First Dates

El interminable mitin de un comensal de «First Dates»

Luis se excedió hablando de política y su pareja acabó visiblemente aburrida

Isma y Luis acabaron dándose el «sí quiero» a pesar de todo
Isma y Luis acabaron dándose el «sí quiero» a pesar de todo - CUATRO
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A Carlos Sobera y los suyos se les acumula el trabajo. Decenas de solteros llaman a diario a las puertas de «First Dates» con la esperanza de que en «el restaurante del amor» también ellos tendrán suerte. «Este no es un restaurante cualquiera», recuerda siempre Sobera al empezar el espacio de Cuatro, «aquí se viene a buscar el amor». Como viene siendo habitual, «First Dates» no defrauda a la hora de mostrar al espectador lo más granado de la sociedad española.

Empezó la noche con una cita peculiar para lo que viene siendo la normalidad en el programa de Sobera. Unai e Ivana, dos jóvenes estudiantes de filosofía que habían sido novios durante años, tuvieron una «segunda primera cita» ante las cámaras de Cuatro. Pedantes hasta dar grima, la pareja consensuó que «fuera de nuestro círculo, donde todos somos veganos, bisexuales y de relaciones abiertos, es todo delirante. Es difícil conocer gente fuera de nuestro círculo». No se entendía muy bien cuál era el objeto de la cita, más cuando ambos reconocieron tener una relación de amistad totalmente normalizada, y que se veían bastante. La cena consistió en un repaso de su vida en común, sus amistades y sus muchos «compromisos éticos» que los hacían diferentes y especiales a los de «fuera de su círculo».

Para rizar el rizo, llegó acto seguido un heavy amante de la cultura vikinga y creyente en las divinidades nórdicas y una chica de morro fino: «me gustan los planes de señora de cincuenta años: ir a hoteles caros, a restaurantes caros...». Él, Manu, un valenciano de treinta años, se plantó en el restaurante con un cuerno vikingo para dejar bien claros sus gustos tribales. Las cosas parecían ir bien entre ellos, hasta que el macho preguntó por los gustos sexuales de la damisela y a ella no le pareció muy oportuna la pregunta. Finalmente, ambos se fueron cada uno por su lado sin que la chispa hubiese llegado a saltar entre ambas.

Poco después compareció Luis, un joven periodista de 24 años, homosexual, que tuvo un bonito gesto al aparecer con una chapa contra «las violencias machistas» y mandó su solidaridad con la joven violada en San Fermines por La Manada. Ya en la presentación avisó de su afición por las discusiones políticas, y que solía ser cargante y pesado cuando otros no estaban de acuerdo con lo que decía. Su pareja era Isma, de 19 años, que acabó medio adormilado en su silla tras el mitin sociata de su acompañante.

«Yo soy del PSOE porque mi abuela, que tenía vacas y hacía leche, era del PSOE, y yo estoy con las ideas de la gente como mi abuelo», arrancó el joven, «pero Pedro Sánchez no me gusta, es lo peor de la izquierda, es muy mediocre. En general, la gente de la política es muy mediocre a día de hoy» Y así siguió durante un buen rato, mientras Isma se acomodaba en su sitio y asentía, con cara de no estar muy interesado en la conversación: «Solo me he enterado de que es del PSOE», dijo después.

A pesar de ello, Isma vió algo que le gustó en su pareja, y aunque la conversación apenas versó sobre otra cosa aparte de la política, al final se dieron el «sí quiero» mutuo y, una vez más, Luis tiró de la política para hacer un símil: «Vamos a ser los próximos Ferreras y Ana Pastor».

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