El 90% de los televisores tendrán que adaptarse para ver la TDT en menos de cinco años

La llegada de la DVB-T2, el nuevo estándar tecnológico, obligará a comprar adaptadores. España se prepara además para el segundo dividendo digital, que hará necesario resintonizar y adaptar las antenas

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El año pasado se vendieron en España algo más de tres millones de televisores: 3.124.000. La inmensa mayoría eran aparatos «inteligentes» y con capacidad de ofrecer imágenes en alta definición o HD (98,6%). Estas características, además del tamaño y el precio, eran las principales preocupaciones del comprador. Muchos también se plantearon la disyuntiva entre LCD, LED y pantalla de plasma, pero muy pocos preguntaron por un aspecto aún más importante, que puede determinar que el aparato quede obsoleto en un plazo de entre tres y cinco años.

Debido a la falta de información y planificación, prácticamente ningún consumidor conoce la tecnología DVB-T2 o TDT 2, un estándar que Europa adoptará casi con toda seguridad, porque permite comprimir mejor la señal televisiva. Esto será fundamental para mejorar las prestaciones de la TDT (todavía hay canales que no emiten en HD, por ejemplo). También ayudará a compensar el próximo dividendo digital, programado para 2020. Ya saben: habrá que volver a resintonizar aparatos y adaptar antenas. Esto es así porque la banda de frecuencias de los 700 megahercios, que ahora ocupan de forma parcial algunos canales de TDT, será cedida a los operadores de telecomunicaciones para desarrollar la tecnología 5G en teléfonos móviles.

Pero volvamos al DVB-T2 o TDT 2. Del parque actual de televisores, 37,4 millones, apenas el 10%, la gama más alta, están preparados para el futuro. Incluso hay 12 millones que ni siquiera tienen HD. Casi más preocupante es otro dato: de los 3,12 millones de aparatos vendidos el año pasado, más de la mitad, el 54,5%, serán viejos en menos de un lustro o necesitarán un adaptador para que se pueda seguir viendo la TDT, algo que no afecta a las plataformas digitales o por internet.

Por ello, los expertos piden que a partir del 1 de enero de 2018 no se permita la venta de televisores «que no lleven como mínimo un demodulador DVB-T2 y un descodificador MPEG2/4». En el caso de aparatos en ultra alta definición (UHD), «también deberían incorporar un descodificador HEVC», sistema de codificación que soporta incluso resoluciones de 8K.

Desactualizados hasta 2040

Se estima que España renueva su parque de televisores cada década. Al ritmo actual de ventas, en cuatro años la inmensa mayoría serán HD, pero el sistema DVB-T2 tardará en implantarse 24 años. Hasta finales de 2040 no podríamos considerar superada la etapa. Si por el contrario se obliga a que desde 2018 todas los aparatos vendidos sean «modernos», a finales de 2027 se habría completado la transición.

Qué dice el Gobierno

La creación del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital es señal de que el asunto preocupa, pero de momento los plazos son un misterio y las declaraciones de intenciones se han reducido a la mínima expresión. La respuesta oficial es que «todavía no hay una fecha para el despliegue del 5G». Como mucho, remiten a las palabras de su máximo responsable, Álvaro Nadal, que se refirió al asunto en el último Mobile World Congress, celebrado en febrero. El ministro dijo allí que lo importante es «acertar» con la fecha: «Desplegarlo demasiado pronto sería quitarle recursos a los operadores que no van a poder explotar, pero desplegarlo demasiado tarde es retrasar el país», afirmó.

La principal pista que indica que el Gobierno hará algo este año es el presupuesto de 300.000 euros previsto para la campaña «Difusión Despliegue de la 4G», que se llevará a cabo entre mayo y diciembre «entre la ciudadanía, ayuntamientos y otras entidades públicas y privadas».

Entretanto, las operadoras de televisión y el resto de sectores involucrados urgen al Gobierno para que anuncie su hoja de ruta. Europa, de hecho, ha puesto la fecha límite de junio de 2018. Incluso exige que a finales de 2017 se den a conocer los planes de coordinación con nuestros países vecinos, incluidos los africanos. A finales de 2018 debería estar cerrada la hoja de ruta. Esta baza, de hecho, se cree que será utilizada por el Gobierno para pedir la prórroga y aplazar el dividendo digital hasta 2020. Tampoco está claro que este se haga coincidir con el tránsito a la TDT 2, para evitar complicaciones, y quizá tengamos que resintonizar más de una vez.

Desde Uteca (asociación que agrupa a las cadenas privadas) todavía no han decidido una postura común. La reciente creación, el pasado mes de marzo, de la Asociación Española de Televisiones Privadas Digitales Terrestres (integrada por los canales «pequeños») ha incrementado las tensiones en el seno de Uteca, de hecho, porque no todos los intereses son comunes. En todo caso, este organismo no ha dejado de pedir «armonización» y «estabilidad jurídica para el sector».

Las asociaciones de usuarios, por su parte, también piden que el dividendo digital coincida con el tránsito a la TDT 2. En la misma línea se manifiesta el ingeniero Eladio Gutiérrez Montes en el libro «Televisión abierta. Situación actual y tendencias de futuro de la TDT», coordinado por él y presentado hace unos días. La televisión digital terrestre, asegura, «está preparada para realizar el cambio, solo hace falta que los actores (radiodifusores, operadores, industria de componentes y dispositivos, instaladores y administración) empujen en la misma dirección».

Para los consumidores todos estos cambios son un engorro y suponen un coste elevado. Para las cadenas de televisión también, porque les obliga a emitir durante un tiempo en las dos frecuencias (simulcast), para no perder espectadores durante el tránsito. Se desconoce si llegarán ayudas públicas (europeas o nacionales) para sufragar estos cambios o incluso si el Gobierno aprovechará para conseguir un rendimiento económico, en el caso de que decida sacar a subasta nuevos canales de TDT, algo que sería posible si se adopta la TDT 2.

¿Sería posible aplazar esta tecnología? Teóricamente sí, pero ya hay países europeos que han dado pasos en esta dirección y todos los implicados están de acuerdo en que su tecnología es tan ventajosa que sería un suicidio para la TDT no aprovechar sus avances. La competencia con la televisión de pago, por satélite y por internet no aconseja el inmovilismo. La televisión digital terrestre todavía supone cerca del 70% del consumo.

La mejor noticia es que cuando todos estos «traumas» se hayan superado, Europa ha prometido una década de paz. No deberíamos volver a sufrir nuevos cambios, como resintonizaciones o renovación obligada de televisores, como mínimo hasta 2030.

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