‘Corynebacterium mastitidis’
‘Corynebacterium mastitidis’ - NEI
INMUNOLOGÍA

Las bacterias forman a nuestro sistema inmune para combatir las infecciones oculares

Un estudio muestra por primera vez la presencia de bacterias residentes en nuestras superficies oculares y cómo estas bacterias inducen una respuesta inmune beneficiosa

MADRIDActualizado:

El cuerpo humano es la residencia permanente de millones de bacterias, en su gran mayoría ‘benignas’. Unas colonias bacterianas que no solo habitan en el intestino –esto es, la consabida ‘flora intestinal’–, sino en prácticamente todas y cada una de las partes del cuerpo. También en las más insospechadas, caso de las superficies oculares, área que hasta ahora se creía libre de bacterias. Y estos microorganismos, lejos de causarnos ningún mal, parece que juegan un papel esencial en la protección de nuestra salud. Y es que como muestra un estudio dirigido por investigadores del Instituto Nacional del Ojo (NEI) de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), estas bacterias son las encargadas de entrenar al sistema inmune de nuestros ojos para que aprendan a combatir las infecciones oculares.

Como explica Rachel Caspi, directora de esta investigación publicada en la revista «Immunity», «nuestro trabajo ofrece la primera evidencia de que las bacterias viven a largo plazo en las superficies oculares. Y asimismo, aborda la cuestión de por qué hay un microbioma residente en los ojos».

Residentes y protectores

Las superficies oculares constituyen uno de los entornos más inhóspitos para los microorganismos que residen en los mamíferos. Y es que las lágrimas se encuentran cargadas con numerosos compuestos con efecto antibiótico. Es el caso, sobre todo, de un grupo de enzimas que, denominadas ‘lisozimas’, tienen la capacidad de destruir todas las bacterias. Entonces, ¿puede afirmarse que las superficies de nuestros ojos son ‘zonas estériles’? Pues no.

En el estudio, los autores analizaron un cultivo bacteriano derivado de la conjuntiva –el tejido que cubre la parte inferior de los párpados y la córnea– y hallaron distintas especies de bacterias del género ‘Staphylococci’ –o ‘estafilococos, ciertamente comunes en la piel– y la bacteria ‘Corynebacterium mastitidis’. Sin embargo, no quedaba claro si eran unas bacterias que acaban de llegar –y que, por tanto, estaban a punto de ser destruidas– o si, por el contrario, eran residentes permanentes.

El siguiente paso fue añadir células inmunes al cultivo bacteriano. Y lo que se vio es que ‘C. mastitidis’ inducía la producción por las células inmunitarias de interleuquina 17 (IL-17), una proteína de señalización que juega un papel crítico en la defensa frente a los invasores. Concretamente, la IL-17 era producida por los linfocitos T gamma delta, tipo de célula inmune común en las mucosas. Y, exactamente, ¿qué hace esta IL-17? Pues es en este caso concreto, es responsable de atraer a los neutrófilos –el tipo más abundante de leucocito o glóbulo blanco– a la conjuntiva para que liberen proteínas antimicrobianas en las lágrimas.

Nuestro trabajo ofrece la primera evidencia de que las bacterias viven a largo plazo en las superficies ocularesRachel Caspi

Entonces, ¿las bacterias contribuyen a la respuesta inmune en los ojos de los ratones? Pues para averiguarlo, los autores utilizaron un grupo de ratones con ‘C. mastitidis’, la mitad de los cuales fueron tratados con un antibiótico, y a los que infectaron con un hongo llamado ‘Candida albicans’. Los resultados mostraron que las conjuntivas de los animales que recibieron el antibiótico para matar ‘C. mastitidis’ tenían una repuesta inmune tan débil que no fueron capaces de erradicar el hongo. En consecuencia, sufrieron una fuerte infección ocular, lo que no ocurrió en los ratones no sometidos a antibioterapia –cuyas conjuntivas, simple y llanamente, rechazaron al hongo invasor.

Por tanto, los resultados demuestran que ‘C. mastitidis’ colabora en la protección de nuestros ojos. Pero no así que su presencia sea esporádica o permanente. Por ello, los autores llevaron a cabo un segundo experimento en el que emplearon a ratones alterados para que no tuvieran la bacteria. Y lo que hicieron fue inoculársela para ver si podían extraérsela y cultivarla varias semanas después –lo que no podría ocurrir en caso de ser eliminada–. Y así fue.

Es más; como indica Rachel Caspi, «‘C mastitidis’ no se expandió entre los compañeros de jaula tras ocho semanas de cohabitación. Pero sí pasaba de las madres a sus crías. Estas observaciones apoyan la hipótesis de que ‘C. mastitidis’ es un comensal residente, no una bacteria que se está reintroduciendo continuamente en el ojo desde la piel o el entorno».

Ángel y demonio

En definitiva, las bacterias, o cuando menos ‘C. mastitidis’, forman a nuestro sistema inmune para combatir las infecciones oculares. Pero cuidado: también hay situaciones en las que puede provocar una enfermedad. Sería el caso de muchas personas mayores, en las que el sistema inmunitario se encuentra debilitado y ‘C. mastitidis’ puede crecer de forma incontrolada y causar una infección.

Sea como fuere, refiere Anthony St. Leger, co-autor de la investigación, «en nuestro trabajo hemos establecido una prueba de concepto de un microbioma ocular central. Es bien sabido que hay buenas bacterias en el intestino que modulan la respuesta inmune. Y ahora hemos visto que esta relación también tiene lugar en el ojo. Un aspecto muy importante para la forma en que actualmente tratamos las enfermedades oculares».

Y es que como concluyen los autores, «no está claro si estos resultados pueden trasladarse a la inmunidad y salud en humanos. Los pacientes deberían seguir los consejos de sus oculistas antes de usar antibióticos para las infecciones oculares».