La misteriosa aventura del perro que «volvió de la muerte» diez años después

Los dueños de Abby la habían dado por fallecida tras una década extraviada

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A menudo se dice que un perro puede llegar a ser un miembro más de la familia. Por eso es tan doloroso cuando falta, cuando súbitamente deja de brindar su compañía. Esto no siempre ocurre cuando la mascota fallece, sino también cuando se extravía. De hecho, puede ser incluso más duro que pase el tiempo y los dueños no averigüen dónde ha ido a parar, ni si ha logrado sobrevivir. Los propietarios de Abby, una simpática labradora, llegaron a darla por muerta tras diez años desaparecida... pero regresó.

La increíble historia la hemos conocido a través del blog Get Leashed. Corría el año 2008 y la perrita tenía tan solo doce meses. Una tarde soleada estaba en el jardín de su casa, jugando con los hijos de su dueña, Debra Suierveld. Nunca se supo qué atrajo su atención, pero en determinado momento Abby salió corriendo y se esfumó. Su familia la buscó durante horas, días, semanas y meses, pero no hubo manera. La tierra parecía haberse tragado a su mascota.

Desesperados, los Suierveld acabaron tirando la toalla y aceptando que la perrita jamás volvería, que algo terrible tenía que haberle ocurrido. La dieron por muerta, adoptaron otros perros y poco a poco superaron la pérdida. Hasta que hace un par de semanas, la protectora de animales de Allegheny Valley en New Kensington (Pennsylvania) telefoneó a Debra. «Tenemos a su perrita», dijo la voz al otro lado del aparato. La mujer miró en el jardín: sus dos animales de compañía estaban justo allí.

«Tiene que ser una equivocación», explicó la señora Suierveld, «mis perros están aquí, conmigo». La respuesta de su interlocutor le dejó sin habla: «se trata de Abby». No podía creérselo. Diez años más tarde, la desaparecida había vuelto. Al parecer, los trabajadores de la protectora habían telefoneado al número asociado al microchip, ya inactivo. El segundo contacto era el del antiguo veterinario de Abby, que les informó de que la perrita constaba como fallecida en su lista. Al conocer las novedades les proporcionó el nuevo número de Debra.

Abby apareció en el porche de una casa situada a 16 kilómetros del hogar de los Suierveld. Su estado de salud es bueno, así que todo apunta a que encontró alguien que se encargase de ella durante todo este tiempo. La hija de Debra, su antigua compañera de juegos, tenía 12 años cuando se fue; ahora cuenta 22 y estalló en lágrimas cuando su madre le contó la gran noticia. Sólo acertó a hacerle una pregunta: «¿todavía reconoce su nombre?». Sí, lo hace. Abby sigue siendo Abby.