VIH

Hallada la clave para el desarrollo de una vacuna eficaz para prevenir el VIH

Suprimir la tolerancia inmunitaria que emplea el organismo para evitar las enfermedades autoinmunes permite el desarrollo de anticuerpos neutralizantes frente al VIH

Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)
Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) - ARCHIVO

Los anticuerpos neutralizantes o ‘ampliamente neutralizantes’ son un tipo específico de anticuerpos producidos por el sistema inmune para ‘neutralizar’ o anular los efectos perniciosos del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) sobre el organismo. Y es que estos anticuerpos son capaces de reconocer y unirse a una proteína que, denominada ‘Env’, se encuentra en la superficie del VIH, lo que da como resultado que el virus sea ‘desactivado’. El problema es que son muy pocos los pacientes que desarrollan estos anticuerpos ampliamente neutralizantes. Y además, lo hacen después de muchos años de que el virus colonizara el organismo. Sea como fuere, parece que estos anticuerpos tienen la clave para prevenir la infección. Tal es así que la estimulación de su producción constituye el objetivo de muchas vacunas en desarrollo para el VIH. Hasta ahora sin éxito. De ahí la importancia de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado en Aurora (EE.UU.), en el que se identifica la razón por la que el sistema inmune no es capaz de desarrollar anticuerpos neutralizantes en el momento de la infección y, así, abre la puerta al diseño, por fin, de una vacuna eficaz.

Como explica Raúl M. Torres, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of Experimental Medicine», «la supresión de la tolerancia inmunitaria posibilita la producción de anticuerpos con reactividad cruzada capaces de neutralizar el VIH».

Tolerancia inmunitaria

Los antígenos son aquellas moléculas que, caso de una proteína en la superficie de un patógeno invasor, desencadenan una respuesta inmunitaria. Así, y una vez son detectados, el sistema inmune generará anticuerpos que se unirán a los antígenos y ‘convocarán’ a las células inmunitarias para que destruyan al invasor. Sin embargo, los anticuerpos neutralizantes tienen la capacidad de neutralizar por sí mismos al invasor. Pero cuidado: estos anticuerpos neutralizantes también reconocen a muchas de las proteínas presentes en el organismo, lo que podría desencadenar una enfermedad autoinmune –caso, entre otras muchas, del lupus eritematoso sistémico (LES)–. En consecuencia, el organismo se ve obligado a suprimir la producción de estos anticuerpos neutralizantes para evitar una enfermedad autoinmune. Una situación de la que se aprovecha el VIH.

Pero, ¿esto es realmente así? A día de hoy se sabe que los pacientes con LES tienen una tasa muy baja de infección por el VIH, muy probablemente porque producen autoanticuerpos –esto es, anticuerpos que atacan a las propias moléculas del organismo, que en este caso se denominarían ‘autoantígenos’– que también pueden reconocer y neutralizar el VIH. De hecho, se conoce el caso de un paciente con LES que, tras contraer el VIH, puede controlar la infección sin la ayuda de fármacos antirretrovirales. ¿La razón? Su capacidad para producir elevadas cantidades de anticuerpos ampliamente neutralizantes.

La supresión de la tolerancia inmunitaria posibilita la producción de anticuerpos con reactividad cruzada capaces de neutralizar el VIHRaúl Torres

Llegados a este punto, y con objeto de evitar una enfermedad autoinmune, ¿cómo controla el organismo la producción de anticuerpos neutralizantes? Pues mediante un proceso denominado ‘tolerancia inmunitaria’, que no es sino un mero exterminio de las células que portan este tipo de anticuerpos: los linfocitos B, que son destruidos durante su maduración en la médula ósea. Y aquellos que logran escapar, son cazados y eliminados en el torrente sanguíneo.

Entonces, ¿la inhibición o ‘supresión’ de la intolerancia inmunitaria podría tener la clave para prevenir la infección por el VIH? Pues en teoría, dado que posibilitaría la producción de anticuerpos ampliamente neutralizantes frente al virus, sí. Y así lo demuestra el nuevo estudio.

Camuflaje evolutivo

En primer lugar, los autores utilizaron un modelo animal –ratones– al que manipularon genéticamente para que desarrollara los síntomas característicos del LES. Y lo que vieron es que la mayoría de estos ratones producían anticuerpos capaces de neutralizar el VIH tras recibir una inyección con sales de aluminio –un compuesto que se emplea en muchas vacunas y que estimula la secreción de anticuerpos.

Posteriormente, los autores emplearon un segundo modelo animal –ratones– completamente sano pero al que administraron un fármaco para dañar la tolerancia inmunitaria. En este caso, los animales empezaron a producir unos anticuerpos con capacidad para, de alguna manera, neutralizar el VIH. Además, la secreción de anticuerpos se disparó cuando se inocularon sales de aluminio a los animales. Y en caso de inyectarles también la proteína Env, los anticuerpos neutralizantes generados fueron mucho más potentes y capaces de neutralizar una amplia gama de cepas de VIH.

Finalmente, los autores descubrieron que la producción de anticuerpos neutralizantes frente al VIH estaba directamente correlacionada con los niveles de una histona –esto es, de una de las proteínas que se unen al ADN para formar la cromatina que, una vez plegada, dará lugar a los cromosomas–. Concretamente, a la histona H2A. Y una vez purificados estos anticuerpos anti-H2A vieron que, efectivamente, tenían la capacidad de neutralizar el VIH.

Como indica Raúl Torres, «creemos que este es un ejemplo de mimetismo molecular en el que la proteína Env del VIH ha evolucionado para imitar un epítopo en la histona H2A como mecanismo de camuflaje inmune».

En definitiva, parece que la tolerancia inmunitaria elimina o suprime todo linfocito B capaz de producir anticuerpos que reconozcan la histona H2A, limitando así en gran medida la producción de anticuerpos ampliamente neutralizantes. Una inhibición de la que se aprovecha el VIH. Pero ahora ya sabemos qué hay que hacer.

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