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First Dates

La comparación que hirió el orgullo de un comensal: «Me estás rebajando»

Irene le dijo a Pedro que se parecía a «gatito», pero él prefería ser como un tigre

Pedro e Irene no estaban hechos para ser pareja, y eso se notó desde el comienzo
Pedro e Irene no estaban hechos para ser pareja, y eso se notó desde el comienzo - CUATRO
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First Dates, con Carlos Sobera al frente, sigue empeñándose en su tarea de erradicar la soltería en España. Tarea difícil la suya, pero no es esa razón paa claudicar. Por el plató de Cuatro han pasado los personajes más excéntricos que uno pueda imaginarse, y no pocos de ellos se han ido del programa acompañados. Ninguna misión es imposible.

Empezó llegando al restaurante Vanesa, una estudiane granadina de 32 años que dijo llevar «el ejército en la sangre», debido a sus antecedentes familiares. A su tierna edad tenía ya 3 hijos, a los que ya ha convertido en auténticos fans de Juego de Tronos, como lo es ella. Le encantó a Vanesa saber que su pareja en el programa, David, burgalés de 35 años, era padre de tres hijos, lo que hizo que los dos se viesen como personas con muchas inquietudes en común. Empezaba con buen pie la cita, pero no acabó del mismo modo. Pese a que a Vanesa se la veía muy ilusionada con el burgalés, a este pareció faltarle algo en la granadina, y prefirió no tener una segunda cita con ella.

La primera mitad del programa estuvo protagonizada por parejas de edad media, entre los 30 y los 45 años. Después de David y Vanesa, llegaron Pedro e Irene, otra pareja con sus peculiaridades. Pedro era un madrileño de 40 años que repetía en First Dates, y ya al llegar le avisó a Sobera de que esta vez «esterilizaré cualquier germen poético en mi expresión» para evitar espantar a su pareja, como había sucedido en su primera vez en el programa. Y es que a Pedro le gustaba hablar engolado, delectándose en palabras que no vienen a cuento pero a él, que reconoció «leer solo de vez en cuando», le suenan cultas. El resultado es una pedantería difícil de soportar, y menos en una primera cita. «Tienes unas piernas torneadas y longíneas», y piropos por el estilo tuvo que soportar su pareja, «querrás decir longitudinales...» respondió su pareja. «Eso, eso, me había confundido».

De nombre Irene, madrileña y con 36 años, es una actriz y bailarina que sueña con ser la autora de la canción del verano. La cita, a pesar de no presentar ningún momento incómodo ni tenso, fue basatante renqueante, en el sentido que se notaba que no había surgido mucha chispa entre ellos. Llegado a un momento, Irene le dijo a Pedro que «parecía un gatito», una comparación que hirió el orgullo masculino del madrileño.

«Esa comparación me desdibuja», arrancó Pedro su discurso, «no indica que sea una persona que genere estímulos más salvajes, como los del tigre. Me parece que me estás rebajando, porque el gato solo despierta cariño, ternura», se indignó. «Bueno, son muy dulces los gatitos...», le respondió Irene, que tenía desde el comienzo muy clara la respuesta que iba a dar a la pregunta de si quería una segunda cita con él. Al final, cada uno se marchó a su casa tan solo como había llegado.