Es Noticia
«Pesadilla en la cocina»

La vacilada de un camarero a Chicote: «No tienes ni idea de lo que hablas»

El restaurante-tetería está regentado por un amante de la comida nazarí convencido de la excelencia de sus platos, a los que Alberto Chicote califica de «comida de estudiantes» por su baja calidad

Alberto Chicote, en «Pesadilla en la cocina» - LASEXTA
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Como cada miércoles regresó «Pesadilla en la cocina». Esta vez, Chicote viajó hasta Melilla, ciudad que hasta ahora no había visitado. Lo hacía con la intención de ayudar al restaurante-tetería de un joven dueño de lo más particular. La Tetería Nazarí estaba regentada por Mohamed, un amante de este tipo de gastronomía y un jefe completamente desconcertante: déspota y tierno al mismo tiempo ya que se emociona en el momento menos esperado. «Mi sueño se ha convertido en mi propia pesadilla. Es mucho sacrifio», confesó.

Pero Mohamed no era el peor quebradero de cabeza de la tetería. La calidad de la comida dejaba mucho que desear y, además, el dueño tenía tanto miedo a que le copiasen sus recetas que no se las revelaba a nadie, ni siquiera a sus empleados. Incluso llegaba a esconderse para que nadie viera sus platos hasta que no estuvieran completamente acabados. «Sí, claro. Para que mis empleados me roben las ideas», se excusó.

El problema es que él está convencido de la excelencia de sus platos, a los que Alberto Chicote llegó a calificar de «comida de estudiantes» debido a su mala calidad. «Parece un crepe de piso de estudiantes ¿o no?», le dijo Chicote al camarero. «Yo es que soy un chaval de 20 años», contestó para evitar la pregunta del chef. Sin embargo, no dudó en «rajar» de Chicote cuando él no estaba delante: «A ti te ponen eso en tu casa y repites; pero aquí no se la ha comido».

A la desconcertante manera de ser del dueño y a la baja calidad de su oferta gastronómica, se le unió una plantilla complicada. Los empleados eran jóvenes y no tenían ningún tipo de experiencia. «No tienen capacidad ni para llevar un kiosko de chuches», comentó Chicote. Pero su verdadera característica era la insolencia.

La plantilla no solo actuó de forma descarada ante el dueño y los comensales, a quienes vacilaban cuando le decían que su servicio estaba tardando demasiado; también «se tomaron el lujazo de llamarme mentiroso», explicó Chicote. Entre gritos y vaciladas, los empleados de la Tetería Nazaría rebatieron cualquier cosa que el chef tenía que decirle (o corregirle). «No tienes ni idea de lo que hablas», le gritó uno de ellos.

En la sala reinaba la anarquía y en la cocina, el caos y desorganización. Una combincación explosiva que estuvo a un paso de destruir un negocio que lo es todo para Mohamed. Alberto Chicote intentó establecer un nuevo método de trabajo que, de aplicarse, podía resolver muchos de los problemas de la tetería ya que ni siquiera tenían las mesas numeradas. «Cómo puede ser que un sistema que funciona en los restaurantes de todo el mundo, aquí no funcione», comentó Chicote.

Pero si el dueño no asumía los graves y desconcertantes errores que cometía diariamente, la misión no sería sencilla. «Una cosa es saber hacer té y otra es regentar una tetería. Necesitas aprender aquello que no aprendiste en tus años de viaje», le dijo Chicote a Mohamed. Tras la charla con el dueño, el chef decidió acompañar al equipo de la tetería a la Escuela de Hostelería. «Me he dado cuenta de que no tengo ni idea de cocina», comentó Néstor, el ayudante de cocina. Ahora, Mohamed no solo tiene las herramientas, también tiene un equipo ilusionado. Bueno, y un local recién reformado.

«Ni en el mejor de mis sueños hubiese pensado que las cosas saldrían tan bien como han salido. Ni hubiese apostado cinco euros», confesó Chicote. El servicio «de prueba» tras la reserva no comenzó de la mejor manera: hubo muchos retrasos; sin embargo, Mohamed y su equio consiguió sacar un buen servicio adelante. «Se ha ido todo el mundo muy contento», dijo una de las camareras.