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First Dates

El repulsivo comentario al conocer a su pareja: «¡Pero si es calvo!»

Adriana dejó escapar una frase un tanto inoportuna que no debió de gustarle mucho a Adolfo

La cita entre Adolfo y Adriana no acabó de cuajar y cada uno volvió a su casa tan solo como había llegado
La cita entre Adolfo y Adriana no acabó de cuajar y cada uno volvió a su casa tan solo como había llegado - CUATRO
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«First Dates» volvió a las pantallas de Cuatro este miércoles para intentar emparejar a los solteros más desesperados de nuestro país. Con Carlos Sobera al frente, el restaurante del amor ofrece diariamente nuevas oportunidades a los desheredados amorosos que buscan redimirse en directo de sus males del corazón. La nómina de solitarios disponibles parece no terminarse nunca y «First Dates» ha superado ya con creces los quinientos programas y el formato no presenta aún signos de fatiga.

En su eterna búsqueda de renovación del espacio, los guionistas de Cuatro han dado con la idea de lanzar las «First Dates Lesson», un repertorio de consejos y recomendaciones para los poco acostumbrados a tener citas con personas del sexo opuesto, o del mismo. Está claro que a muchas de las personas que Sobera recibe en plató no les vendría de más recibir unas clases para evitar algunos de los patinazos y patetismos que las cámaras de Cuatro retransmiten casi a diario.

El personaje reseñable de la noche fue el sevillano Jesús Vázquez, un secretario de 23 años que se declaraba como «un hombre con valores un poco chapados a la antigua, y tal vez por eso la gente no me entiende». Aunque torpe en las habilidades sociales, Jesús demostró ser un joven gracioso y espontáneo. Su pareja fue la malagueña Paola, de 19 años, y que aunque ahora trabaja como limpiadora su sueño es llegar a ser legionaria «porque me gusta lo de las escopetas y todo eso».

Desde el principio quedó claro que la cita no iba a cuajar, especialmente porque Paola no hizo demasiados esfuerzos por atender a su pareja. Con una actitud rayana en lo grosero, la malagueña apenas miró a la cara de Jesús, como si hubiese descartado darle una segunda oportunidad nada más verle. El sevillano se esforzó por hacerle pasar un rato agradable a Paola, pero a ella no le importó nada y la cita acabó siendo un fracaso total. Cada cual a su casa sin darse no siquiera un beso de despedida.

Poco después apareció por el restaurante Adolfo, un artista llegado desde Benidorm en busca su media naranja y con ganas de escapar de la soledad. Aunque aseguró que todo le había relativamente bien en su vida, se quejó de que «en Benidorm pagan mal a los artistas». Los guionistas del programa quisieron que fuese Adriana, una cartógrafa uruguaya de 59 años que buscaba una relación ligera y poco comprometida. Cuando Adolfo estaba ya sentado a la mesa, Sobera acercó a Adriana a su mesa y esta dejó escapar una frase que no debió de gustar mucho a su pareja: «!Anda, pero si es un calvo!».

Aunque charlaron animadamente y se cayeron bien mutuamente, era muy distinto lo que andaban buscando en «First Dates». Además, los muchos kilómetros que los separaban les persuadieron definitivamente para decidir que lo mejor sería no volver a verse una segunda vez.