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El cigarrillo electrónico o «e-cigar»: ¿perjudicial o beneficioso?

¿Existen evidencias científicas sobre los riesgos y/o beneficios del cigarrillo electrónico o e-cigar? Los mayores expertos analizan para ABC los pros y contras de un debate que continúa encendido

El debate sobre el cigarrillo electrónico continúa prendido
El debate sobre el cigarrillo electrónico continúa prendido - ABC

¿Existen evidencias científicas sobre los riesgos y/o beneficios del cigarrillo electrónico o e-cigar? ¿Es realmente útil para dejar de fumar? ¿Cómo se adecua la legislación española a las evidencias científicas? ABC ha reunido a cuatro expertos en este campo para tratar de dar respuesta a otras y otras cuestiones que han surgido con la aparición de los «e-cigars».

La principal cuestión que preocupa tanto a los detractores del cigarrillo electrónico como a los partidarios es la necesidad de estudios científicos que confirmen, o no, la inocuidad de los e-cigars a corto y largo plazo. Según el doctor César Minué, de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), lo cierto es que hay «pocos estudios, tanto a corto como a largo plazo». Pero matiza que a corto plazo sí «parece que produce irritación de garganta, en las vías respiratorias» y que incluso puede «causar daño en el ADN».

El doctor Minué también consideró relevante la gran cantidad de marcas y compuestos que pueden tener los e-cigars. Se sabe que los principales componentes son la nicotina y el propilenglicol o glicerol, pero pueden contener otros productos, como el formaldehído, que sí podría ser cancerígeno. En su opinión, ante esta carencia de datos, «hay que ser muy prudentes antes de tener datos sobre la seguridad o inocuidad de los e-cigars».

En este sentido, el doctor Gerry Stimson, profesor emérito en el Imperial College de Londres (Reino Unido), reconoció que «algunos estudios han sido mal interpretados por los investigadores. Si queremos hablar de los riesgos –dijo– nos podemos referir a un Documento de Salud Pública del Reino Unido donde se dice que es menos peligroso que el tabaco. Este es el beneficio de los e-cigar», apuntó.

Por su parte, el doctor Nestor Szerman, presidente de la sociedad Española de Patología Dual y jefe de Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón, se refirió a algunos ensayos no controlados en pacientes esquizofrénicos que están arrojando buenos resultados, lo que ha promovido el desarrollo de ensayos controlados en pacientes esquizofrénicos para ver el papel puede del e-cigar como instrumento para dejar de fumar.

En cuanto a los posibles compuestos del e-cigar, el grupo del doctor Joan Grimalt, director del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, ha analizado el humo que sale de los e-cigars y el aire que exhalan los vapeadores y lo ha comparado con el humo del tabaco y el aire exhalado por los fumadores pasivos. «Y hemos visto que los e-cigars suministran nicotina, y que los otros productos son, esencialmente, propilenglicol y glicerina. Pero no hay, por ejemplo, benzeno, tolueno y otros subproductos de la combustión, que es lo que ingiere un fumador. Desde este punto de vista podemos decir que si se consume e-cigar se evitan un montón de productos que son cancerígenos, como el benzeno, o neurotóxicos, como el tolueno».

Entonces, se puede afirmar que vapear es inocuo, tanto para el usuario como para el «vapeador» pasivo. Para Minué no hay duda: «Debe primar el principio de precaución. Se trata de demostrar que es seguro, no de lo contrario. El hecho de no haya evidencias no implica que sea inocuo». Aunque Stimson también lo tiene claro: «Vapear es más seguro que el tabaco. Esa es la línea».

Y, ¿cómo catalogarlo? ¿cómo un producto sanitario similar a los parches o chicles de nicotina? Para Szerman antes es preciso homologar los e-cigars. «Debemos saber exactamente de qué están compuestos».

En este punto coincide con Grimalt, quien considera necesario obtener un mayor conocimiento «de los productos que libera». Aunque reconoce que «a priori, es evidente que en el e-cigar no hay combustión, con lo cual hay muchos productos de pirólisis que no están, y eso es una gran beneficio porque muchos problemas pulmonares derivados del tabaco no son tanto producto de la nicotina sino de la cantidad de productos extra del cigarrillo, como el benzeno».

En esta línea se manifestó Stimson. «Desde luego que no debe ser catalogado como un producto sanitario». Afirmó además que es una forma más amable de dejar de fumar. «Muchos fumadores se sienten "culpables" porque no logran su objetivo, pero con el e-cigar no. Es una forma más "cercana" de obtener nicotina». De hecho, el profesor habla de una "revolución en salud" desde el punto de vista del consumidor. «Después de 30 o 40 años, no tenemos un tratamiento médico eficaz contra el tabaco. Cualquier cosa extra que podamos ofrecer a los fumadores es una oportunidad», añadió.

No opina lo mismo Minué. «No se puede considerar un producto similar a los parches: es un producto de consumo». Para equipararlo, continuó, habría que demostrar que sirve para dejar de fumar mediante ensayos clínicos que proporcionen la «contundencia científica». Pero, subrayó, «hoy por hoy, con los datos que tenemos, no lo sabemos.

Lo cierto es que hay un cierto desconocimiento de la legislación en España en cuanto al consumo de e-cigars, que a juicio de sus partidarios es demasiado prohibicionista. Szerman dijo que en España ha habido una campaña «muy moralista» en contra del e-cigar. Grimalt considera obvio que la legislación prohíba su venta a menores de edad, porque tienen nicotina, pero reclamó «más evidencias científicas», mientras que Stimson señaló que con la prohibición se pierde una «oportunidad» para los fumadores.

Sin embargo para Minué, «la legislación es la herramienta más importante para hacer frente al tabaco». Y apuntó otro aspecto en contra de los e-cigar, como es la «desnormalización del consumo de tabaco». Con la ley de 2010 parece raro ver humo en un bar, afirmó, y si ahora se permite vapear en lugares públicos se «renormaliza el consumo de tabaco o e-cigar en lugares públicos, lo que tiene un efecto sobre la prevalencia de tabaquismo».

Minué además se refirió al efecto «puerta de entrada» de los e-cigar. «Es una posibilidad que los jóvenes empiecen a vapear y se pasen al tabaco». Pero Szerman replicó que «no hay evidencia alguna de que sea una puerta de entrada».

Stimson recordó que en Reino Unido, a medida que los e-cigars se han hecho más y más populares, se ha observado una reducción en la prevalencia de fumadores. «De hecho,se ha visto una disminución en las ventas de tabaco, lo que justificaría que las tabaqueras se estén a ahora dedicando a vender e-cigars. En realidad no debería preocuparnos, sino más bien lo contrario: es una buena cosa porque les estamos forzando a cambiar de negocio: de vender tabaco a vender e-cigars. Es bueno. Cualquiera cosa que contribuya a dejar de fumar es bienvenida».

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