«La casa de papel» no defrauda con un final tan deseado como políticamente incorrecto

El desenlace de la exitosa ficción de Atresmedia y Vancouver Media fascina a los espectadores, que deseaban más que los propios asaltantes el éxito del atraco

El Profesor sonríe tras el desenlace del atraco de «La casa de papel»
El Profesor sonríe tras el desenlace del atraco de «La casa de papel» - ATRESMEDIA
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[¡Cuidado! Este artículo contiene spoilers de «La casa de papel»]

Han pasado más de doce horas desde que llegase a su final el atraco de «La casa de papel», la exitosa ficción de Vancouver Media y Antena 3. Y su último episodio no deja, todavía a estas horas, de comentarse en las redes sociales. Señal inequívoca de que, en su única temporada –dividida en dos partes–, ha conquistado millones de corazones en toda España, que anoche quedaron atónitos ante la manera tan brillante en que su creador, Álex Pina, y su director, Jesús Colmenar, resolvieron la trama.

A lo largo de los últimos meses, la ficción ha sido acusada tener un desarrollo lento. Sin embargo, quizá en ello resida gran parte de su magia. Parece mucho más tiempo, pero lo cierto es que en los quince capítulos que ha tenido la serie solo transcurrieron 128 horas desde el asalto a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre hasta el final del atraco, que finalmente resultó un éxito. Un tiempo que, aunque no lo parezca, equivale a un total de poco más de cinco días.

En ese tiempo, los televidentes han asistido a un inusitado festival de acontecimientos. Entre otras muchas cosas, los romances entre dos de los secuestradores, Denver (Jaime Lorente) y Berlín (Pedro Alonso) con dos secuestradas: Mónica (Esther Acebo) y Ariadna (Clara Alvarado); la detención y posterior liberación de Tokio (Úrsula Corberó); o el quizá demasiado intenso idilio entre El Profesor (Álvaro Morte) y la inspectora al mando de desbaratar el atraco, Raquel Murillo (Itziar Ituño). Pero hubo muchas más cosas, como el accidente, el coma y la posterior recuperación del inspector Ángel Rubio (Fernando Soto), cuya actitud terminó siendo crucial para que los atacantes de «La casa de Papel» se salieran con la suya. También los incesantes intentos policiales por abatir a los secuestradores; o la tensión tan alta que, por momentos, se vivió entre la banda de El Profesor, todo un encantador de serpientes.

La empatía con los asaltantes

Es de valorar, en ese sentido, la habilidad que los creadores han tenido para hacer que la serie no sea tediosa, a pesar de que casi la totalidad de la ficción se desarrolle en un único escenario: la Fábrica nacional de Moneda y Timbre. Un detalle camuflado por la gran cantidad de tramas, impredecibles puntos de giro y la evolución e identidad de los personajes a lo largo de los quince capítulos.

Otro de los puntos fuertes de «La casa de papel» (más de lo que parece) es esa capacidad que ha tenido para conseguir que los espectadores empaticen tanto con los atracadores, logrando que los televidentes deseen más incluso que los propios secuestradores que el atraco resulte un éxito. Algo que no es nada sencillo de lograr, pero los seguidores de «La casa de papel» terminan yendo con los malos. También Raquel, que acaba de parte de los atracadores tras una discurso del profesor. «Te han enseñado en la vida a diferenciar entre buenos y malos. Sin embargo, esto que estamos haciendo lo han hecho también otras personas, bancos, y no ha pasado nada». Dio con la tecla.

Volviendo a la relación del espectador con los secuestradores, fue imposible no tensionarse con los continuos choques entre Berlín y Tokio; no derramar una lágrima con la muerte de Moscú (Paco Tous) en el penúltimo capítulo... y también, como no, evitar un fuerte hormigueo con la última escena en la que, en el episodio de ayer, se vio en acción a Berlín.

Berlín, el héroe inesperado

El líder del grupo desde dentro de la casa, y el hombre de mayor confianza de El Profesor, se convirtió en el auténtico héroe de la banda tras descubrir las intenciones reales de Ariadna. Al más puro estilo Bruce Willis en «Armageddon», decide sacrificar su vida para que sus compañeros consigan huir. Berlín, infinitamente repudiado tanto por secuestradores como por secuestrados, y enfrentado hasta la saciedad con Tokio, Río (Miguel Herrán) o Nairobi (Alba Flores) se convierte en el mayor símbolo de la resistencia. A pesar de los intentos de sus compañeros (en especial, de Nairobi y de El Profesor) para que abandone el búnker, decide quedarse a plantar cara a la Policía y renunciar a su vida para que sus compañeros se salven, y con ellos el botín.

La escena estremece aún más al contar con el «Bella Ciao» como banda sonora de fondo, la canción popular entonada por la resistencia italiana durante la Segunda Guerra Mundial para hacer frente a los fascismos de Mussolini y Hitler y que durante un capítulo interpretaron El Profesor y Berlín. En medio de todo ello, se desvela que ambos son hermanos. «¡Te quiero, hermanito», grita el segundo antes de morir.

Sin duda alguna, el sacrificio de Berlín fue uno de los momentos más emotivo de la serie, aunque la trama no terminó allí. Finalmente, los asaltantes se salieron con la suya, sin desvelarse qué fue de las vidas de cada uno tras el atraco. No se conoce cómo siguieron las relaciones entre Río y Tokio; o entre Denver y Mónica. Tampoco qué fue del bueno de Helsinki. Los creadores dejan esos deberes para la imaginación de la audiencia. Lo único que se descubre es que, justamente un año después del atraco, la inspectora va en busca de El Profesor y consigue encontrarle, siguiendo un mapa, en una idílica isla de Filipinas, Palawan. El instante del reencuentro, absolutamente reminiscente del de la primera vez que ambos hablaron, sirve para cerrar de la mejor manera posible el mayor atraco en la historia de la televisión española.

«Un antes y un después» en España

Aunque la producción dejó también muchos otros detalles. Por ejemplo, que el nombre real de Denver es el único de los de todos los asaltantes que la audiencia no conoce al final de la trama. De hecho, en el momento en que le desvela a Mónica su nombre real, se lo susurra al oído, de manera que los telespectadores terminan sin descubrirlo, en un claro guiño a los «macguffin» tan presentes en el cine de Alfred Hitchcock. En los créditos finales de la serie, donde se revelan los nombres de todos los asaltantes, el suyo aparece pixelado.

Antes de su estreno, se conocía que «La casa de papel» sería como una suerte de hermana pequeña de «Vis a vis», ficción también ideada por Alex Pina, creador de otros éxitos como «El Barco», «Los serrano» o «Los hombres de Paco». Con tantos buenos ingredientes, el resultado no podía ser distinto: un éxito que ha traspasado fronteras (ha llegado a casi 200 países de todo el mundo), con un desenlace fascinante (al que firma esto, no le gustaba tanto el final de una serie desde la primera temporada de «Westworld») y que, como dijo El Profesor en una entrevista con ABC, marcaría «un antes y un después» en la ficción española. Calidad y argumentos para ello tiene de sobra.

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