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Así se alimenta Sálvame de las desgracias ajenas, carnaza para la audiencia

El programa de Telecinco ha pasado de informar de noticias del corazón a crearlas, convirtiéndose en el escaparate de las calamidades de sus colaboradores, cuyos infortunios son carnaza para la audiencia. La última muestra, el ingreso en un hospital de María Teresa Campos

Belén Esteban en Sálvame
Belén Esteban en Sálvame
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Las noticias del corazón ya no son como antes. Si hace unos años la prensa rosa se dedicaba a dar cobertura a las novedades en la vida amorosa de las celebrities de mayor caché profundizando en los motivos de sus rupturas, en los flechazos o en los vínculos familiares que favorecieron ese acercamiento, en plena era de la inmediatez ha bajado notablemente de categoría, priorizando el ya y a toda costa.

Y aunque los famosos son fuente inagotable de cotilleos, la ambición desmedida de la televisión, que parece respirar por y para el share, ha reinventado la fórmula, explotando la vida, y oportunamente las desgracias, de aquellos que antaño se limitaban a informar de las noticias ajenas. La información, de por sí superficial, adquiere un cáriz mucho más frívolo que entonces, cuando hasta las cuestiones importantes son tratadas de pasada, como un sketck en la comedia de la vida.

«Sálvame» se ha convertido en el exhibidor de esta nueva forma de informar/polemizar. El programa de Telecinco ha pasado de informar de noticias del corazón a crearlas, convirtiéndose en el escaparate de las calamidades de sus colaboradores, cuyos infortunios son carnaza para la audiencia.

Un circo mediático en el que se banaliza, por ejemplo, la enfermedad de María Teresa Campos, convertida en una prueba más de un reality en el que (en principio) no hay expulsados. La televisiva establece conexión telefónica con el programa para contar su estado de salud, y cuando este empeora, son sus hijas, Terelu Campos y Carmen Borrego, o su pareja, Edmundo (Bigote) Arrocet quienes dan el parte en directo. Al equipo de «Sálvame» y a los espectadores. Entre la cantera y el círculo vicioso. Las sagas familiares continúan en pantalla, siguiendo el precedente de la familia Matamoros, en la que todos, hasta la exmujer de Kiko pero de espaldas, han desfilado por la pasarela mediática.

No es la única enfermedad con la que han trivializado desde el medio catódico. Y si no que se lo pregunten a María José Campanario, esposa de Jesulín de Ubrique, interna este verano en un psiquiátrico y foco de las burlas del programa y sus colaboradores. No en vano su enemiga acérrima, su némesis televisiva, es el producto estrella de la cadena.

Por supuesto, desde el programa presentado por Jorge Javier Vázquez no dudan en explotar también las rupturas de los tertulianos. Testigos como fueron del éxito de la «princesa del pueblo» y su vínculo con la audiencia, no han dejado de aprovechar el filón ofreciendo a los televidentes exclusivas sobre las últimas parejas de Belén Esteban, de cómo se comía Andreíta el pollo, e incluso de su estado de salud, comprometiendo a la colaboradora en público al contar cómo funcioan su bomba de insulina.

Y si la vida privada, término que solo existe en «Sálvame» para unos pocos, no da para tanto, no hay problema, se fuerzan las historias. No dudan en echar mano, si la situación lo requiere, a las broncas entre colaboradores, a exparejas de tertulianos para crear «ambiente» en programas de telerrealidad y a otras artimañas para pescar audiencia.

Una audiencia que estuvo pegada a la pantalla asistiendo a las novedades del folletinesco culebrón que ha copado «Sálvame» los útlimos meses. Gustavo González, conocido paparazzi del corazón y otrora un personaje respetable en la profesión, ha perdido toda credibilidad al asistir al reality de su vida sentimental, viviendo en directo y enseñando en el programa trapos sucios como sus escarceos fuera del matrimonio, su divorcio en streaming y su noviazgo con la amante, María Lapiedra.