First Dates

«Soy choni buena y vegetariana»

Sara se presentó a «First Dates» para acabar con los estereotipos respecto a los chonis: «No todos van buscando pelea»

La choni buena de «First Dates»
La choni buena de «First Dates» - CUATRO
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Aún con la resaca de la celebración del medio millar de galas, Carlos Sobera y los suyos (incluida la camarera Yulia, tan soltera en el programa 500 como en el 501) volvieron, una noche más, a la ardua tarea de encontrar pareja a los individuos más difíciles de emparejar de todo el territorio nacional. «First Dates» es una lucha imposible contra los azares de la genética y los caprichos del carácter, pero los celestinos de Cuatro cumplen puntualmente con su titánico designio de lunes a viernes.

Alejandro cree que será cantante, «alguien en el mundo de la música», pero de momento se dedica a aporrear puertas para intentar vender productos. Este sevillano de 22 años parece además no tener abuela. Le tocó Carmen como pareja, una chica de 18 años de lo más sensato de la que él dijo que era «normal que sea celosa. Cuando llegue alto en el mundo de la música tendré a muchas mujeres a mi alrededor que querrán cazarme, y tendrá que lidiar con eso». A pesar de la arrogancia y presuntuosidad del mozo, a Carmen le tocó el corazón y decidió que tendría una segunda cita con Carlos y con la bandada de pajaros que vive en su cabeza.

Hacia la mitad del programa apareció el as en la manga que «First Dates» tenía guardado para empezar con fuerza su quinto centenar de programas. Sara entró en el restaurante con su chocante estética de rastas de colores, tatuajes y honda raya bajo los ojos para hacer un alegato en defensa de los suyos: «Todo el mundo cree que los chonis son malos, que van por ahí buscando pelea...Pero también hay chonis buenos: yo soy choni buena y vegetariana».

Sara, dijo, quiere casarse «por la Iglesia, vestida de blanco, que me echen muchas fotos, ser protagonista...Pero luego ya un matrimonio normal». De los hombres pide lo básico: «Que tengan su cuerpecillo...vamos que esté bueno». Le tocó a Sara sentarse a comer con José, otro sujeto de estética bizarra e innumerables ocupaciones: «Soy peluquero, tatuador, músico...».

Buena parte de la conversación transcurrió en torno al etiquetado urbano de cada uno de ellos: choni, cani, trapero...y las diferencias y enfrentamientos entre tribus. Hubo algún pique entre ellos, pues José no va «donde van los chonis, están siempre buscando bronca». Parece que la diferencia fue insalvable, pues desde momento la cita empezó a caer en picado hasta que la «choni orgullosa» decidió que tendría una segunda cita con su pareja, sí, «pero como amigo».

comentarios