Real Madrid

Marcelo vale para todo

Costó seis millones en 2007. Hoy suma 400 partidos en el club. Su magia le ha convertido en un talismán. La suplencia en la Décima le transformó

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El Real Madrid necesitaba savia nueva en la temporada 2006-07 y Gago, Higuaín y Marcelo fueron contratados en el mercado de invierno. El brasileño, 18 años, era el futbolista más barato. Una adquisición de futuro. Un fichaje promesa, de perfil bajo. Hoy es un líder de la columna vertebral del campeón de Europa. Xavi Hernández, referente de barcelonismo, reconoce que Marcelo es el jugador que más le ha sorprendido del máximo rival. Un lateral falso, un creador por la banda izquierda, que ha sufrido muchos avatares para triunfar. Su partido frente al Bayern de Múnich solo fue la rúbrica de un compendio de arte y regularidad que casaron desde que fue suplente en la final de la Décima y vio las orejas al lobo.

Malabarista con la pelota en el fútbol sala, el Fluminense le ensanchó el campo en 2005. Siempre apoyado por su abuelo Pedro (Marcelo dice que le debe todo), el lateral firmó por el Real Madrid el 14 de noviembre de 2006. Debutó el 7 de enero de 2007, frente al Deportivo. Ganó esa Liga. Y la siguiente, ya como titular, cuando Roberto Carlos se marchó al Fenerbahce turco. Diez años después, Marcelo ha superado las cifras de su compatriota, su mejor consejero en la actualidad.

La décima le transformó: «Marcelo se enfadó por ser suplente en Lisboa», señala Ancelotti. Pidió una cesión. El Real Madrid le hizo pensar. Se cuidó físicamente. Triunfó

Su carrera en la casa blanca no ha sido un camino de rosas. Hasta que comprendió que su calidad se impondría si trabajaba con disciplina y consolidaba su nivel físico.

Interior y extremo

Lateral zurdo ofensivo al llegar al club español, la magia del suramericano supuso que Juande Ramos le situara como interior izquierda en 2008. Un año después, Pellegrini explotó su talento al colocarle de extremo zurdo. Marcó cuatro goles y dio nueve.

Mourinho le devolvió a su posición de defensa, para que entrara desde atrás. Ha sido su puesto hasta hoy.

La llegada de Coentrao fue una manera elegante de decirle que no se aburguesara. Marcelo tenía tendencia a engordar y debía cuidar su alimentación con máximo rigor. Un rigor que no mantuvo en algún momento de su carrera, con pinceladas de vida relajada. Les ha pasado a muchos jugadores.

El cambio, la disciplina

Coentrao, en su mejor temporada, le quitó el puesto en el curso de la Décima y jugó la final de Lisboa como titular. «Marcelo se enfadó mucho conmigo por dejarle en la suplencia», explica Ancelotti. Le sacó en el segundo tiempo. Ramos solventó la crisis.

Esa final de Champions fue el punto de inflexión para el brasileño. Pidió su cesión. Florentino Pérez frenó su enojo y le hizo meditar su situación. El futbolista entendió que con su calidad extrema no era suficiente. Debía solidificar su forma física para recuperar el lateral. Optó por el trabajo con disciplina. Volvió al once titular en la segunda campaña de Ancelotti. Desde entonces, no solo ha sido un fijo, sino que ha evolucionado hasta ser un líder decisivo con quien el equipo cuenta para solucionar los problemas. Sus regates son magia. Y su eficacia para crear jugadas de gol es una arma letal. Esa es la diferencia, es un genio brasileño eficaz, no el clásico artista que se regatea a sí mismo.

Ayer confirmó su otro secreto: «Trabajamos mucho la parte física y al final hemos estado bien en ese aspecto, por eso he podido hacer esa carrera en el tercer gol(rematado por Cristiano)». Ese fue, es, el cambio de su vida. Tatuado su cuerpo con la Décima y con la imagen de su abuelo Pedro, ahora quiere tatuarse la Liga.