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Cárdenas, un vestigio de los 90

Cárdenas es historia de nuestra tele, más concretamente de nuestra telebasura. Pero él no se ha reciclado ni ha querido convertirse en algo distinto

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Javier Cárdenas nunca ha hecho televisión de autor. Bueno, sí en cierto modo: el programa de Arús, el programa de Sardá... Sus entrevistas a Carlos Jesús son, para una generación, esa parte de la memoria que no podemos destruir. Lo que sobrevivirá al alzheimer. «Hoy ríen, mañana llorarán». El daño ya está hecho.

Cárdenas es historia de nuestra tele, más concretamente de nuestra telebasura. Pero él no se ha reciclado ni ha querido convertirse en algo distinto. En lugar de trepar culturalmente comulgando el catecismo progre, él ha seguido con sus cosas. Y lo que antes pasaba ahora es inadmisible. Cárdenas es un vestigio de los años 90. Los 90 resisten en él.

Por eso ha sido incluido en el «mundo cuñado», junto con Bertín, o el «mundo machista» de Pablo Motos, cuando todo su problema fue haber sacado a tres chicas en bikini.

Cárdenas es también la continuación de Mariló Montero, es decir, el elemento polémico de una TVE del PP. El mundo de la crítica televisiva, que se calló siempre ante TV3 y sus décadas de odio programado, encuentra muy escandaloso que Cárdenas comente teorías conspiranoicas sobre huracanes, aunque lo haga en una radio privada. «¡Cómo puede una televisión pública hacer semejante cosa!». Pues hacen esas cosas y otras mucho peores.

La estrecha vigilancia a las cosas de Cárdenas sugiere una interesante innovación que puede que le tengamos que agradecer a él: un consejo científico que valide el contenido de los programas.

Con su estilo vulgar, facilón y populachero, Cárdenas aún se toma libertades; y no es tan fácil tomarse libertades ahora mismo. Ha sido uno de los pocos en denunciar el régimen de exclusión de los nacionalistas en Cataluña. Él habló cuando muchos ponían el cazo o pasaban por amigos del lobby independentista.

Ahora acusan a Cárdenas de «pseudociencia». Eso será lo que hacía Punset. Cárdenas no hace ciencia en absoluto, ni lo pretende. Ofrece un entretenimiento, digamos, poco elaborado, pero tampoco son cosas tan distintas a las que antes hicieron Jiménez del Oso, Íker Jiménez, o aquel Txumari que arreglaba todo con orín.

¿Es lo mejor para nuestra tele? No, pero el cerebro no nos lo ha licuado Cárdenas.

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