Westwover cuenta su experiencia en un libro, «Educated», que se edita estos días
Westwover cuenta su experiencia en un libro, «Educated», que se edita estos días - ABC
RECREO

Logra un doctorado en la Universidad de Cambridge sin haber asistido a la escuela

Tara Westover supera una infancia traumática en el seno de una familia mormona fanática de Idaho (Estados Unidos), tras años de estudiar a escondidas, comprando libros de texto en secreto

MadridActualizado:

Tara Westover ha logrado el objetivo de conseguir un doctorado por la prestigiosa Universidad de Cambridge, en Reino Unido. A la dificultad que entraña coronar esta meta para cualquier estudiante, hay que sumarle que esta treiteañera estadadounidense no ha asistido a la escuela y carece de un mínimo certificado escolar. Lo que tampoco le ha impedido contar en un libro cómo a partir de los 17 años se tuvo que autoeducar para dejar atrás su compleja infancia en Idaho (Estados Unidos), como la más joven de una familia de mormones fundamentalistas, según han comentado a medios de todo el mundo como la BBC o «The Guardian».

Todas estas experiencias las ha plasmado en «Educated», donde cuenta cómo fue su dura infancia y juventud en una zona rurarl de Idaho junto a una familia seguidora del survivalism o «sobrevivencialismo» en el que sus padres vivían obsesionados por sobrevivir a una futura alteración en el orden político o social. Para los padres de Westover, las escuelas formaban parte de un plan para la var el cerebro a las personas.

Con una interpretación fanática del denominado Libro de Mormón, de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, controlaba férreamente cualquier contacto con el exterior y, por supuesto, aunque a Tara y sus hermanos tenían inscrita su vivienda como escuela para justificar que se educaban en casa. La realidad es que no recibió ninguna formación reglada.

Como contaba a «The Guardian» en una entrevista, a propósito de la publicación de su libro, «las únicas personas que conocía era los hijos de otras familias como nosotros quienes también estaban escolarizados en casa y tampoco les gustaban los médicos. Tampoco los veíamos a menudo. Tenía trece años cuando fui a la casa de otro niño que iba a la escuela. No le devolví la invitación, porque ella se burló de que no supiera que era una fracción».

En este sentido, ha recordado que no le resultaba extraño no asistir a la escuela ni que su padre adquiriera sofisticadas armas para protegerse de lo que consideraba «agentes de un Estado maligno».

En unas declaraciones a BBC Mundo ha reconocido que «pensaba que los demás estaban equivocados y nosotros estábamos en lo correcto» y ha admtido que los consideraba «espiritualmente y moralmente inferiores». Además, en esta línea, ha añadido que pensaba que era al resto a quienes les estaban lavando el cerebro.

Una nueva vida

Su auténtica educación llegó cuando ingresó en la Univesidad, con ningún conocimiento sobre geografía o historia. Apenas su madre y hermano le había enseñado a leer y escrbir. Además, apenas podía acceder a libros y publicaciones afines a las ideas de su familia. En paralelo, sus padres la habían inculcado que cualquier podía persona podría educarse mejor a si misma.

Estas ideas la llevaron a comprar libros de texto a escondidas y estudiarlos cada noche, hasta alcanzar el nivel requerido para aprobar los exámenes de acceso a la Universidad. Al principio, las aulas le aterraron pero después de un tiempo de adaptación en las universidades de Harvard, Massachusetts y Cambridge logró el doctorado en esta última con 27 años.

En paralelo se separó definitivamente de la religión mormona y de su familia. En «The Guardian», ha asegurado que el punto de ruptura llegó no con su asistencia a la Universidad sino cuando ante los abusos hacia ella de su hermano Shawn, sus padres optaron por tacharla de «mala persona y negarle cualquier apoyo. «En familias como la mía, no hay un crimen peor que contar la verdad», ha apuntado.

Preguntada por una posible reconciliación, la ha superditado a cambios en la mentalidad de sus familia. Sin embargo, ha admitido que «los echa de menos cada día, pero que se siente muy satisfecha de no tenerlos en su vida».