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First Dates

El desplante de una pareja a Carlos Sobera

David y Penélope se encantaron nada más conocerse y se olvidaron por completo del presentador

David y Penélope empezaron bien su cita, pero terminó de un modo muy distinto
David y Penélope empezaron bien su cita, pero terminó de un modo muy distinto - CUATRO
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«Los solteros de First Dates son de enamorarse hasta durmiendo». Así anunciaba en Twitter el programa de Cuatro su sesión de este martes. En efecto, mientras haya solteros obsesionados con «encontrar el amor» la permanencia del programa de Carlos Sobera está garantizada. Siendo así, todo indicada a que tendremos First Dates para rato.

El gancho del programa está en la diversidad, en la amplia gama de parejas que intentan enamorarse delante de millones de españoles. Si el espectador pone Cuatro en busca de ternura y de parejas poniéndose ojitos, lo encontrará. Si el espectador, que es lo más común, busca morbo, excentricidad y extravagancias, lo hallará con creces. Y van ya la friolera de 646 programas, una cifra de la que muy pocos formatos pueden presumir.

La noche empezó con una pareja joven. David, un rapero y estudiante burgalés de 23 años que se define como «un luchador» y que quedó prendado de su pareja nada más verla. El nombre de la chica era Penélope, una camarera madrileña de 24 años que tiene un grave problema de complejo con sus dientes: «Sé que los tengo muy feos, los tengo mal colocados», dijo en su presentación. Nada más verse empezaron a hablar uno con otro, ignorando totalmente a Carlos Sobera, que no hizo falta que les acompañase a la mesa. «Pues sentaos a cenar, si es que os quedan temas de conversación», ironizó el presentador.

El rapero era todo un seductor, un hombre sensible y capaz de ganarse la simpatía de las mujeres: «Amigos ya los hago en la calle, aquí vengo a lo que vengo y no voy a perder el tiempo», se sinceró. Penélope quedó abrumada con el despliegue de piropos, pero se dejó llevar agradada por la cortesía de David. Pero de pronto, sin cortarse un pelo, él le pidió si podía cogerla de la mano. «Me he sentido un poco incómoda, no me lo esperaba...Luego me he puesto a comer para dejarlo pasar». Él siguió con su estrategia de ataque, y poco después se levantó de su silla con la excusa de ver los pendientes de Penélope, pero su verdadero objetivo era besarla en la mejilla. Al final, David quiso tener una segunda cita y Penélope dijo también que sí, aunque apostillando el mítico «pero como amigo».

Poco después llegó al restaurante Carmelo, un catalán de 58 años que ama el cine español: «Sobre todo las películas antiguas, en las que se veía cómo era la gente antes, muy distinta a la de ahora: con sus principios, sus valores morales...». Su pareja era también catalana, Paquita, que se quejó de «haber hecho todo demasiado joven: casarme, tener hijos...». La primera impresión de ella fue positiva, aunque reconoció que tampoco venía con «grandes pretensiones». La cena no fue incómoda, pero Paquita es una mujer callada y Carmelo tuvo que sacarle las palabras con sacacorchos. Al final, aunque Paquita quiso tener una segunda cita, él echó en falta «un poco de complicidad» y declinó la oferta.