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Pepe, jurado de MasterChef: «Jordi es un crío a mi lado»

El miembro más carismático del jurado de MasterChef repasa, durante la celebración del aniversario del Big Mac de McDonalds, todos los secretos que hacen un éxito del programa de TVE

Pepe Rodríguez, jurado MasterChef
Pepe Rodríguez, jurado MasterChef - RTVE
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Pepe Rodríguez se mueve entre fogones igual que torea las paradojas. Afronta cada contradicción de su vida, «que está llena de casualidades», como si de freír un huevo se tratara. Se pone el delantal y al lío. Nunca quiso ser cocinero, pero se ha convertido en uno de los chefs más populares de España; tampoco le interesa la televisión, pero arrasa cada domingo en MasterChef, donde encadena ya trece ediciones con sus diferentes formatos. Empezó el programa queriendo ser serio con los concursantes, pero su gracia natural terminó imponiéndose, dejando a su colega Jordi, «un crío», el papel de poli malo porque a él no le «sale ser duro».

Rebasó la meta profesional de cualquier los cocineros logrando la Estrella Michelin en su restaurante El Bohio, pero no se conforma, y si por el aniversario del Big Mac de McDonalds tiene que reinventar una receta que se ha mantenido inmutable durante medio siglo, hace babear a Los Javis ideando un caviar con el pepinillo y se queda tan ancho.

P - -¿Qué impone más una Estrella Michelin o la televisión?

R - La televisión, mucho más. La Estrella Michelin es una carrera más lenta, algo que puedes conseguir con el tiempo, que te la pueden quitar o dar; en la tele vales o no vales, o pillas rápido la manera de estar o no vas a estar veinte años aprendiendo.

P - Empezó en MasterChef por casualidad, ¿cómo ha afectado el éxito del programa a su vida?

R - Mi vida es una casualidad, nunca quise ser cocinero y entré en la tele sin interesarme lo mediático ni gustarme mucho verla. Entro de repente en un programa que tiene un éxito extraordinario y aquí estoy. Seguro que ha cambiado mi vida. Me gustaría ver qué le pasaba por la cabeza a ese Pepe seis meses antes de empezar a grabar y compararlo lo que pienso ahora después de seis años. Creo que es una suerte porque al final tienes que poner como una balanza y decidir si te recompensa todo lo que te ha quitado, de estar sin la familia, del estrés, los viajes. Pues sí, me ha dado otra serie de cosas que creo que son tan importantes o más que las que tenía antes. Estoy muy contento, me lo tengo que tomar como una suerte.

P - Los programas de cocina están de moda, pero Masterchef sigue imparable frente a sus competidores. ¿Cuáles son las claves para que después de tantas ediciones y formatos siga cosechando esos datos de audiencia?

R - Profesionalidad, saberlo hacer, constancia, un gran equipo que hay detrás que sabe hacer televisión y seguro que un poquito de suerte. El momento justo, que te cuiden, que te arropen… La televisión es tan jorobada, tan traicionera pero tan bonita a la vez… Nosotros hemos tenido todos los ingredientes de unas personas que saben hacer muy bien televisión y esa pizquita de suerte. Una ensalada muy bien aliñada, con todo lo que necesita que necesita en su justa medida para que no te sature y no te quedes con hambre, y eso es muy difícil.

P - ¿Cuánto hay de guión y cuánto de real en lo que se ve de MasterChef?

R - Ahora que ya voy conociendo la televisión soy consciente de que no hay ningún programa que no tenga guión. Todos lo tienen. A veces cuando sale Wyoming hablando parece que es que es muy gracioso y eso se lo inventa él y no, hay unos guionistas detrás que son los que saben de esto y él lee un teleprompter y lo puede hacer más o menos gracioso. En ‘El Hormiguero’ no sale Pablo Motos y dice: “Venga, yo disparo aquí”. No. Hay un guión, una forma de hacer las cosas, y luego tú te lo puedes ir saltando. MasterChef tiene un guión. Lógicamente cuando estamos presentando la prueba es un guión. Pero lo que ocurre luego en el cocina es libertad absoluta, es la magia de la cocina. Como lo son también la reacciones de los concursantes. Cuando veía un programa de televisión y veía a alguien llorando decía: “Qué necesidad de llorar”. Pero claro, te genera tal estrés, te lleva a tal límite y tensión que ahí sueltas todo lo que eres. Lloras, ríes… Yo lloro en la tele porque me emociono cuando veo a esa mujer que lleva tres meses sin ver a su hijo y te meten al niño por el plató y la mujer se derrite... Eso a mí me hace llorar. Esa es la magia de la televisión.

R - Por eso yo cuando me meto con alguien la gente lo agradece, pero yo soy así, me he metido siempre con Jordi, le pico, porque para mí es un crío a mi lado, le saco diez años nada más pero se nota y le vacilo. También a Samantha con su pelo o su pendiente. Es mi manera de ser y eso no es un guión, a mí no me han dicho: "Métete con la rubia y dile qué pendientes tiene". No, eso me sale, y al espectador le gusta. Y el pique que tenemos Jordi y yo lo he generado yo sin quererlo, pero nos hemos dado cuenta de que eso es bueno y ya nos ponen para que nos piquemos, pero surgió de una forma natural.

P - ¿Forma parte de ese guión que usted asuma el papel de bueno y Jordi el del juez duro?

R - Esos roles los cogemos, yo he intentado ser duro y no me sale. No es que quisiera ser duro, pero sí que en las primeras ediciones pensaba que como parte del jurado, de los que saben, se espera cierta seriedad y rectitud para decirles a los concursantes qué pasa con ese plato. Me quería poner serio, pero si no me pongo serio en mi casa ni en mi cocina, ¿por qué tengo que hacerlo delante de una cámara si no soy actor? A Jordi le sale natural porque es un tío mucho más serio que yo. Jordi no hace la pose de duro, es que lo es, con su parte tierna y humana, lógicamente, pero es infinitamente más duro que yo.

P - Cosechar grandes audiencias también tiene su contrapartida. ¿Cómo encaran las polémicas?

R - No pasa nada, las críticas hay que normalizarlas, y más los que vivimos de ellas. Me llevan criticando en el restaurante desde que tengo uso de razón. Toda mi vida en la hostelería ha sido una constante prueba en la que el cliente me estaba enseñando. Creo que el tema de Jordi y los becarios está zanjado ya, no tiene ningún sentido, quién no ha sido becario, yo lo he sido becario y estaba encantado de serlo. Todo se enreda porque la gente habla sin saber. Yo voy a seguir teniendo becarios siempre que pueda porque no puedo negar el conocimiento a la gente que quiere venir a mi casa a aprender, porque fui a El Bulli, a Martín Berasategui, a mil restaurantes a aprender y nadie me pidió nunca nada. Es verdad que ojalá se pudiese regular un poco. Pero la difamación es gratuita.

P - La carta del restaurante de MasterChef ofrece el famoso «León come gamba», un plato que se convirtió en mofa nacional. ¿Está bien comercializar la humillación de un concursante?

R - Es un icono si se hace bien, seguro. Lo único que a mí me podría pesar de ese plato es que ese chico se haya sentido alguna vez mal. Si hubiera sido de otra manera seguro que hasta se lo hubiera tomado con buen pulso y hasta hubiera sacado parte de ello, se hubiera hecho una camiseta con eso. Pero si no lo ha pasado bien, si no ha entendido lo que ocurrió… yo sufriría. Y que MasterChef lo recupere, pues bienvenido sea, es un guiño gracioso a un momento televisivo.

P - ¿Existe favoritismo en MasterChef? ¿Cambia la valoración según el concursante, independientemente de la calidad del plato?

R - Es muy difícil estar siempre arriba del todo y olvidarte de que a quien tienes delante es una persona con la que tienes algo más de trato, el mínimo, porque es lo que intentamos tener con todos para que no haya justo eso, pero algo más. Pero jolín, estamos ocho horas grabando en plató, y al final la chica rusa me mira con unos ojos con los que no me mira Ramón, por poner un ejemplo, entonces a Ramón se lo digo de una forma y a la rusa de otra, y eso es inevitable. Pero cuando está mal se lo digo, y se lo digo a lo mejor buscando un poco de ironía o de cachondeo para que lo entienda pero le estoy diciendo: “Es una vergüenza”. Hay muchas maneras de decir las cosas, yo intento buscar el lado gracioso porque me parece que son seres humanos que se están jugando mucho y que quieren cambiar de vida o actitud y hay que cuidarlos.

P - Mario Vaquerizo, Carmen Lomana, Antonia dell'Atte... Parece un plato fuerte el casting de la próxima edición de MasterChef Celebrity.

R - Va a ser un cóctel molotov. Pensaba que no se podía mejorar la pasada edición pero hay personajazos ahí, tan dispares, tan surrealistas… Vamos a ver qué pasa, pero pinta muy bien.

P - Pero con quien se le cae la baba es con los niños, ¿es su formato favorito?

R - Disfruto mucho todos. El de los niños es muy agradecido, sobre todo porque es más cortito y por eso es más llevadero pero disfruto con todos. Cada uno tiene su cosa.

P - No es la primera vez que se critica la exposición de los niños en MasterChef Junior.

R - Si los que hablan viesen la grabación, si conociesen a los niños y viesen cómo disfrutan y cómo lo viven... no serían capaces de decir eso. Hay a veces una sociedad tan boba… Hay gente que me para en la calle y me dice: “Yo no puedo ver el de los niños, cuando se ponen a llorar…”. Pero si es que los niños lloran, ríen, cantan, bailan… como mis hijos, a veces son encantadores, y otras los odio. Yo soy un ser humano, y el niño también. Y al niño, con mucho pulso y mucho cariño hay que decirle que se ha equivocado. Normalizar las cosas, porque así aceptan la crítica y se dan cuenta de que es para mejorar.