Santiago Bernabéu, junto a Di Stéfano - KARMA FILMS

Santiago Bernabéu«Voy a morir, María; ya no podré ver la Séptima»

Hoy se estrena «Bernabéu», una emotiva película sobre el personaje más importante de la historia del Real Madrid

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A caballo entre la primera y segunda década del pasado siglo, en la trastienda de la taberna La Taurina de la madrileña calle de Alcalá, los jugadores del Real Madrid tomaban copas mientras se cambiaban y vestían antes de cada partido. Ahí es cuando sonó por primera vez su nombre: «Todo el mundo conoce a Santiago Bernabéu, pero realmente no se saben muchas cosas de él. Pensamos que haríamos la película en un año y hemos tardado tres. Ha sido una labor intensa de investigación, documentación y archivo, pero creo que el resultado ha merecido la pena», explica a ABC Ignacio Salazar, director de «Bernabéu», emotivo largometraje que hoy llega a los cines sobre el personaje más importante de la historia del Real Madrid.

Santiago Bernabéu nació en Almansa, Albacete, en junio de 1895, siendo el menor de ocho hermanos. De padre valenciano y madre cubana, era un niño «desordenado, tímido, temeroso, corto de ánimo y amante de la soledad». Con solo 7 años, su familia se trasladó a Madrid y le matricularon en los Agustinos de San Lorenzo de El Escorial. De allí salieron los fundadores del Real Madrid, y ahí es donde dio sus primeras patadas a un balón, con el único propósito de combatir el frío. En 1909, Bernabéu comenzó los estudios de Bachiller en el Instituto Cardenal Cisneros. Pocos meses después, su madre falleció por fiebres tifoideas, y aquel golpe lo superó volcándose en el fútbol: «Bernabéu durmió en la cama junto a su madre hasta los 7 años. Solo en el fútbol encontró consuelo. Y, casualmente, apareció el Real Madrid. Su hermano Marcelo ya formaba parte del equipo, y un día le llevó a un partido que el propio Santiago acabó jugando. Ahí empezó su historia de amor con el club blanco».

Futbolista sin mucha técnica

Era un futbolista «torpe, lento, sin técnica y con mal correr». De ahí el apodo de «pato», pero estas carencias las suplía con corazón y alma, dos aptitudes que le hicieron pronto capitán y que marcarían su vida en el Real Madrid, su gran pasión junto al teatro, la ópera y el mar: «De joven fue la música lo que le atrapó. Durante un año estuvo yendo al Teatro Real, aprovechando los precios baratos de la zona del gallinero. Ya en su etapa final de vida, cuando se compró la casa en Santa Pola, se enamoró del mar».

Hasta antes de la Guerra Civil, jugar al fútbol generaba gastos y no daba ingresos, por lo que Bernabéu, siguiendo el deseo de su padre, abogado, se licenció en Derecho y se sacó unas oposiciones de Hacienda que le hicieron irse a trabajar a Oviedo. Aquel traslado y ese trabajo de oficina tan aburrido le consumía, por lo que renunció a su puesto y volvió a la capital donde se ganó la vida vendiendo trigo, plata y helados, a la vez que seguía ligado al Madrid, aunque ya no como jugador. Fue delegado, segundo entrenador, encargado de fichajes y, finalmente, directivo: «Era el hombre para todo. Vivía por y para el Madrid. Al quedarse tan pronto huérfano de madre y padre, el Madrid se convirtió en su familia. Y allí aprendió sus dos grandes valores: la lealtad y la amistad».

Bernabéu se salvó de milagro de morir fusilado en la guerra, un conflicto que dejó al Real Madrid en situación crítica: arruinado, sin sede social, ni estadio, y con solo cinco jugadores. El resto estaban exiliados o encarcelados.

En 1943, de carambola, fue nombrado presidente y le vaticinó a su mujer María, viuda de su gran amigo y exjugador del Madrid Valero Rivera (asesinado en la guerra) y con quien contrajo matrimonio en 1940, que en menos de un año ya le habrían echado. La profecía no pudo ser más desacertada. Se rodeó de gente preparada y con idiomas, como Raimundo Saporta, y pronto logró sanear las cuentas del club, construir el estadio más moderno y grande de Europa y hacer un equipo de ensueño, fichando a genios como Molowny, Di Stéfano, Gento, Kopa o Puskas: «La técnica que utilizaba para esos fichajes era la teoría de la jeta. Bernabéu era pura intuición y astucia. Se crió en un pueblo pequeño de Albacete y siempre se guió por sus instintos y por la primera impresión. Quería futbolistas buenos, pero también futbolistas que fueran buenas personas y que tuvieran principios».

Pasión por la Copa de Europa

Bernabéu no tardó mucho en ser consciente de la grandeza de su obra y quiso llevarla a toda Europa, cansado del aislamiento del franquismo. Logró convencer a la UEFA para que apoyara la brillante idea de «L’Equipe» de crear un torneo de campeones continentales, y así nació en 1955 la Copa de Europa, el torneo que ha convertido al Madrid en leyenda. Temporada tras temporada fueron cayendo orejonas, y «desde entonces, Bernabéu midió el tiempo acorde a la Copas de Europa que ganaba el Madrid». Murió con 82 años, en 1978 y tras 35 como presidente, por un cáncer de páncreas. En sus últimos días, y a pesar del sufrimiento, aún tenía fuerzas para una última reflexión: «Voy a palmar, María, ya no podré ver la Séptima».