Imagen del Santiago Bernabéu
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El Bernabéu, estadio nacional

Athletic y Barcelona dan, para justificar la elección del Bernabéu, argumentos centralistas

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Cada vez que el Barcelona se clasifica para la final y no está el Madrid sucede lo mismo. Aún más si se suma el Athletic. Los dos clubes y sus aficiones lo primero que hacen tras saberse finalistas es manifestar su deseo de jugar en el Bernabéu. Y aportan razones: la mayor capacidad, la distancia, la costumbre, la comodidad... Unos argumentos válidos, pero escandalosamente centralistas.

En democracia, dos finales en Barcelona

En realidad, lo que Athletic y Barcelona parecen desear es que Madrid sea, como parecía con Franco, sede perpetua de la Copa. Cuando la Copa del Generalísimo, el Bernabeú, antes Chamartín -y alguna vez el Calderón-, fue sede estable de la final. Barcelona también, no nos pensemos. Barcelona fue sede en siete ocasiones, siendo curioso que la llegada de la democracia no contribuyera mucho a normalizar la cuestión. Desde que la Copa es Copa del Rey, sólo dos veces se jugó en Barcelona la final, el año 2004 en el Lluis Companys y una posterior en el Camp Nou (2010).

«Está cerca de las dos ciudades», «Ha acreditado su idoneidad en estas finales», «Tiene mayor capacidad», «Contenta a todos», «Está más cerca de las dos ciudades»... Esto no son solo argumentos en favor de Madrid, son argumentos en favor de lo central, razones de un centralismo constitutivo, matemático, profundo.O sea, que intelectualmente si hay una comprensión del centralismo en Barcelona y Bilbao. ¡Para esto sí! ¿Y las finales en red? ¿Y la descentralización de las finales?

En las webs de los medios de comunicación cercanos a ambos clubes se reproducen unos argumentos a favor de Madrid y del Bernabéu que son la apoteosis del centralismo y que parecen querer hacer del Bernabéu el equivalente español de Wembley, Maracaná o el Stade de France. Un estadio nacional, un coliseo castellano y equidistante.

El Madrid, como propietario, se resiste, pero soporta una presión periodística y social. ¿Y si los argumentos de estos días se generalizaran y por su carga simbólica y capacidad se exigiera el estadio para partidos, coros y danzas, mítines, celebraciones, manifestaciones populares o actos como cuando los Uno de Mayo franquistas? ¿Y si decidieran nacionalizar el Bernabéu por su señalada «carga simbólica»?

Porque tan importante como la competición o el trofeo parece el lugar. Hay algo de procesión morbosilla, de gaspartiana profanación. Rojiblancos y azulgranas y otros aficionados madridistas y no-madridistas tienen en común el Bernabéu, convertido en espacio simbólico y de unión.

Por si fuera poco, Tebas, presidente de la LFP, tras perseguir los insultos en las gradas se ha planteado un nuevo objetivo: «Perseguiré los pitos». Que no se silbe el himno nacional. El Bernabéu tiene una buena cosa para eso: una megafonía apabullante que puede hacer inaudibles los silbidos. La megafonía del estadio, la megafonía florentinista del Bernabéu modernizado es la única en España capaz de imponerse a los silbidos. El himno español sólo puede resistir la controversia, sólo puede imponerse musicalmente en la megatrónica megafonía del Bernabéu.

El Bernabéu, pues, estadio nacional. Ni con Franco.