De Luis del Olmo (Ponferrada, 1937) imponen a bote pronto su estatura y su voz sin canas. Parafraseando a Mark Twain, podría decir que los rumores sobre su retirada son exagerados. Luis seguirá en ABC Punto Radio, a partir de septiembre, aunque a otro ritmo y sin el castigo cruel del despertador, con un espacio semanal de entrevistas. «Mi sueño es llegar en activo a los 80», asegura.
-Ha comentado que debería haberse retirado hace tiempo porque tiene 75 «castañas». Si decimos que son muchas, mi padre no me lo perdona.
-Echo un vistazo a los compañeros que comenzaron conmigo en RNE y no veo a nadie, todos están retirados. Por otro lado, yo me encuentro bien y veo que puedo aguantar. Tengo un colega en Buenos Aires que tiene 82 años y hace un programa como «Protagonistas». Yo me siento capaz de estar en los micrófonos cinco años más.
-¿Cómo será esta nueva etapa?
-Voy a estar presente en las mañanas en una sección que viene llamándose «Correo sin respuesta» y que se repite por la tarde a las 18.30. Después haremos la entrevista de la semana, cuidada, cuyo personaje llame la atención y tenga el cariño y el afecto de los oyentes. La emitiremos en directo los viernes y se repetirá el domingo. Luego, haré los programas especiales que surjan y podré atender tantas peticiones de dar conferencias sobre los años que he vivido, con la radio de la dictadura, la transición y los años de libertad.
-¿Dónde encuentra una estrella la motivación para seguir levantándose cuando otros se acuestan?
-Cuando suena el despertador a las cuatro de la mañana durante 34 años es que eres un inconsciente o te divierte mucho lo que haces. Yo iba a la emisora de madrugada pensando en que me iba a suceder lo más hermoso de mi vida, hacer un programa de radio.
-Eso es pasión.
-No creo que muchas personas hayan vivido tan intensamente la radio. Para esta entrevista de la semana algo habré aprendido después esas 70.000 que probablemente he hecho.
-Algunas de sus características son su dedicación al humor, dar la voz al oyente... ¿Siente que deja un legado?
-Siempre tuve en cuenta el humor. Primero con el inolvidable «Estado de la Nación», con Antonio Mingote, con sus señorías Tip y Coll, con Manolo Summers, con Chumy Chúmez, con los mejores humoristas que había en el país. Aquel debate terminó en mi época en Onda Cero y en ABC Punto Radio puse en marcha «El jardín de los bonsáis», que estuvo seis años maravillosos. Ese humor lo cubre ahora Mónica Chaparro, con un humor único en «Las siete divinas». El oyente está harto de noticias amargas y cuando llega su majestad el humor viene muy bien al cuerpo serrano.
-¿Puede molestar al poder el humor?
-Los políticos, que son los que reciben más leña, están tan acostumbrados que ya no se paran a pensar en el chispazo que les propinan.
-¿Es posible la independencia desde un medio de comunicación?
-Hoy un medio que no mantenga la independencia está muerto. Si nuestra radio tuviera cuatro kilovatios más, que llegarán ahora si Dios quiere con las nuevas licencias, ABC Punto Radio podría ser la cadena líder, empezando por Miralles, pasando por Castillón y San Sebastián, y terminando con el espacio deportivo de Abellán.
-Su página web recibe al lector con una cita: la verdad os hará libres.
-Alguna mentirijilla habré contado, pero piadosa. Si miento sabiendo que miento y que puedo hacer daño, tarde o temprano pasa factura. El oyente te canta la verdad, sobre todo cuando mantienes los micrófonos abiertos y presumes de tener la radio más libre. Recuero cuando mi madre me despidió de Ponferrada y me dijo: «Hijo mío, lo único que te pido es que no metas nunca la mano en el cajón. Antes que te la corten».
-Y sin embargo, a usted sí le han metido la mano en el cajón.
-Sí, esa es una página amarga de mi vida. Es muy duro que un sinvergüenza como mi antiguo administrador, aprovechando la amistad conmigo y con toda mi familia, se haya llevado mucho dinero. No ha sido una ruina total, pero sí una situación que me quitó el sueño. Ya no. Confío en que el juez lo meta en la cárcel. Me dio coraje y rabia, que ahora solo es desprecio. Que Dios se apiade de él y lo perdone porque yo no lo haré nunca.
-Pasa en todos los ámbitos de la vida, pero en la radio quizás es más acentuada la diferencia entre las grandes estrellas y una tropa mal pagada.
-Es verdad, es verdad. Yo tengo la conciencia tranquila en el sentido de que he procurado que la gente que ha trabajado conmigo tuviera una compensación económica respetable.
-¿Cómo vive un hombre de Ponferrada en Barcelona?
-Tengo un cariño por mi tierra que cualquiera lo nota y Cataluña entró en mí, me enloqueció. Allí nacieron mis hijos y la defiendo. Me da mucha pena que por desconocimiento se digan muchas falsedades. Me siento tan leonés y castellano como catalán, y puedo contar la verdad. También me duele cuando se hacen mal las cosas, claro.
-Ese amor es extensible a toda España, después de recorrerla entera.
-Esa es la fortuna que me ha dado la radio. Estoy enamorado de España porque he entrado en todos los hogares de los pueblos y las ciudades y las carreteras. Por eso estoy tan agradecido y me dolerá el día que tenga 95 años y tenga que decir adiós a la radio.
-¿Para qué poner límites?
-Es verdad. Cuando tenía 50 pensaba: «Si puedo llegar a los 70, qué feliz sería». Y he rebasado esa edad feliz.
-Pese a todo.
-Este mal momento que vive España es para echarse a temblar.
-¿Hay esperanza?
-Yo tengo un espacio que se llama «El impulso positivo», con una llamada a un economista para dar en un minuto un instante de optimismo, aunque luego llegue la realidad de los teletipos y te entren ganas de llorar.
-Pero ha nacido en mitad de una guerra, ha vivido la posguerra. Imagino que eso sería mucho peor.
-Yo recuerdo el racionamiento y los pueblos mineros del Bierzo, el trabajo de los picadores, el más terrible que nadie puede pensar. El mundo del campo es otra mina, a cielo abierto, y luego están esos millones de personas, familias con dos hijos con carreras superiores que están en casa. Esa tragedia nunca la he vivido, ni en los años más terribles.
«Pude superar el miedo a ETA gracias a la locura por la radio»
Luis del Olmo ha sido un hombre de radio, pero también ha aparecido en televisión. ¿No ha tenido la tentación de aprovechar más esas excursiones, por lo general mejor remuneradas y capaces de proporcionar aún más popularidad?
-Fueron unas pocas salidas, pero no las buscaba, me llegaron. Yo siempre he estado al filo de la radio sin tener otra aspiración que la continuidad. No he soñado con nada que me apartara del micro. Hasta que pierda el conocimiento espero seguir dando a mi manera los «buenos días España».
-No le apartó de la radio ni ETA, que lo intentó unas cuantas veces.
-Sí, durante muchos años compartí la alegría del micrófono con el miedo que la banda criminal ETA me proporcionaba. Sus asesinos intentaron en siete ocasiones quitarme de en medio. Si no lo hicieron fue gracias a la escolta. Precisamente, hace unos días pedí públicamente al ministro del Interior que, ya que estábamos con este régimen brutal de recortes, prescindiera y contara con mi escolta porque considero que ya ha pasado el peligro. Agradezco eternamente a los escoltas que hayan cuidado de mi vida y de mi familia y de mis hijos.
-¿Cómo se puede vivir así?
-Durante muchos años, era salir mirando a derecha e izquierda o viendo asesinos por todas partes cuando paseabas. Solo pude superar los miedos gracias a la locura que mantenía por el mundo de la radio. De no ser por ese amor profundo, lo habría pasado bastante peor.
-¿El miedo influye en trabajo?
-Por lo menos en mí no lo hizo. Pasaba miedo fuera y veía fantasmas y etarras en todas las esquinas, pero una vez que estaba metido en la radio, ya no pensabas en otra cosa que en hacer el programa divertido y entretenido.
-Aparte de estos asesinos, ¿queda algún enemigo menor por el camino?
-Tengo mis defectos, pero no he sido un broncas. Algún problemilla ha habido con algún compañero, pero tan insignificante que no merece la pena referirlo ahora.
-¿Se arrepiente al menos de haber pisado algún charco?
-Sí. Me lo reprochaba mi mujer muchas veces. «No te metas tanto con los terroristas, déjalos en paz. A ti qué te incumbe». El mismo comando que asesinó a Ernest Lluch fue en mi busca y no me encontró pero asesinó al guardia urbano Juan Miguel Gervilla, que encontró delante de mi casa. ¿Cuando les preguntaron a los terroristas por su obsesión de matar a Luis del Olmo respondieron: «Porque nos hacía mucho daño en los comentarios». Cuando se producía un acto terrorista yo me volcaba. No solo mi mujer; mucha gente me decía: «No vas conseguir nada volcándote de esa manera».

