndrome del shock tóxico’ y, así, abre la puerta al desarrollo de tratamientos para contrarrestarlo.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista «PLOS Biology», identifica a un tipo de células del sistema inmune llamado ‘linfocito T invariante asociado a la mucosa’ (MAIT) que, en presencia de toxinas liberadas por algunas especies bacterianas, puede provocar una respuesta inflamatoria tan desmedida que puede incluso acabar con la vida del paciente.

Matar moscas a cañonazos

Los linfocitos T son un tipo de leucocito –o glóbulo blanco– que constituye la primera línea de defensa del organismo frente al cáncer y los patógenos. Para ello, las membranas de los distintos tipos de linfocitos T –entre otros, los citotóxicos, los reguladores y los cooperadores– contienen multitud de receptores específicos para cada patógeno, lo que permite su detección y posterior destrucción. Sin embargo, hay un tipo concreto de linfocito, el MAIT, que carece de estos receptores específicos, por lo que a diferencia de sus ‘hermanos’, no tiene la capacidad de identificar ningún a patógeno concreto. Entonces, ¿para qué sirven estos MAIT? Pues dada su falta de especificidad, actúan como una ‘navaja suiza’ y son capaces de luchar frente a todos los virus y bacterias.

Entonces, si ya contamos con estos MAIT que pueden combatir cualquier invasor, ¿para qué tener el resto de linfocitos? Pues porque cuanto más específica sea la respuesta a cada invasor, menos recursos deberán utilizarse y más adecuada será esta respuesta, evitándose así cualquier efecto colateral. Y es que para matar moscas no hace falta recurrir a los cañonazos. Y lo que hacen estos MAIT cuando encuentran a un patógeno es, según muestra el estudio, sacar a pasear los cañones.

En algunas situaciones, los MAIT, lejos de proteger al organismo, lo que hacen en realidad es causar enfermedadMansour Haeryfar

Para detectar a un invasor, el sistema inmune rastrea la presencia de ‘cuerpos extraños’ –por ejemplo, una proteína o una toxina– no originados en el organismo. Se trata de los consabidos ‘antígenos’, ante cuya presencia se desencadena una respuesta inflamatoria –o lo que es lo mismo, inmunitaria– para bloquearlos y destruirlos. Y dado que el invasor está adherido a su antígeno, corre la misma suerte. Sin embargo, y en presencia de algunas toxinas liberadas por especies bacterianas de los géneros ‘Staphylococcus’ y ‘Streptococcus’, los MAIT desencadenan una respuesta inflamatoria rápida y tan descomunal que, además de acabar con las toxinas y las bacterias que las han liberado, afecta a los tejidos y órganos colindantes, pudiendo provocar un daño tan brutal que puede suponer la muerte del paciente. Es decir, la causa del síndrome de shock tóxico no se encuentra en las toxinas bacterianas, sino en la respuesta totalmente excesiva de unos MAIT que, como refieren los autores, «se pasan al lado oscuro».

En el estudio, los autores constataron la hiperrespuesta de los MAIT a los antígenos bacterianos –o más bien, como definen los investigadores, ‘superantígenos’, dada la magnitud de la respuesta que provocan– tanto en modelos animales como en células humanas. Y asimismo, observaron que esta hiperrespuesta que, transcurrido un tiempo, el sistema inmune, totalmente exhausto, se queda sin capacidad de actuación. O lo que es lo mismo, el organismo entra en un estado de inmunodepresión, lo que puede resultar mortal en caso de una nueva infección –lo que ocurre en caso de una ‘infección oportunista’.

Peor remedio que la enfermedad

En definitiva, y con objeto de contrarrestar este síndrome del shock tóxico, deben tomarse medidas –como sería, por ejemplo, el desarrollo de fármacos– para atenuar este entusiasmo de los MAIT.

Como indica Mansour Haeryfar, director de la investigación, «en este contexto, los MAIT no protegen al organismo, sino que por el contrario causan enfermedad. En nuestro trabajo hemos observado que los MAIT son la fuente más poderosa de un mediador inflamatorio denominado interferón-γ, con el que contribuyen a la morbilidad asociada con el síndrome del shock tóxico y con otras enfermedades similares mediadas por superantígenos».

Así, concluye el investigador, «consideramos que las terapias eficientes que actúen sobre los MAIT en el momento adecuado beneficiarán a los pacientes al prevenir una inflamación incontrolada y aliviar la inmunosupresión».