«Samanta y el miedo»

¿Cuál es el mayor miedo de Iker Jiménez?

La periodista se enfrentará a su principal temor: la acrofobia o miedo a las alturas, y compartirá algunas otras fobias en un nuevo reportaje en el que también participarán Carmen Porter y Juanito Oiarzábal

Samanta Villar en «Samanta y el miedo»
Samanta Villar en «Samanta y el miedo» - CUATRO
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Nos puede salvar la vida, pero también paralizarnos. El miedo, una de las emociones que han hecho de la especie humana la más poderosa del planeta. «¿Tener miedo es normal?», pregunta Samanta Villar. «Es humano, otra cosa es la intensidad que tengamos». Esa es la repuesta que la periodista recibe en «Samanta y el miedo», una nueva entrega en la que nos cogerá de la mano para enfrentarnos a sus miedos y hacernos pensar en los nuestros.

Cada uno percibe el miedo de una forma distinta, pero ¿quién no se ha llevado más de un susto con la presencia de un presunto fantasma? Samanta tendrá a Carmen Porter («Cuarto Milenio») para que le explique lo que ha vivido le ha hecho perder el miedo porque «los shocks por los que he pasado me han hecho superarlo. Nos hemos metido en muchos lugares donde había fenómenos poltergeist». Además, confesará que «Iker ha salido pitando porque decía que había visto un fantasma y me ha dejado allí, tal cual. Corriendo como si no hubiera un mañana». Uno de los días más complicados que recuerda Porter es la grabación de un reportaje en la casa de las Caras de Bélmez. «Cuando falleció la mujer que la regentaba, sus hijos nos dicen que siguen sintiendo que está su madre allí. Así que fuimos, cerramos todas puertas y pusimos sensores de movimiento. No paraban de pitar, hasta 37 veces...», cuenta. Aun así, el mayor miedo de Porter son nada más y nada menos que los murciélagos: «Se me quedaron enganchados en el pelo dos veces».

Los fantasmas son la máxima representación del mundo sobrenatural. En la mayoría de los casos los adultos no creen en ellos hasta que se demuestra lo contrario, como hará Patricia, que vive con su familia en una casa encantada. Samanta acudirá hasta allí para descubrir cómo es vivir con fenómenos paranormales como sombras, pasos, presencias, ruidos y objetos que se mueven. Patricia explica en «Samanta y el miedo»: «Es una sensación de terror ante lo desconocido. Me dan ganas de llorar».

Pero el miedo no es siempre a lo sobrenatural. «Cuando bajé del K2, me perdí, me congelé las córneas, me quedé solo allá. Fue terrible porque estás ahí afuera, solo. La incertidumbre de si van a venir a por ti. Es un miedo constante. Estás dándole vueltas a la cabeza. Piensas ‘¿qué va a pasar conmigo?’». El alpinista Juanito Oiarzábal explicará que cuando estás pasando una dificultad extrema te paralizas. Eso es exactamente lo que ocurrió cuando se le congelaron las córneas y se quedó en la montaña, solo y ciego. «Sientes esa adrenalina que te sube por el cuerpo, cuando te das cuenta de que lo estás pasando mal». Sin embargo, lo que contesta el alpinista a qué era su mayor miedo contestó: las culebras. «No puedo con ellas».

Pero ¿cuál es el mayor miedo de Samanta Villar? Las alturas. «¿Por qué me da miedo si de pequeña no?», suspira al presentadora. Para intentar superarlo, Samanta comenzó con una experiencia de realidad virtual, siguió montándose en una montaña rusa que subía hasta los 60 metros y terminó por un ascensor de cristal.

Sin embargo, el peor miedo para Villar, Porter y Oiarzábal es el miedo al maltrato. «Es un miedo atroz y 24 horas», decía la periodista. En lo que va año, medio centenar de mujeres han fallecido y de ellas, la mitad seguían viviendo en pareja. Vanesa aguantó durante 17 años los malostratos de su marido pese a que le amenazaba prácticamente a diario, incluso llegó a pegarle estando embarazada. «Un día no me dejaba en paz y me fui a acostar con los niños para que me dejara tranquila. Pero no paró. Fue a su cuarto y me pegó una patada en el cuello. Fue ahí cuando dije basta», recuerda. Tras este incidente, Vanesa se fue a una casa de acogida junto a sus hijos. «Pensaba que iba a cambiar, que tenía una mala racha o un mal día... Cada vez que el se ponía violento mis hijos y yo temblábamos», confiesa. Ese miedo no se ha ido: «Hoy en día salgo a la calle y sigo teniendo respeto. No sé si ese hombre me va a hacer algo».

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