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Reyes del barrio

Las cuatro Españas de «Los reyes del barrio»

Cuatro estrenó este jueves «Los reyes del barrio», un programa que sigue los pasos de cuatro grupos de amigos de diferentes barrios españoles: desde La Moraleja hasta el Raval de Barcelona

Los «Raval Queens» son uno de los cuatro grupos que protagonizan «Reyes del barrio»
Los «Raval Queens» son uno de los cuatro grupos que protagonizan «Reyes del barrio» - CUATRO
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La noche de este pasado jueves se estrenó en Cuatro con un nada desdeñable 8,5% de share «Los reyes del barrio», un programa de gusto costumbrista que sigue los pasos de cuatro pandillas de amigos muy diferentes en lo monetario pero unidos en la estupidez. El canal de Mediaset, en su empeño por convertirse en el observatorio antropológico de la España millenial y siguiendo un riguroso método científico, ha concebido una taxonomía de cuatro grupos para explicar la estructura sociológica de nuestro país: los pijos «de toda la vida» (Barrio de Salamanca, Madrid), los pijos chonis o nuevos ricos (Urbanización de La Moraleja, también en la capital), los modernos del barcelonés barrio del Raval y los proletarios del barrio marginal de Burjassot, en Valencia.

«Cuatro formas de ver y afrontar la vida», se decía engañosamente en la publicidad del programa. Y es que en lo fundamental la forma de ver la vida de los cuatro grupos es idéntica, con ciertos matices en el caso de los valencianos, mucho más auténticos y naturales. Las aspiraciones de todos ellos son las mismas, aunque les diferencie la potencia financiera para alcanzarlas. Lanzar una línea de zapatos, una marca de productos cosméticos, convertirse en la chica de la portada de una revista o vivir de ser «instagramer» o «influencer» son los proyectos vitales de unos jóvenes caprichosos, egocéntricos y que se tienen a sí mismos por personas únicas e irrepetibles.

Como siempre sucede en televisión, es difícil saber con exactitud cuándo los reyes del barrio hablan espontáneamente y cuándo están leyendo el guion. Tampoco cuánto hay en sus palabras de bravuconería y cuánto de realidad: «Yo no salgo nunca del barrio de Salamanca, aquí tengo las mejores tiendas, los mejores restaurantes...Salgo de casa y tarjetazo pa'arriba, tarjetazo pa'abajo». Cada uno de los colectivos intenta, a su modo, desmentir los prejuicios que creen que la sociedad tiene sobre ellos. Así, la estudiante de «Fashion Business» en una universidad estadounidense aclara que «la gente se piensa que por ser de La Moraleja todo es más fácil para nosotras, y no es así».

En todo caso, el programa está enfocado para fomentar la aversión hacia sus protagonistas, pues habría que hacer verdaderos esfuerzos para sentir simpatía por alguno de ellos. Los jóvenes sobreactúan como si realmente quisiesen generar rechazo entre el público para resaltar su cinismo como marca de la casa que los vuelve originales. Es el caso de Duna, la joven barcelonesa de 27 años que se dedica día y noche a sacarse fotos para sus decenas de miles de seguidores en Instagram con la esperanza de hacerse rica y famosa algún día. Y mientras llega ese día, a finales de mes peregrina a casa de su madre para pedirle dinero con el que pagar el alquiler del piso del Raval en el que vive con sus amigos modernos y alternativos.

En el fondo todo el espíritu del programa y de sus personajes podría resumirse en esa escena y en las palabras de la «instagramer» a su madre: «Mamá, dame el dinero para el piso que algún día te devolveré treinta veces más y te pagaré un lifting». Veremos cuánto tardan en madurar Duna y sus compañeros.