Última Hora La Policía mata a una persona armada con un cuchillo que hirió a ocho personas en Rusia

DOLOR CRÓNICO

El dolor crónico podría ser minimizado con un fármaco experimental para el estrés

Una nueva molécula diseñada para tratar los trastornos del estado del ánimo alivia de manera eficaz el dolor crónico en ratones

En torno al 11% de la población española padece dolor crónico
En torno al 11% de la población española padece dolor crónico - ARCHIVO

En torno a un 11% de la población de nuestro país padece dolor crónico. Sin embargo, y a pesar de su gran incidencia, los fármacos actualmente disponibles no resultan efectivos a la hora no ya de erradicar, sino de aliviar, este dolor. De ahí la importancia de un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores Colegio Universitario de Londres (Reino Unido), en el que se identifica una nueva diana terapéutica para el tratamiento del dolor crónico.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Science Translational Medicine», muestra cómo la proteína FKBP51 juega un papel muy importante en la generación del dolor crónico y que, en consecuencia, FKBP51 podría utilizarse como una nueva diana terapéutica para los futuros analgésicos.

Fuente de dolor

En el estudio, los investigadores utilizaron un modelo animal –ratones– genéticamente modificados para no producir FKBP51 proteína juega un papel muy importante en la regulación del estrés. Además, se ha observado que las variaciones en el gen que codifica la expresión de la proteína en los seres humanos –el gen ‘FKBP5’– se asocian a un mayor riesgo de desarrollo de distintos trastornos mentales relacionados con el estrés, caso del trastorno por estrés postraumático (TEP) y la depresión mayor.

Es más; distintos estudios previos han demostrado que, tras un traumatismo grave, los portadores de variaciones específicas del gen ‘FKBP5’ experimentan un mayor dolor físico que el resto de las personas. Y en este contexto, el nuevo estudio constata que el dolor crónico ocasionado por un daño neuronal o una artritis articular es menor en los ratones sin la proteína FKBP51.

Uno de cada cinco adultos de todo el mundo padece dolor crónico y a día de hoy no contamos con tratamientos efectivosSandrine Géranton

Como destaca Maria Maiarù, directora de la investigación, «la inhibición de la proteína FKBP51 ejerce un efecto muy potente en los modelos animales de dolor crónico. De hecho, no sólo bloquea el dolor causado por la lesión sin alterar la respuesta normal al dolor, sino que además no se asocia a ningún efecto secundario negativo».

Ansiolítico y analgésico

Los investigadores también evaluaron el efecto del bloqueo de la proteína FKBP51 con un fármaco experimental, el ‘SAFit2’, diseñado para tratar los trastornos de los estados del ánimo mediante la reducción del estrés en el cerebro. Y de acuerdo con los resultados, el bloqueo de FKBP51 con ‘SAFit2’ a nivel de la médula espinal conllevó un alivio muy significativo del dolor crónico de los ratones.

En consecuencia, resaltan los autores, «este nuevo compuesto se presenta como un candidato muy prometedor para el desarrollo de un fármaco».

Como indica Sandrine Géranton, co-autora del estudio, «‘SAFit2’ fue diseñado para mejorar la salud mental, pero hemos descubierto que también induce beneficios muy notables el dolor de origen físico. Así, ¿quién no querría un tratamiento que, además de aliviar su dolor crónico, le hiciera sentir menos estresado? El nuestro es un estudio experimental con ratones, pero si pudiera ser convertido exitosamente en un tratamiento para los pacientes constituiría una doble victoria».

Posible diana terapéutica

Finalmente, el estudio también mostró cómo una lesión puede activar cambios epigenéticos –esto es, cambios en los factores ambientales que influyen en los genes– a largo plazo en los circuitos sensoriales de la médula espinal. Y como consecuencia de estos cambios, se produce un aumento de la producción de la proteína FKBP51, incrementándose así la respuesta del organismo al dolor.

Como concluye Sandrine Géranton, «en el cerebro, FKBP51 no sólo prolonga la respuesta al estrés tras un traumatismo, sino que también aumenta la respuesta al dolor. Y si bien estos efectos pueden suponer una ventaja evolutiva en cuanto a la promoción de la supervivencia, en el estilo de vida actual también puede provocar el desarrollo de dolor crónico, de depresión y de un TEP. Uno de cada cinco adultos de todo el mundo padece dolor crónico y no contamos con tratamientos efectivos. Por tanto, estamos muy emocionados de haber identificado una nueva diana de tratamiento».

Toda la actualidad en portada

comentarios